XICóATL 84

XICöATL

XICóATL: Número 84

XICóATL No 84, Julio/Septiembre 2008
XICöATL 84

CONTENIDO:

  • Concurso: 3. Concurso de Composición XICóATL "Estrella Errante"
  • Poemario: Poemas. Marcelo Marcolín
  • Ensayo: La sicaresca como una de las bellas artes. Guadi Calvo
  • Narrativa:Crónicas. Mónica Russomanno
  • Austria: Poemas. Gerda Steingruber-Schaffler

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Concurso

 

3. Concurso de Composición XICóATL "Estrella Errante"

BASES DEL CONCURSO:

ÁREAS:
a. Composición para piano solo
b. Composición para piano y electrónica
c. Composición para piano y trío de cuerdas

" Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009.

" En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición.

INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente.

TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental.

DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos.

ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.

ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.

Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@yahoo.de . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.

Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.

Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.

PREMIOS:

1. PREMIO: 1.500 Euros
2. PREMIO: 1.000 Euros
3. PREMIO: 500 Euros

* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.

* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).

Remitir las copias y anexos solicitados a:

CONCURSO XICóATL
Schießstattstr. 44/9
A-5020 Salzburg
- AUSTRIA -
o a:
euroyage@yahoo.de

más informaciones encontrará en: www.euroyage.com

EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:

KLAUS AGER (AUSTRIA)
JORGE ANTUNES (BRASIL)
JORGE ROTTER (ARGENTINA)
ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)

El 3. Concurso de Composición XICóATL "Estrella Errante" es posible gracias al auxilio de:
" El Gobierno del Estado de Salzburgo
" La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo
" La Asociación Música en el Museo (MiM)
" La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE

Poemario

Marcelo Marcolín

Poemas - Marcelo Marcolín

Marcelo Marcolín nació en Buenos Aires en 1957. Fue miembro activo de llamada Generación Subterránea que dio su batalla literaria en los años de la dictadura militar sobretodo. Fue y es editor independiente. Dirigió revistas de poesía y culturales, colaboró en medios gráficos y radiales. Ha leído sus poemas en su país y en el exterior. Obtuvo premios en su país por su labor literaria. Ha participado en numerosas antologías. Publicaciones: Breves, La primera letra, El fantasma y los otros, La coronación del príncipe mudo, Matecocido, Angeles Clandestinos y Siestas de Wincofón. Actualmente es parte del movimiento literario Isabel Pallamay y co-dirige la revista El pez en el Cielo.

Poemas

ESTRELLA DE SAL

Hemos viajado un largo periplo hacia las fronteras interminables
con la tormenta sacudiendo las almas perpetradas de inocencia
regresando a los sitios de la locura para descifrar el mal de los santos espíritus.
Hemos girado la cabeza ante las vírgenes paganas de la tradición concebida
bajando sus látigos negros desde la sangre alucinatoria hasta los senos del abismo interior.
Has girado la cabeza desde el pubis hasta el eco elevado en su sexo de ardor,
Has visto en la multitud de las gasas la lógica visión del ultimo guerrero de las sombras.
No podremos volver hasta sus calles en agosto
Simulando el vuelo de los dioses erguidos
No podremos vaciar la sed en la boca sobre la boca del imperfecto amor adolescente.
Volverás a tu cama a repasar los días y las horas
A escribir la bitácora de la fantasía en las llamas del encuentro.
Volverás hasta el signo sangrado en su extenso periplo por Kléber hasta el Sena
y retornará el sabor de los dragones sobre el cuerpo extasiado de tanta primavera
entonces diremos que hemos sido los últimos náufragos en los territorios de sal
y abrazaremos en la salvedad de las almas la inquietante estrella gitana:
Púrpura de dolor y pasión.


