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XICóATL: Número 86
CONTENIDO:
JORGE ISAÍAS (1946, Los Quirquinchos, Santa Fe) ha publicado 30 libros de los cuales destaca en poesía: Oficios de Abdul (dos ediciones); Crónica Gringa (cinco ediciones); Poemas de amor (tres ediciones); Áspero cielo; Donde supura el aire. En prosa: El país de la infancia; La mano sobre el recuerdo; Como un caballo salido del mar; Futboleras y Las más rojas sandías del verano. Seleccionó y editó: Antología de los mejores cuentos del Litoral; Papeles inéditos de José Pedroni y Palabras a mi padre y a su digna herramienta. Sus poemas han sido traducidos al francés, inglés e italiano. Sus trabajos han sido incluídos en varias antologías nacionales y extranjeras. Desde 1990 colabora con el diario Rosario/12 y con numerosas publicaciones del país. Por su obra ha recibido numerosos premios nacionales. Dirigió la revista de poesía "La Cachimba", luego dirigió la editorial del mismo nombre. En 1990 fundó la Cooperativa Editorial Gauderio y tuvo a su cargo la dirección de la misma.
Dirección postal: Italia 749, dpto 4, (2000) Rosario, Santa Fe, Argentina. Correo electrónico: jisaias46@yahoo.com.ar
Onetti: la lección del maestro La obra del gran escritor Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909 - Madrid, 1994) estuvo signada por los desencuentros - el primero con la crítica ciega, y luego con el público que no estaba preparado para recibir una escritura de esa dimensión- que lo llevaron, pese a ser muy original, a los segundos premios donde se presentara. En 1939 a instancias de su amigo el poeta Juan Cunha que se improvisó su editor, apareció en Montevideo la primera edición de "El pozo", donde Eladio Linacero, personaje emblemático del sujeto urbano aplastado por la angustia y el anonimato, monologa sobre la sinrazón de la existencia. "La náusea", saldría varios años después, al fin de la guerra, es decir que Onetti pasó desapercibido porque simplemente vivía en el arrabal del mundo. Era latinoamericano. La patética suerte de este libro que debió modificar el mapa literario del Río de la Plata, quedó sujeto a la falta de interés ya que según Angel Rama, quien años después de su aparición lo reeditó, sostenía que aún quedaban (a 30 años de aquella edición secreta) paquetes de ejemplares de los 500 que se habían tirado. La tapa tenía la reproducción de un Picasso apócrifo y el papel interior era de estraza celeste. En estas costas reinaba Eduardo Mallea, de quien hoy nadie se acuerda, ni los distraídos profesores de literatura lo incluyen en sus programas. No mejor le fue con “La vida breve”, en 1950, ya viviendo en Buenos Aires. No tuvo casi comentarios, pasó desapercibida esta obra verdaderamente de vanguardia; seis años después le pasaría lo mismo a Antonio Di Benedetto con “Zama”, que son junto a “Los siete locos” las tres mejores novelas que se publicaron en la Argentina en el siglo XX, según Juan José Saer. Los “fracasos” no hicieron mella en la obcecación de Onetti. Siguió poniendo en palabras como nadie al ritmo de su respiración de fumador empedernido y de alcohólico contumaz, las insanias de este mundo absurdo. Su galería de putas y de borrachos, su “corte de los milagros” donde pululan los fracasados, los locos, los pirómanos, los proxenetas, los marginales que sólo en sus piadosas palabras tienen un destino, y los únicos seres que se salvan de su mundo atroz: los adolescentes, porque según sus palabras no han perdido aún la pureza que una vida de miserias les va a arrebatar seguramente en la primera de cambio. Huraño, cascarrabias y escéptico, pasó por este mundo escribiendo “por necesidad, para mí mismo, aunque supiera que nunca nadie me va a leer”, como dijo en uno de los pocos reportajes que concedió en su vida a la periodista uruguaya María Esther Giglio. La obscenidad, que