MONTEVIDEO

Hacía qué puerto huyen mis palabras perdidas en tus costas de piedras y sueños
hacia dónde concurren mis amores imposibles con música de ayer
y los músculos de la poesía etérea enloqueciendo sobre la tarde de azul
En qué lugar de tu cuerpo encontraré el verbo perdido de mi generación
por qué debo morir cada noche empapado de tus lágrimas y tan lejos de vos
en qué patio y de qué abuela olvidé el malvón y el rostro de la luna de febrero
sobre qué territorios escribiré aquella canción de carnaval que nunca imaginé
y a qué laberintos concurro para poder discutir una porción de cariño
después de temblar insolente con la borrachera discutiendo el amanecer.
Necesito tu sitio embanderado de colores fugaces y santos
tu entraña que ilusiona hijos para una nueva tormenta de dardos y ojos marrones,
tu enloquecido sexo que deambula con mi nombre olvidado en tus avenidas.

Y yo regreso y vuelvo a partir de tus perfumes y tus marcas,
me escapo de lo que deseo y vuelvo a llorar mis derrotas
sin embargo encuentro tus tatuajes más sabrosos
cuando abro mi cuerpo y apareces vestida con tu fina ropa blanca.


DIOS ES UNA MUJER VESTIDA DE ROJO

Entra y sale de aquí para allá
viste de rojo
y en las mejores ocasiones de negro.
Abre puertas y enciende la música,
acerca sus ojos y golpea las puertas del hades.
Me he dado cuenta amigo
que dios es una mujer.
Corre las cortinas y contempla el sol,
danza entre los sueños y regresa por la calle principal,
dios es una mujer habitada de estrellas,
dios es una mujer de ojos oscuros y piernas largas
bajando desde la luna
hasta los rumores de mi habitación.
Dios tiene dedos que te excitan:
te recorre con su lengua para satisfacción de mis ansias,
regresa a sus lugares que nunca pude llegar,
guarda sus papeles y sus secretos,
atraviesa las paredes y los tiempos
sabe de guerras y sus contratiempos,
de hamburguesas y de los siete mares,
descansa los lunes y bebe cerveza.
Muchas veces despierta en las noches pensando en la muerte
y otras desvela a los hombres devorándolos con sus fuegos.
Yo le rezo despacio junto a mi hoguera
y espero su boca de agua ahogándome de amor por las mañanas.

Dirección: Azcuénaga 1948, PB Dto. 2, (1878) Quilmes - Buenos Aires - ARGENTINA
E-Mail
: marcelomarcolin@aol.com

Ensayo 
Guadi Calvo

La sicaresca como una de las bellas artes - Guadi Calvo

Guadi Calvo nació en Buenos Aires en 1955 y es escritor y periodista. Ejerció profesionalmente la fotografía durante diez años y hace más de quince la abandonó, para dedicarse de lleno a la literatura. Realiza y coordina talleres literarios y seminarios. Ha publicado El Guerrero y el Espejo (1990) y Señal de Ausencia, (1993). Ejerce la crítica cinematográfica en diferentes medios de Argentina y Latinoamérica.

La sicaresca como una de las bellas artes

Y así le comencé a servir y adiestrar a mi nuevo y viejo amo.
El Lazarillo de Tormes, Anónimo.

Aquí no hay inocentes, todos son culpables.
La virgen de los sicarios. Fernando Vallejo

Decile a ese hijoeputa que ya está oliendo a formol.
Rosario Tijeras. Jorge Francio Ramos

La moto roja a ritmo de vértigo eludió un para de autos y se aproximó peligrosamente al blanco Mer-cedes Benz. Iván Darío Guisao Álvarez, un adolescente antioqueño disparó los veinticinco tiros de su ametralladora Ingram calibre 45, contra la luneta trasera del auto.
Unos metros más adelante el joven resultaría muerto mediante un golpe de su cabeza contra el asfalto, al perder el equilibrio y caer cuando intentaba disuadir a quienes los perseguían con una granada de fragmentación. La moto la conducía su parcero, otro adolescente también paisa, Byron de Jesús Arenas.
Aquel anochecer del lunes treinta de abril de 1984, en el elegante norte bogotano se acababa de asesi-nar, con siete, de aquellos veinticinco balazos, al Ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, nombrado por el presidente Belisario Betancur nueve meses antes. Lara Bonilla, en desigual batalla, luchaba contra los grandes carteles de la droga.