es norte de la vida social de muchos escritores que sólo se empeñan en hablar mal de los colegas en público, como si eso les diera una pátina de genialidad, deberían seguir su ejemplo de ascetismo. Onetti, como su admirado maestro Faulkner, dejó una larga estela de escritores que sin su obra no hubieran existido. Lo diré sin más vueltas: dejó un montón de discípulos, que aprendieron a escribir gracias a él. Algunos se lo han agradecido (Carlos Fuentes, García Márquez, Vargas Llosa, Saer) y otros se lo guardan y lo niegan si se les pregunta, pero no llegan lejos con su mentira. Eso se percibe fácilmente al leerlos. Pareciera que son “guachos”, como se les dice en el campo a los huérfanos, a los que no tienen padre conocido, a los “hijos de la nada”. Suponen que el mundo los estuvo esperando para comenzar su marcha, son sus modestos aportes a este mundo de miserias. Allá ellos. Lo cierto es que Onetti nos dejó un puñado considerable de cuentos y por lo menos cuatro novelas que son obras maestras del género: “La vida breve”,”El astillero”,”Los adioses” y “Juntacadáveres”. El “Juntacadáveres” Larsen o simplemente “El Junta”, quien ya había ido apareciendo en novelas anteriores y que en “El Astillero” había sido personaje principal, pero es en “Juntacadáveres” donde hace su aparición que es toda una sinfonía: el sueño de un prostíbulo perfecto. ¿Acaso “el astrólogo” no pensaba lo mismo en la saga arltiana para financiar “su” revolución. ”Juntacadáveres” se instala en la ciudad de Santa María, la ciudad inventada por Juan María Brausen en “La Vida breve” y trata de poner en práctica su plan, elaborado minuciosamente, ya abonado por fracasos anteriores pero se debe enfrentar con el doctor Díaz Grey (otro emblemático personaje onettiano, quien representa las fuerzas vivas de la ciudad. Hay un diálogo entre ambos que no tiene desperdicio. Allí Juntacadáveres intenta convencer al médico que ellos tiene vocaciones diferentes, pero una misma pasión. Cierta vez se le preguntó a Onetti sobre el origen de este personaje. Y él contó que trabajando para la empresa Reuter en Buenos Aires, una madrugada asomó por la puerta de un bar un sujeto que llamó su atención. Al inquirir por él, le dijeron: ”Ah, es el Junta. Le dicen Juntacadáveres porque se dedica a coleccionar prostitutas viejas”. Fue suficiente para construir después uno de sus personajes más entrañables, aún en su miseria final y su abyección. En su magistral cuento “El posible Baldi”, afirma que somos responsables de una lenta vida idiota. ”Porque el doctor Baldi - dice el narrador - no fue capaz de saltar un día sobre la cubierta de una barcaza, pesada de bolsas o maderas. No se había animado a aceptar que la vida es otra cosa, que no puede hacerse en compañía de mujeres fieles ni de hombres sensatos”. Una vez le preguntaron por qué sólo salvaba a los adolescentes en sus libros. “Porque al ser humano lo destruyen la política y el matrimonio”, contestó. Él, que se casó cuatro veces. Entre las cosas absurdas de un continente sumido en la represión que orquestaron sus propios Estados contra los pueblos está la dolorosa anécdota que llevó a Onetti a la cárcel por haber participado como jurado en un concurso de la mítica revista “Marcha” y haber premiado un cuento de Nelson Marra donde el personaje era un represor/torturador. Marra estuvo 5 años preso en una cárcel para detenidos de extrema peligrosidad. Onetti, Mercedes Rein, miembros del jurado, seis meses, junto a Carlos Quijano y Hugo Alfaro, director y Jefe de redacción respectivamente de esa publicación donde Onetti había sido su primer secretario en l939. Esto de las detenciones fue en gobierno de Bordabberry, quien disolvió el Congreso y gobernaba con una junta militar. Corría el año 1974. Cuando lo dejaron libre se cruzó a Buenos Aires con una valija de libros, allí tomó