Iván Darío Guisao Álvarez nunca supo las consecuencia de su acción: había asesinado, por primera vez en la violenta historia colombiana, a un ministro. Ese hecho obligó al presidente Betancur a esforzarse seriamente en la cruzada contra "Los jinetes de la Cocaína", que finalmente se batirían en una patética y poco honorable retirada. Esto lo evidencia la foto del 2 de diciembre de 1993, donde el otrora todo-poderoso Pablo Escobar Gaviria aparece acribillado sobre un humilde tejado, con más de salteador de gallineros que de Patrón del narcotráfico. Iván Darío, ese analfabeto que aprendió a gatillar como litur-gia de la sobrevivencia, seguramente analfabeto, arrancado y expulsado a la vez por la pobreza de las barriadas nororientales de Medellín, que no hubo transitado ni al inmenso José Asunción Silva, ni a Mu-tis, ni a García Márquez, ni al maestro León de Greiff, o a un man todo bien como Porfirio Barba Jacob, curiosamente asistiría en el país del realismo mágico - donde la literatura, el fútbol y el Vallenato con-forman la Santísima Trinidad - a la fundación de un género literario: La Sicaresca, como lo denominó en 1995 el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince en su artículo "Estética y Narcotráfico".
Sin duda el acierto de Abad Faciolince, se apoya en la complejidades similares de la España del Siglo XVI y XVII, con la convulsionada Medellín en los últimos veinte años del Siglo XX, cuando el pobre tuvo que apelar a la picardía como única manera de subsistencia, lo que incluía, además de robar, conchabarse con los nuevo ricos que generaba el narcotráfico.

El asesinato de Lara Bonilla, por el que Pablo Escobar pagó 500 millones de pesos colombianos, sería calcado para terminar con otros miles de colombianos, responsables o no del estado de las cosas: el candidato presidencial Luis Carlos Galán, Guillermo Cano Isaza, director de El Espectador, jueces, peri-odistas, funcionarios del Estado, fueron artesanalmente ejecutados por miles de sicarios, que salían del mismo molde del cual emergió un día el pequeño Iván Darío. Digo artesanal ya que el narcotráfico entre 1989 y 1993 hizo explotar 120 coches-bombas en diferentes ciudades de Colombia, regando de muer-tos, heridos y mutilados a escala industrial, sangrando el país consagrado al Sagrado Corazón.

En los años ochenta en Medellín aquellos buenos señores para conchabarse abundaban, con los bolsillos abundosos de dólares, para comprar todas las vidas necesarias. Los carteles, obligados a deshacerse de enemigos de manera continua, generaron o reinventaron el viejo oficio de los Sicarius romanos, jóvenes asesinos a sueldo que mataban con la sica o punta de su puñal.

Los grandes capos apelaron a los jóvenes sin futuro de las barriadas de Carambolas, Santo Domingo, Manrique Oriental, La Francia, Buenos Aires, La Independencia, San Michel y San Javier. Jóvenes que se apelmazaban sin trabajo y sin escuela entre callecitas, pasadizos, callejones, cañadas, escalinatas y ranchos de barro rojizo que forman un laberinto, gracias a las sucesión de oleadas incontenibles de desplazados que llegaban desde las regiones de Urabá, Bajo Cauca y Magdalena Medio, donde la guerri-lla, el ejército, los narcotraficantes y los paramilitares se enfrentan en una guerra que ya no es pe-riférica, sino que llega a los centros.

Desde aquellos años hasta nuestros días 45000 jóvenes, entre los 14 y los 26 años, murieron en la ciu-dad, producto de enfrentamientos armados. Entre 1991 y 1992 Medellín registró la mayor tasa de ho-micidios, 444 por cada 100.000 habitantes, según la Asesoría de Paz y Convivencia.

Pablo Escobar quien fue uno de los diez hombres más ricos del mundo en la década de los 80, fue re-sponsable de más de cinco mil muertes, ejecutadas por casi noventa escuadrones de sicarios. Hubo muertos de Pablo Escobar a los que se le llegaron a contabilizar ciento veinte tiros; claro está, eran muertos importantes. Entonces jóvenes como Iván Darío Guisao Álvarez, por quebrar un mancito conse-guían ropa, casa para la madre, nevera, televisores; dejar a la Cucha (Madre) bien.