un avión para ir a Madrid donde se lo había invitado para participar como jurado en la editorial Seix Barral. Su última esposa, la argentina Dorotea Muhr lo siguió. Estando privado de la libertad pidieron por él todos los intelectuales dignos de Europa y Latinoamérica. Empezando por Jean Paul Sartre. Nunca volvieron de allí, ni cuando el presidente Sanguinetti, elegido democráticamente, lo invitó telefónicamente. - Gracias, pero no sé qué volvería a hacer yo allí -, contestó eludiendo el convite. Pasó sus últimos años escribiendo cuatro novelas más y algunos cuentos, se empezó a reeditar parte de su obra en España y otros países de Europa, pero él siguió acostado en su cama tomando whisky, fumando varios paquetes de cigarrillos y leyendo interminables novelas policiales. Sin dar ningún reportaje. Había mandado a hacer un cartel que pegó con una chinche en la puerta con la leyenda que decía: “Onetti no está”. Los curiosos o pacientes que lo buscaban infructuosamente se encontraban con el cartel ... y el ruido del violín que producían los ensayos de su esposa que era música. Cuando le concedieron el Premio Cervantes (máximo galardón literario en lengua española), nunca tan bien otorgado, valga apuntar, agradeció al rey con un discurso donde aclaraba que él en la vida siempre había pagado “no placé” y cuando ya no esperaba nada le caía esta distinción. Al ser requerido por el periodismo de todo el mundo, un periodista español le preguntó qué significaba el premio para él. - “Ciento diecisiete mil dólares” -, contestó lacónico. Al periodismo hispano no le cayó muy bien su respuesta. Se olvidaba que él era Juan Carlos Onetti, un verdadero duro hasta el fin. Jorge ISAÍAS Rosario - ARGENTINA
AMELIA ARELLANO nació y vive en San Luis, Argentina. Es psicóloga clínica y psicóloga Social, exdocente en la Escuela de Psicología Social de Mendoza. Colabora con artículos de crítica social y cultural en periódicos locales y nacionales. Asimismo con distintas página Web.Ha publicado cuentos, ensayos y poemas. Socia Fundadora del movimiento artístico y literario”Poetas del Exilio”. Ha ganado premios y distinciones nacionales y provinciales e internacionales. Se identifica con los movimientos de reivindicación de las culturas populares y con las luchas de género. Cree que el rol del escritor debe ser dinámico y comprometido.
Dirección postal: Pringles 1537, (5700) San Luis, Argentina. Correo electrónico: arellano.amelia@yahoo.com.ar
LOS SIN NOMBRE Esta historia es real. Se han añadido recursos literarios pero los personajes existieron en un pueblo del interior de la provincia, el lugar físico aún existe, no así los personajes del relato, cuyo acontecer se dio en la década del 50. En el lugar se la conocía como la Chumbita, nadie sabía si ese era su nombre, apelativo o apellido. Jamás iba al pueblo, ni a comprar, ni a la iglesia. Ni al cementerio. No compartía estas tareas propias de la cotidianidad de los lugareños. Tampoco cumplía con las obligaciones cívicas. Vivía en el centro de una manzana, que tenía acceso por dos calles perpendiculares. Había que atravesar un largo sendero, entre una gran arboleda, para acceder a la vivienda. Nunca se supo quién era el propietario de esa tierras casa era un amplio rancho de “chorizo” sin ventanas, con techo de paja y piso de tierra. Lo compartía con el “Mataco“, a quién llamaba su hijo. La Chumbita alguna vez debió ser moza, aun conservaba su mirada bravía que ni siquiera el tiempo pudo modificar. Su piel morena, semejaba la tierra, con pliegues encontrados y profundos surcos de vida; su pelo quizás fuese blanco pero posiblemente el humo del fogón, sumado al de su infaltable cigarro hacían de sus largas trenzas dos cascadas de pajas, con desprolijos destellos dorados y grises. Era alta y delgada, con una leve curvatura en su espalda. Su nariz era