La fusión Madre-Virgen, es sagrada para el sicario, es sinónimo del amor, la entrega y la adversidad, ya que la mayoría de estos muchachos provienen de hogares donde el padre por alguna u otra razón esta ausente.

Los refrigeradores trepaban las laderas serpenteantes de los barrios, a la misma velocidad que los ataúdes bajaban con vidas terminadas antes de cumplir los dieciocho años. A las plagas, epidemias, dia-rreas, desnutrición, que desbastaban a los niños y los jóvenes de las barriadas nororientales se les suma el sicariato, la guerra desembozada entre el narcotráfico con el estado, y las bandas rivales.

Esta verdadera cultura de la muerte generó sus propios ritos, basados en las tradiciones campesinas y la superchería; estos muchachos se abrazaron a formas casi primarias de devoción. Las rezadas inician la mañana, mientras hierven las balas en agua bendita para luego cargar el arma, y ofrecerle alguna a la imagen de la Virgen, mientras cargan sus pistolas, encienden una vela y susurran la oración del Santo Juez que los protege de sus enemigos.

La asistencia a la iglesia de La Sabaneta, en la cual los sicarios son devotos de María Auxiliadora, quién suple con acierto al mismísimo Dios. Su devoción por la Virgen los lleva en turbulentas peregrinaciones los días martes, que más de una vez terminan en grandes balaceras y con muertos regados por el cami-no. Van a pedirle que los socorra en sus asesinatos; quizás se confiesen avergonzados de haberle falta-do a la madre, pero no se conmueven con los muertos que puedan llevar en la conciencia o algún otro lugar de su anatomía. Le agradecen a la Virgen una faena bien cumplida, y haber quebrado al man tan sólo de un tirito. Su cuerpo lo acorazan con escapularios en los lugares sensibles del sicario: el corazón que siente, el brazo que dispara, el pie que corre y se apoya en la moto.

Es con estos elementos que el inefable Fernando Vallejo construye la novela La Virgen de los Sicarios (1994) y Jorge Franco Ramos Rosario Tijeras, (1999), ambos escritores de Medellín, para más datos, como para confirmar la nacionalidad de la sicaresca; y ambos textos fueron trasladados al cine con un éxito considerable. Novelas y películas son el corpus central de este subgénero fundado por los ava-tares de esos miles de jóvenes que debieron bajar del cerro, para saber que hay otra vida aunque sea breve como un soplido.

El éxito de ambas novelas impone su rápida traslación al cine. En el caso de La Virgen de los Sicarios (2002), el proyecto surge de quién sería finalmente su director, el veteranísimo Barbet Schroeder, un hombre verdaderamente internacional. Nacido en Teherán (Irán) en 1941, de origen y cultura francesa, ancestros alemanes e infancia bogotana donde vivió hasta los doce años. Fue testigo nada menos que del Bogotazo el 9 de abril de 1948, donde pudo observar las secuelas inmediatas del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán. Radicado finalmente en París, Schroeder es productor y asistente de di-rectores como Jean Luc Godard y Eric Rohmer. Trabajó en 1986 junto a otro gran escritor cismático. Charles Bukowski, para la adaptación de su novela autobiográfica Barfly, protagonizada por Mickey Rourke y Faye Dunaway. Schroeder, conoció la obra de Fernando Vallejo en uno de sus continuos viajes a Colombia, y así fue como decidió adaptarla al cine, con la ayuda del propio Vallejo.