aguileña, con numerosos puntitos negros. Nunca reía. Su voz, de timbre muy grave; no derrochaba palabras; parca y precisa al hablar; producto del monte la Chumbita. Caminaba con energía pese a sus largas faldas que llegaban al piso. Cuándo el sol apretaba solía cubrir su cabeza con un pañuelo, de un dudoso color grisáceo con las puntas atadas por detrás que remataba en un moño tipo vincha en la parte superior de su frente. No se le conoció marido ni hombre alguno en su juventud. Su única compañía era el Mataco. El Mataco, de cabeza motosa, muy morocho, de nariz aplastada y boca grande tenía el sello inconfundible de los negros. El prejuicio racial, que no por oculto era menos eficaz, había condensado en él, el arquetipo de una clase social. Vago, borracho y pendenciero. Tampoco se le conocía su verdadero nombre. Le llamaban el Mataco. No en alusión a los aborígenes de ese nombre, sino al mamífero de cabeza pequeña. Hocico puntiagudo y lomo cubierto de escamas corneas, tal como las manos y los pies del hombre. Pero la agudeza de observación que tiene la gente de campo para los apelativos se refería a que cuando el Mataco se enojaba, al igual que su homónimo, se encerraba en su caparazón, formando una estructura impenetrable. Cuando estaba borracho su vozarrón, hablando o gritando se oía desde lejos; en cambio cuando estaba enojado caminaba en silencio, tomando una actitud corporal rígida. La Chumbita tampoco era fácil de penetrar. Parecía estar siempre a la defensiva, con la única que se entregaba era con la maestra del pueblo. Ambos le llamaban “madrina” y era la única que sabía su verdadero nombre. Tenía nombre de flor. Conjugación de blanco y amarillo. De inocencia y trasgresión. La Chumbita vivía del producto de sus colmenas, rusticas cajas construidas por tablas unidas desprolijamente. Al igual que las abejas podía esperarse de ella la sabrosa miel o el afilado aguijón. En el pueblo se comentaba que debido a sus “poderes” tenía hechizadas a las abejas, porque éstas atacaban implacable a cualquiera que se acercase a las cajas; en cambio con ella eran mansas y de lejos podía observarse como ascendían por sus brazos, por el rostro y se posaban en la amarillenta cabeza de la Chumbita. También se decía que en noches de luna llena, en el rancho se escuchaban llanto de niños, cacareos de gallinas, música y risas. Jamás aceptó nada de los políticos, del cura o de la escuela. La maestra cuándo iba a visitarla no iba en representación de la escuela. Intercambiaban productos, tácitamente. Azúcar, yerba, fideos, arroz; miel, arrope, frutos diversos. Además del mate con menta dentro del oscuro rancho, compartían la soledad. La Chumbita se sentaba en el único banco de la habitación, la maestra en la cama, improvisado nido de las gallinas, por lo cual no era raro encontrar algún huevo en ella. El banco alargado, llamado “escaño” y una rústica, pero firme mesa completaban el mobiliario de la “pieza”. También había un fogón con ladrillos pegados con barro y atravesados por dos hierros paralelos. En él siempre ardía el fuego de los leños que traía la Chumbita del monte. Una olla negra de “fierro” de tres patas y una pava, siempre humeante, siempre estaban en el fogón. En la pared del lado colgado de soportes de hierro se observaban una espumadera enlozada y un abollado cucharón de aluminio. De un tarro de hierba, con la figura de Napoleón Bonaparte sobresalían algunos cubiertos color bronce. El hollín del techo, las telas de araña y la humedad formaban colgajos semejantes a estalactitas negras. Parecía que a su modo era feliz. La Chumbita elegía el uso de su tiempo. Su trabajo no dependía de horarios sino que estaba determinado por los ciclos naturales: época de riego, de floración, de recolección de frutos y de miel. Tiempo de “echar” las gallinas. De hacer dulce o arrope de miel o de