Rodada en Medellín, la novela y la película gozan de un vertiginoso ritmo, el ritmo de los encuentros apasionados y breves de Fernando, un intelectual con muchas más coincidencias que el nombre con el autor, y Alexis, un joven taxi-boy que a la vez trabaja de sicario. Fernando y Alexis comienzan una apa-sionada relación amorosa, que a la vez es un viaje en el tiempo y en la geografía de Medellín. Fernando hace muchos años abandonó la ciudad, y este recorrido por la violencia narco, la contrapone a sus recu-erdos infantiles, esas mismas calles hoy son otras calles. Fernando habla con la pasión, el dolor y el amor del iconoclasta Vallejo sobre Colombia, y su problemática no solo social, sino que como un intelec-tual serio abarca todo el amplio espectro de la realidad de su país. A la vez Alexis lo conduce por un dédalo de sangre; como un Cicerone lo introduce en los códigos de la muerte paga, y en el natural des-precio por la vida propia y ajena. Quebrar un pelao (matar a alguien), perder el año (morir), es parte del juego, es parte de la contingencia de ser colombiano. Se puede morir por la orden del Patrón, pero tam-bién se puede morir por el volumen de la música, o equivocar la calle.

Fernando goza todos los juegos donde lo introduce Alexis, y solo observa y confirma sus teorías sobre ese país fundado por "campesinos, gentecita humilde que traía del campo sus costumbres, como rezar el rosario, beber aguardiente, robarle al vecino y matarse por chichiguas con el prójimo en peleas a machete". Pero Alexis cumplirá su rol de sicario y perderá el año, si alguna vez en la vida ganó alguno. Y Fernando pasará a brazos de otro amante, otro sicario, otro muerto en vida, Wílmar, que como cada uno de ellos espera la bala, que le guarda Colombia.

Barbet Schroeder, inspirado en el cine de Víctor Gaviria, (Víctor Gaviria, "lo marginal como centro", Carátula, Edición # 10, Febrero-Marzo 2006), optó por buscar actores naturales buscados en las mis-mas barriadas de donde han salido miles de sicarios. El protagonista lo desarrolla un inmenso Germán Jaramillo, a quién es imposible desprender de la máscara de Fernando Vallejo.

Sin duda libro y película consiguen el punto más alto de este subgénero, que ha sido acompañado por otros textos y otras realizaciones, en Rosario Tijeras (1999), la más característica, del también antioqueño de Jorge Franco Ramos. Adaptada al cine por el argentino Marcelo Figueras, esta coproducción colombiana, mexicana y española, si bien no alcanza los niveles requeridos para un gran film, el debutante director mexicano Emilio Maillé, nos prodiga con una bellísima Flora Martínez, con todas sus exuberancias expuestas al ojo de la cámara, la cual se regodea en los desnudos de la bella, con cierta perversidad, si no queremos ser mal pensados y creer que aquellos desnudos son más comerciales y efectistas que artísticos. El elenco lo completan el colombiano Manolo Cardona y el es-pañol Unax Ugalde.

A pesar de todo el filme Rosario Tijeras avanza al ritmo alocado del Medellín de los ochenta, cuando la plata se conseguía, para algunos, terriblemente fácil. La historia comienza con Rosario regando sangre en una sala de emergencia, herida por un ex-amante, en brazos de alguien que luego sabremos es un enamorado distante y tímido, pero fervoroso como los de su especie. Desde esa espera donde Rosario es disputada por la vida y la muerte a cada segundo, se articula la historia de la bella sicaria de la que se dice que mató a más de doscientos, que tiene muelas de oro, que cobra un millón por un muerto y un millón cien por un polvo, que le gustan las mujeres, que orina parada, que tuvo un hijo con el diablo.

Rosario debe su lacerante apellido a que con ese artefacto se vengó cuando un hombre de su madre la violó siendo una niña. Su hermano Johnefe, el único ser sobre la tierra a quien Rosario podrá amar, la introduce en el mundo de los narcotraficantes los que pronto se darán cuenta que además de sus dotes de amante, le sobran los de asesina.

Franco Ramos, al igual que Maillé, aprovechan para espulgar toda la ritualística del sicariato, los rezos, las velas, los escapularios, las balas rezadas, la oración al Buen Juez. Y también los excesos imbuidos por el descontrol del dinero y la impunidad. Johnefe, obviamente también sicario, muere en un aten-tando y el pleno velorio el muerto es llevado de rumba, a la disco que le gustaba, donde una muchacha le baila desnuda, donde le dan marihuana y trago, donde quieren desesperadamente que continué la vida aunque esté muerto. Vivo después de la rumba y el entierro, donde no se privan de los disparos de ho-nor, los corridos mexicanos, y rociar el ataúd con ron y marihuana. Para completar la secuencia se verá a Rosario con algunos parceros asaltar el velorio del matador de Johnefe, quién ya había perdido el año. Dominada la situación, Rosario Tijeras ejecuta al muerto en el cajón con varios disparos. Aunque muer-to, Rosario necesita matarlo.

Esas escenas que son extraídas de aquella realidad de locura y abuso, quizás son las más difíciles de creer y allí se concentran los grandes errores tanto del libro como de la película: no haber entendido que la vida exagera, y que trasladar a lo fílmico o al papel situaciones tan difíciles de creer, aunque se sepa que fue así o pudo haberlo sido, nos distancia rápidamente de la historia. A pesar de todo, tanto el film como el libro merecen ser transitados.

El fenómeno del sicario comenzó a morir junto a su máximo jefe, Pablo Escobar, aquel 2 de diciembre de 1993. Aquel hombre que daba trabajo a manos llenas, estaba tumbado sobre un tejado, muerto como había matado a miles, muerto como lo habría soñado mil veces. Pablo Escobar Gavira, el demonio para muchos, un santo para otros, generó un fenómeno imposible de comparar a nivel mundial, por la feroci-dad, la juventud y su letalidad: el sicario. Y esa institución generó un épica que se tradujo en una docena de novelas y varias películas, que van de lleno al tema o lo rozan, como Angosta (2003) del escritor Héctor Abad Faciolince o La gente de La Universal (1995) del realizador Felipe Aljure.

Quizás La Sicaresca como la novelas de caballerías, sin un Don Quijote que las clausure, ha muerto hu-mildemente. Como se dice por ahí, muerto el santo, se acabó el milagro.

Dirección: Montevideo 1980 7ºA, (1021) Buenos Aires - ARGENTINA
E-Mail
: guadicalvo@ciudad.com.ar

Narrativa 
Mónica Russomanno

Crónicas - Mónica Russomanno

Mónica Russomanno nació en Santa Fe, Argentina, el 7 de abril de 1966. Además de escritora es profesora de Artes Visuales; sus textos han sido publicados en diversos diarios tales como "La Nación" de Buenos Aires, "Hoy en la Noticia" y "El Litoral" de Santa Fe, "Ideas" de Cuba y la revista "Etcétera" de Zaragoza. Ha sido galardonada en el concurso literario de la Universidad Nacional del Litoral, en el concurso "Nitecuento" de la Ed. Mizares (Barcelona), y el certamen de la Ed. "Nuevo Ser" (Buenos Aires). Es colaboradora de la revista cultural "El Arca del Sur" y de las publicaciones virtuales "Inventiva Social", "La Máquina de escribir", "Página 1" y el Periódico Digital "La Unión". Ha realizado guiones para los videos "El gueto de Varsovia", "90 años de radio LT9", "Relatos de Euskadi" y "El Arca del Sur". Es jueza de los concursos para adolescentes de la asociación cultural "El Puente" e invitada en encuentros de jóvenes con escritores.