chañar. De hacer jaleas de higos chumbos. En invierno los espinillos que rodeaban el rancho, volvían a florecer cuando la Chumbita ensartaba en las espinas biscochos “blanqueados” para que se secaran en ellas. También, parece ser, que en el amor eligió la Chumbita. Él, era un anciano de mediana estatura, delgado, de expresión afable. Seguido por los niños, siempre repartía caramelos y unas galletitas con formas de animales, con delicioso sabor a infancia … y a moho. Caminaba lento, con dificultad, debido a que el tiempo o los azares déla vida le inmovilizaron una pierna, se ayudaba con un bastón Cubría su escaso cabello cano, mas largo que la usanza actual, con un sombrero de paja .Hombre importante en el pueblo, había sido representante del poder público. Tenía una enorme biblioteca de color oscuro, con complejas figuras talladas en madera. Era el poeta del pueblo. Su letra legible, parecía dibujada. Escribía con una lapicera de “pluma de acero” y tenía una firma con una rúbrica complejísima. Semejaba la figura del número ocho, recostado y con líneas curvas repetidas cuatro veces. Era casado y tenía tres hijos, un hijo varón que vivía en el campo y dos mujeres con sus respectivas familias. Los acompañaba en la casa una joven a quién le llamaban sobrina y que llevaba el apellido de él. Su mujer no salía mucho, salvo al cementerio y a la iglesia en donde se hacía llevar una silla de su propiedad para sentarse. Su expresión era hosca y solía reprender a los niños cuando en la iglesia se movían o hablaban. Todas las tardes, invierno o verano, con frío o con calor, con sequía o con lluvia, él iba a visitarla. La Chumbita salía a recibirlo, lo ayudaba a pasar el endeble pasadizo de la acequia y tomados de las manos se dirigían al rancho. A veces, compartían el mate, levantaban los huevos de las ponedoras y cuando florecían los almendros paseaban por el huerto o recolectaban los frutos de la estación .Luego compartían un universo solo accesible para ellos. Dentro del rancho, la luz del fuego y del mechero a kerosene alumbraban la penumbra en movimiento. Cerca de medianoche, realizaban la ceremonia de la tarde pero a la inversa, tomados de la mano, salían del rancho, la Chumbita le ayudaba a cruzar la acequia y cada cual tomaba el rumbo que la vida les había asignado. Los niños a los cuales el poeta les ofrecía caramelos se hicieron adolescentes, tomando distintos rumbos, a estudiar, a trabajar, a la ciudad, al campo. Otros niños tomaron su lugar. Lo que no cambió fue el ritual de enamorados, era natural verlo pasar, ir y venir. Una tarde el poeta no fue. La Chumbita supo cuando repicaron las campanas de la iglesia, que lloraban por ella. No duró mucho La Chumbita. Esta vez las campanas no sonaron. Una noche, cualquier noche de luna llena, el Mataco, tirado a la orilla de la acequia, no supo si fue producto de su borrachera o realmente sucedió, en el huerto de los almendros un rayo de luz bajó raudo y se encontró con un cono de sombras, se produjo un estallido que iluminó la noche, el Mataco salió de su armadura y por primera vez lloró. Los sollozos roncos resonaban en la noche serena. Se hizo una improvisada señal de la cruz e ingresó al rancho. Un niño lloraba y las gallinas cacareaban. En el cementerio del pueblo hay una lápida de mármol blanco con los nombres de la familia del poeta. De la Chumbita no se observa ninguna inscripción, ni siquiera en las toscas cruces de madera enterradas en la tierra. Los almendros del huerto siguen floreciendo en cada primavera. Amelia Arellano San Luis - ARGENTINA
JOAN MATEU i MARTI nació en Cassa de la Selva (Girona) Catalunya. Su Abuela, "L'avia Gracieta" le enseñó a amar. Su Abuelo, el "Avi Pitu", le enseñó a ser niño. León, un pescador, le enseñó la mar. Su padre le enseñó a vivir. Nadie le enseñó a escribir, pero él lo sigue intentando...
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VENTA DE CASTILLOS La moda de comprar castillos en Europa y trasladarlos piedra a piedra a Estados Unidos ha llegado a los países del Golfo. No es de extrañar que las grandes fortunas en petrodólares se apuntaran a esta fórmula y el tener un castillo en una duna del desierto es ahora un símbolo de riqueza, poder y cultura. Los precios que se pagan ahora por estos castillos son mucho mayores que cuando empezó la moda, por ello, los actuales compradores exigen que en el traslado no se extravíe nada, controlando hasta el menor detalle el inventario realizado en el mismo día de la compra. A tal efecto, han creado unos controladores a los que llaman jocosamente "Controleitors" para tener la seguridad en el traslado. Únicamente cuando estos "Controleitors" han estampado su firma en el documento de inventarios, certificando que se ha trasladado todo lo comprado, se libera el restante 80 % del pago, congelado en un banco suizo como garantía. Aún y así hay casos en los que se presta a discusión, como el traslado del mes pasado del castillo de Plumkier en la Renania, que al inventariar en la llegada los "Controleitors" congelaron el pago ante la falta de tres fantasmas que sí constaban en el inventario inicial. CENICIENTA Cenicienta fue multada por dejar cristales en la escalera y calabazas en la calle. Se la tachó de incívica por no reciclar y de impuntual, pero lo que nadie le perdonó es que cambiara los delicados zapatos de cristal por unas deportivas Nike. A ella, eso no le importó porque cobró un porcentaje sobre las ventas. EL TRAMPANTOJO Alquilé una casa para el verano con dos plantas y unos metros de jardín. La planta baja con cocina, baño y salón era perfecta; además con el buen tiempo agrandabas la casa usando el porche. El piso de arriba, con tres habitaciones y dos baños, también cubría nuestras necesidades. De la habitación principal salía una escalera que debería ir al desván, aunque la casa vista desde fuera no parecía tenerlo. Subí por ésta escalera y me encontré con una puerta que intenté abrir inútilmente, pero me fue imposible porque no tenía picaporte. Observando más detenidamente me di cuenta de que se trataba de un trampantojo muy bien pintado ya que parecía que la puerta era real. Durante unos días no paró de crecer en mí la curiosidad por saber qué había tras la puerta, y como podía conseguir averiguarlo, acabó siendo una obsesión. Finalmente me pinté en la puerta mirando para adentro. LA NIÑA Y LA FLOR La niña, con una melena rojiza llena de rizos que contrastaba con el verde del campo, paseaba con su fiel Sultán. Mientras el perro olisqueaba todos los matorrales, la niña descubrió una amapola temprana que asomaba por encima del trigo verde. Su primer impulso fue cortarla pero lo pensó mejor y se sentó a su lado. Acercó su naricita para olerla. La flor, aunque un poco asustada por la presencia de la niña, no se apartó. Tampoco hizo nada cuando la niña acarició sus pétalos. Con una sonrisa, la niña le sopló hacia un lado haciendo que la amapola se meciera al impulso del aire. La flor estaba encantada con el juego de la niña. Con delicadeza la niña le pasó por los pétalos los deditos, acariciándola, mimándola. La flor pensó: "Me encanta conocer otras flores" LA MANZANA Guillermo apunta aguantando la respiración. Suavemente suelta la cuerda del arco para que la flecha se clave en la manzana que sostiene su hijo sobre la cabeza. El menor de los Tell, con los ojos cerrados y la espalda pegada al árbol, espera que su padre no falle. La manzana, atravesada por el dardo, queda clavada en el árbol y no cae al suelo, por lo que Guillermo no puede formular la ley de la gravedad, teniendo que ser Newton quien lo haga dos siglos más tarde. HORÓSCOPOS En Rouen, en la Normandía francesa, el 18 de Mayo de 1847 nace, de padres campesinos, Charles Perigot Damûet que después de una juventud llena de privaciones decide trasladarse a París con la idea de buscar fortuna. En la misma fecha, en Kuala Lumpur, capital de Malasia una joven de la aristocrática familia Yap da a luz un varón al pone de nombre Woti que es educado en las mejores escuelas del país y al cabo de los años se traslada a Paris a completar su formación. En verano 1869 Mademoiselle Fournarin, trabaja como camarera en una fonda de la Rue Rivoli donde acaba de incorporarse un normando llamado Perigot por el que se ha sentido atraída desde el primer instante. Fournarin, mujer de fuerte formación