Crónicas

LAS LIBRES JAULAS

Puede ocurrir que una se siente en un parapeto en el Parque del Sur, y que al lado haya una persona que refleje el cielo con los ojos. Y puede ocurrir, también, que en vez de darse a la lectura del libro que descansa sobre el pasto, una se dedique en silencio a observar las evoluciones de los pájaros.
No siempre se da la felicidad completa, pero esta vez supongamos que el árbol sobre las cabezas se desgrane en minúsculas florecillas como pequeños plumeritos amarillos, y que tal color coincida exacta-mente con el de mi pantalón, fusionándolo de esta manera con la copa del árbol y con el cielo que se deja ver entre las hojas.
Y, en esa tarde quieta, puede ser que al dejarse fascinar por los saltitos de los gorriones, recuerde una que estas avecillas son esencialmente libres, y que tal esencia impide la tozuda tarea humana de enjau-lar la belleza.
Así, en la dulce pereza, surgirá la pregunta ociosa sobre el tamaño que debería de tener una jaula, para que proporcione a un gorrión la ilusión de libertad que impida el que se estrelle contra el tejido.
Debe de haber una exacta medida, un espacio cúbico calculable y preciso que demarque la sensación de ser libre.
Ocurrirá entonces inevitablemente que una mire alrededor, que reflexione sobre las sutiles cadenas y los invisibles lazos que construyen la propia jaula, y sin lugar a dudas una saludará en silencio a los her-manos gorriones, y envidiará melancólicamente a las aves migratorias, cuyas cárceles son quizás estre-chas, pero al menos muy largas.


ZARANDEO

Es Mar del Plata. Es enero. Es la migración anual de los bañistas.
Los turistas nos movemos en masa, avanzamos de a grupos coloridos, nos frenamos en los semáforos o desafiamos a los automóviles confiados en que los conductores se atemorizarán frente a la multitud cargada de sombrillas, bolsas, termos, esterillas playeras, sándwiches derretidos, niños rezongones.
Nos movemos como (con perdón) las ovejas. La comparación es inevitable porque de lejos las voces llan-tos y carcajadas son un balido indistinguible y caleidoscópico. Desde la habitación del hotel parece es-cucharse el ruido de las mareas pero es en realidad el rumor incesante que llega en oleadas que fluyen y confluyen y golpean y se retiran y suben y suben y no acaban, no hallan reposo. Unas mareas emergentes como humo sonoro, una nube formada por millares de voces que imitan el mar.
Todo está en venta. Igual que en la gruta de Lourdes donde el pesebre funciona metiendo la moneda en la ranura y los angelitos suben por las paredes o los castillos se iluminan; las estatuas vivientes se ani-man con monedas, los malabaristas callejeros lanzan sus antorchas al aire por monedas, los cuentistas profieren sus chistes, los cantantes con micrófonos fatigados se desgañitan por monedas, las gitanas agresivas lanzan sus maldiciones por las monedas no dadas, los ancianos sin brazo agitan su latita, los cuidadores de autos revolean el trapito amarillo mientras lanzan reclamos roncos, los choclos salen del agua hirviente, los aviones remolcan sus carteles aéreos, sale el alfajor de su sueño en el estante, piru-etea el lobito marino azul rosado o violeta antes de reposar en la bolsa de regalo.
Todo por monedas.
Siento que el suelo se agita, que todo el suelo de la ciudad se mueve constantemente cribando los suel-dos que escapan de los bolsillos con la boca abierta. Y las monedas caen, caen, caen por el zarandeo. Si de pronto me hallo en una plaza frente a la estatua de San Martín, y busco sin darme cuenta un som-brero, una alcancía, algún agujerito donde introducir la moneda que lo anime para que me salude con la espada.