religiosa, se sorprende a si misma al responder a las insinuaciones de un varón cetrino de nombre Woti que cada tarde repasa sus libros en la mesita del rincón. Ambas relaciones crecen paralelamente en el corazón de la doncella, hasta el momento en que los dos galanes descubren el doble juego de la dama lo que les lleva a batirse en duelo en las inmediaciones del Bois de Bologne. Únicamente Woti sale indemne del duelo y la muerte de Perigot cae como una losa de culpabilidad sobre el corazón de la joven. En el entierro descubre la coincidencia en las fechas de nacimiento de ambos y se pregunta porque dos personas con el mismo horóscopo han tenido destinos tan dispares. Uno consiguió el amor y el otro la muerte. Decide no creer en el destino que marcan los astros, pero después de meditarlo detenidamente admite que puede que no haya error, porque quizás el amor y la muerte sean lo mismo. LA BELLA DURMIENTE El príncipe, consternado, volvió a besarla en los labios por enésima vez, pero la Bella Durmiente, ninfómana, disimulaba como si no estuviera despierta. PESADILLA Estaba en el Circo Plumkier, dentro de una jaula con 10 tigres que se acercaban y tuve que saltar la reja de la jaula para escapar. La desgracia fue caer en el recinto de los cocodrilos. Inmediatamente dos de ellos, enormes y con la fauces muy abiertas, se lanzaron sobre mi con ánimo de comerme. Me zafé del primero mediante un escorzo y del segundo lanzándome al agua. Lamentablemente en el agua estaban los otros tres compañeros que al verme chapotear, nadaron hacia a mí a toda velocidad. Tuve la suerte de poder agarrarme al trapecio y salir volando por los aires. Dando una pirueta extraña uno de mis pies quedó enrollado en la cuerda y caí a plomo desde una altura de 15 metros; reboté en la cama elástica y caí dentro del carromato de los osos. Un oso enorme y peludo se acercó a mí con la fauces abiertas y moviendo las zarpas en actitud agresiva. Parecía enloquecido y rabioso. En todo este tiempo puedo asegurar que no sentí miedo. Cuando realmente me aterroricé fue al despertar y darme cuenta de que la pesadilla había acabado. A partir de ahí debía enfrentarme con el mundo real. Joan MATEU i MARTI Barcelona - ESPAÑA
BLANCA HELENA MUÑOZ DE ESCOBAR nació en Pereira (Colombia), se educó en Manizales y reside en Cali desde hace 30 años. Es licenciada en Artes de la Universidad Católica de Manizales y fue profesora universitaria de Historia del Arte, Teoría del Color y Perspectiva en la misma universidad. Es miembro del grupo poético “La Fuerza de la Palabra” y miembro del “Comité de Veeduría” del patrimonio cultural e histórico de Cali. Ha grabado un CD con sus poemas “A LA VERA DE TU AROMA” con fondo musical de Juán Nicolás Estela. Tiene preparado para editar dos libros “ESPUMAS DE ALGODÓN” y “BOMBÓN Y CHOCOLATE”. Dirección postal: Calle 10 A • #125-71, Cali, Colombia
Información en internet: El palabreo: 22-ene-2009 Correo electrónico: blancahelena@telesat.com.co
TERCERO Esta noche no cambia su rumbo. Engarzada en la duda, ante la mirada de la lechuza en el árbol desnudo, tal vez en la mañana pueda enredar a mi piel tu ropaje sin palabras. QUINCE En el tiempo de la espera: la gata lame su cola descolgada en la niebla; los anillos cascabel dan brillo a la luciérnaga y al cocuyo; en el carnaval de hojas y de lunas, la noche acecha al jaguar en tanto, mi corazón abre una puerta al misterio y a la fábula. VEINTE Levanta la palabra inconclusa. Escucha el lamento, simula la voz del alfabeto y grita el regreso en los confines del verso. Su ruta es la penumbra de escribir en el silencio y la muerte es el azote en las páginas sin epígrafe, en el vuelo de una perdiz oculta en la arboleda. DUENDE Si el duende no dejara su estela de luz en la penumbra, nadie entendería mi viaje a la nostalgia. Más sé que caerá la noche sin recuerdo presente y silbará la mañana de nuevo una canción al olvido. Blanca Helena MUÑOZ de ESCOBAR Cali - COLOMBIA
WOLFGANG KAUER nació en Linz an der Donau en 1957. Trabaja como escritor, pintor y es profesor de alemán, geografía/economía y artes en una escuela de enseñanza media. Es organizador del ciclo de lecturas „Viernes literario en el arrabal“ y miembro de la Asociación de Escritores de Salzburgo. En 1980 trabajó como reportero cultural para el ORF (Inst. de radio y tv de Austria) y entre 1989-1999 como periodista para los diarios Salzburger Nachrichten y Der Standard, entre otros. Profesor adjunto de fonética en la Linzer Bruckner-Universität.
Libros publicados: DIE DONAU HINAUF. Prosa disfrazada. Linz. Cultura. Textos 1996. NACHTSEITE. Prosa corta. Arovell, Salzburgo/Viena, Mayo de 2007. AZUR-FENSTER. Prosa y poesía. Arovell, Salzburgo/Viena, Mayo de 2008.
Correo electrónico: kauer@utanet.at
ES COMO Desde muy lejos regresar al hogar, aunque uno nunca se ha ausentado, retornar al propio idioma, en las cuatro paredes propias. Llorar interiormente, que las muchas vivencias importantes nada actual traen consigo, que todas las intimidades, todo sentir-juntos, todo pensar-al-mismo-tiempo se deben contener, que para el común código-cariño no existe más un destinatario. Y, sin embargo, queda una alegría por el regreso al idioma innato, a las tradiciones y rituales del país innato, a la gente de la propia etnia. La vida será más fácil. Pero se ha dejado atrás algo de sí mismo. Se nota cuando la gente de casa pregona algo malo, degradado, injusto, sobre la gente de la otra patria, entonces se le odia por ello, se está por la etnia de la segunda patria aunque ella parece estar inalcanzablemente lejos, bien porque el dinero no alcanza o porque el buen sentido parece así ordenarlo. Ha perdido las raíces, dicen a la ligera y con ello piensan que se intenta defender si bien esto parece ser inútil. Se hace ésto solamente por una, por aquella que de nuevo ha retrocedido, a las filas de su pueblo, se hace ésto por la memoria de ella. Un matrimonio temporal, dicen insensiblemente, algo que no puedo sacar de mi corazón. NUEVO COMIENZO El pájaro En la mano, el manillar de la bicicleta en el brazo, el péndulo a la espalda, así el partió... y dejó la relación detrás de sí. DIALÉCTICA DEL SALUDO Al principio saludaban, porque uno se estableció allí. Más tarde no saludaron más, porque uno no les compró a ellos. Hoy saludan de nuevo, porque uno quiere vender. Al principio saludaban, porque todavía no habían hablado con uno. Más tarde no saludaron más, por no hablar uno con el vecino. Hoy saludan de nuevo, porque uno no habla más con nadie. Al principio saludaban, porque uno emprendió una iniciativa en su favor. Más tarde no saludaron más, porque ellos se dejaron comprar. Hoy saludan de nuevo, porque la iniciativa pasó desapercibida. Al principio saludaban, porque uno era nuevo en el grupo. Más tarde saludaron más, porque uno tenía ideas. Hoy saludan de nuevo, porque uno ha encontrado otro puesto de trabajo. Al principio saludaban, porque habían escuchado rumores sobre uno. Más tarde no saludaron más, porque aquellos resultaron falsos. Hoy saludan de nuevo, porque ellos mismos inventan rumores sobre uno. Al principio saludaban, porque no lo conocían a uno. Más tarde no saludaron más, porque creyeron conocerlo a uno. Hoy saludan de nuevo, porque a uno no lo quieren conocer más. Al principio saludaban, porque inventaron un papel para uno. Más tarde no saludaron más, porque uno no quiso asumir ese papel. Hoy saludan de nuevo, porque uno participa en el papel que te conceden. Al principio saludaba, porque quería ser amistoso. Más tarde uno no saludó más, porque uno sentía repugnancia. Hoy saluda de nuevo, ¡porque es un loco! AL ARCA CON ELLO Salva tu semillas, hombre, toma un poco de los piñones, de los cipreses, ¡asegura la sobrevivencia de la piña como también la de la uva y los melones! Salva los bancos de semillas, hombre, antes de que la cuneta se hunda, y entierre tus tarros de aceitunas para siempre! Salva tus semillas, hombre, y … ¡salva la crítica! Wolfgang KAUER Salzburgo
Traducción: Walkala