LA PÚNICA MALDICIÓN

Catón culminaba todas sus exposiciones en el Senado recordando que había que exterminar a Cartago. Escipión, en cambio, decía que la grandeza de Roma se sostenía gracias al contrapunto que propor-cionaba la existencia de otra gran nación. Sin adversario, todo imperio cae en la autocomplacencia y se derrumba hacia adentro. Su propio peso lo aplasta.
Me pregunto si no estamos, otra vez, en la misma encrucijada histórica.
Roma, para justificar la guerra, demonizó al enemigo y creó los mitos que proporcionasen un marco al odio. Deliberadamente se encargó a Virgilio narrar para siempre la historia de la doncella púnica de-spreciada por el joven romano. Se reducía toda una sociedad a una mujer despechada, lanzada insensa-tamente a una venganza que debía ser evitada. Un rival débil, despreciable, pero peligroso por la furia implacable y la necedad.
Parece que la historia gusta de repetirse, o que la naturaleza humana es invariable. Siempre el otro es atroz, y no nos queda más remedio que borrarlo de la faz de la tierra, ya que todo diálogo sería im-posible. Y si el otro no es atroz, usemos la imaginación o empujémoslo un poco para que haga atroci-dades.
También decía Catón que los cartagineses eran orientales y por lo tanto perversos, oscuros y de hábitos tenebrosos. Que no les competía estar en territorios civilizados, olvidando que Cartago llevaba ocho-cientos años de existencia, y que los romanos se beneficiaron del modelo de ciudad y de los métodos de agricultura que desarrollaron. Pero eran bárbaros con dioses extraños, no tan razonables como el pan-teón romano con sus familias de dioses y diosas que se empeñaban en parecerse premonitoriamente a una mala telenovela.
¿Eran buenos los cartagineses y viles los romanos? Plantear esto es ingenuo. Tampoco pregunto, y no tiene sentido preguntárselo, si hubiese sido mejor que finalmente Cartago venciera a Roma.
Pero sobre Roma pesó la púnica maldición; la terrible mancha de haber exterminado a su oponente que-mando la ciudad, asesinando a los habitantes, derribando con enorme esfuerzo y eficiencia los muros, y borrando la memoria de su cultura. La púnica maldición pesó sobre Roma.
Lo que me pregunto es si es totalmente necesario renovar las maldiciones sobre nosotros; si no podre-mos escapar finalmente al destino de superponer anatemas, de atraer la furia de los dioses, de vestir la vergüenza siglo tras siglo renovando los exterminios.
Mientras tanto, los oradores terminan cada exposición recordando que es totalmente necesario exter-minar Cartago.


IL LUPO CANE

Romántica expresión para el agonizar del día, para ese ínfimo tiempo crepuscular en que la silueta de un lobo y un perro son indiscernibles. La hora d'il lupo cane. Se ve el contorno de los objetos, se los con-funde. No se advierte su sino, su esencia.
En el halloween colgaba un espantajo de un árbol. Los transeúntes sonreían en inglés, lucían sus sombre-ros de bruja, sus dientes de plástico, sus disfraces de demonio. Pasaron horas hasta que alguien advir-tiese con horror que el muñeco era en verdad un ahorcado. La hora d'il lupo cane.
Viene el presidente del Imperio. Con comitivas y reyezuelos adjuntos viene Bush, con su propio ali-mento, con el agua que ha de tomar.
Representando a Occidente viene Bush, con banderas y discursos, con sonrisa oficial y manos enguanta-das.
Y yo veo un lobo, veo un lobo. Me dicen que es un can doméstico, que custodia las lindes del espacio hab-itable, que protege la seguridad, la paz, que aleja el terror.
Esta es la hora d'il lupo cane. Yo veo un lobo.

Dirección: Lisandro de la Torre 2850, (3000) Santa Fe - ARGENTINA
E-Mail: russomannomonica@hotmail.com

Austria 
Gerda Steingruber-Schaffler

Poemas - Gerda Steingruber-Schaffler

Gerda STEINGRUBER-SCHAFFLER, maestra, escritora y pintora. Nacida en 1938 en Linz an der Donau, con residencia en Salzburgo.
Publicaciones: poesía y prosa en antologías de la Sociedad de Escritores Austríacos, Viena.
Libros de poesía propios: Maweli (1995), Lankadiva (2001), Amarant (2007), todos publicados por la editorial Arthur Göttert, Diepenau (D).

Poemas

CERDEÑA

Pulso
salido de
lo profundo
trajo
al oído libre

Fugitivo
errando
se
sintió
por la
fiesta
mundana

Las noches
son enormes
y fuera
del cielo
fluyen
lejos


MERCADOS EN ACCRA

Ligados
adulan
los surcos
de sentimientos
no más
que eso

Tinieblas
y
mujeres
permanecen
en doliente
cercanía


LEJANO

Árboles
fugadas
las huellas
condujeron
fuera
a la frialdad

Las lunas
sintieron
ingenuidad
como una corriente de viento
hacia el ahora

Un claro
tendía
pasos
a la lejanía
Se cayó

Traducción: Walkala

Dirección: Gaswerkgasse 12, 5020 Salzburg - AUSTRIA