XICóATL 83

XICóATL

XICóATL: Número 83

XICóATL No 83, Abril/Junio 2008
XICóATL 83

CONTENIDO:

  • Poemario: Poemas. Mario Markus
  • Ensayo: Tomás Carrasquilla. Harold Alvarado Tenorio
  • Narrativa: Los eunucos inmortales. Oswaldo Reynoso
  • Austria: Poemas. Peter Paul Wiplinger

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Poemario

Mario Markus

Poemas - Mario Markus

Mario Markus (1944, Santiago de Chile), físico, poeta, traductor literario, recitador y artista gráfico. Doctorado en Heidelberg. Actualmente dirige un grupo de investigación científica en el Instituto Max-Planck de Dortmund, Alemania, y es profesor de física en la Universidad de dicha ciudad. Ha publicado más de 150 artículos científicos en revistas internacionales. En el libro "Charts for Prediction and Chance" (Imperial College Press, Londres, 2007), hace converger arte visual y ciencia. Su novella de ciencia-ficción "Bilis Negra" fue transformada en un exitoso cómic (J.C. Sáez, Chile, 2006). Poemarios: Poemas de Invierno (Betania, Madrid, 1990) y Punzadas (LOM, Chile, 2007). El CD "Poesía latinomeri-cana" (Sello Alerce, Chile, 2004) fue presentado por él en numerosos recitales en México, España, Perú, Ecuador, Argentina, Bolivia y Chile. Ganó un concurso del gobierno chileno para editar un CD-libro bi-lingüe (Gedichte aus Chile - Poesía chilena, DIRAC, Chile, 2005) con sus traducciones.

Poemas

LA NIEVE ME ENSEÑA

Un metro de nieve en la calle:
sólida traba.
Ahora brilla el sol:
era solamente
agua.
En Júpiter nosotros somos hielo
y el aire es hielo.
En Venus nosotros somos aire.
¿Qué somos dónde?
La nieve me enseña.


NECESITO UN
NOTARIO

Olvido sueños.
Olvido versos.
Y olvidaré
la vida.
¿Cómo sujetar todo ésto?
Necesito un notario. Uno que cuando muerto
me lea el vino
que acaricia ahora
mi garganta.


DIOS SUICIDA

Verdugo sobrehumano
de estas horas, estos bienes.
Fiel hado postergador
que me matas y proteges:
has de saber que eres yo.
Mi albedrío te sostiene.


ARTE POÉTICA II

He allí el poeta.
He allí el zorzal.
Perciben insinuaciones de la tierra.
Agarran puntitas, alargan, recogen
la emboscada lombriz universal,
viva y ondulante,
de la hierba.
Como si fuera lo más fácil del mundo.


ARTE POÉTICA III

Avanza el Alzheimer,
avanza su poesía.
Se alejan los temores funcionales,
el hilo robótico,
ése que le cosieron en la escuela.
El día de su muerte
sus sesos caerán maduros
- mermelada justa para el Gran Jurado.
Luego obligarán
a aprender sus versos
en la susodicha escuela.


EN VIAJE A ESPAÑA

Cambio de tren en Avignon,
dos horas entre Norte y Sur.
Marcha obligada al palacio papal, inmenso ataúd
amarillo y vacío.
Un café en el boulevard: azúcar, leche, semblante triste.
Enorme está el sol hoy día... y frío.
Un ebrio grita en la calle:
¡La soledad no existe!


MÁS ALLÁ DE LA BIBLIA

Hay un misterio más grande
que la conciencia humana,
más grande que el carisma milenario
de Aristóteles o Jesucristo;
más grande que el orgullo de poseer objetos
ante la muerte inevitable.
Hay un misterio más grande:
es el del hombre detrás de mí en el bus mascando chicle,
porque no hay nada más absurdo
que rumiar sin sentido,
sin tener ni siquiera conciencia de vaca,
ni lenguaje, ni usufructo, ni ideal,
ni siquiera estupidez:
hay genios que mascan chicle,
hay santos y filósofos que mascan chicle.
¡No hay misterio más grande!
El hombre detrás de mí en el bus
lanza su sombra
sobre todos los misterios de la tierra.
Los vence, los anula.
Triunfa sobre Cristo y Aristóteles
y sobre mí.
Me doy por vencido
y me bajo del bus.


FINAL

Esa polilla vuela
como si hubiese
descubierto el mundo.
Me muevo
como diciendo:
es tarde, es hora de morir.
Se posa en las páginas abiertas del libro.
Lo cierro.
Ahora su cuerpo desfigurado
se presenta en el libro
como el último verso.


EL PENE CEBOLLA

La mujer de este relato
se fue a la península.
Le había dicho el sueño
que esa era la tierra
del Pene Prometido.
El hombre que eligió
la abrazó desnudo.
Cogió ella su pene
y le corrió
el prepucio.
Tembló su corazón.
Debajo del prepucio
otro prepucio
y otro
y otro más...
hasta que al despertar
de su Sueño Original
en la mano ansiosa
no quedaba nada.


CHILE

Hay países como el té:
una mosca a flote
y ya se enojan.
En este país, en cambio, hay tantas moscas,
avispas, mariposas,
cien clases
que son o no son clases. Como la sangre,
esa jungla de glóbulos.
Antígenos. Anticuerpos.
Taxistas que escuchan a Bach.
Empresarios que escupen en la acera.
Es un país pedregoso, enredado.
Pero también es liviano.
Como el té
y la mosca.


LA HILANDERA

De la soledad suelen surgir hebras negras
que en los callejones, al seguirlas,
con la noche se enredan.
Dicen que es mejor no jugar con ellas,
pues en una punta llevan veneno
y en la otra el rabo ciego
de la culebra.
Dicen también que hay una hilandera
tejedora de hebras blancas, de seda,
que no vive en el callejón
donde viven las rameras.
He salido a buscar a la hilandera
pero, por más que busco y busco
sólo encuentro hebras negras.


CERCA DE TSCHERNOBYL (MINSK, 1999)

La araña en el ángulo
del cuarto de hotel
reclama su lugar en el cosmos.
Con imperiosa paciencia
acerca las estrellas
al cuarto, a nosotros, al mundo,
al nudo maligno de Inessa.
Allí.
Allí en ese mismo cuarto
el cáncer reclama
su lugar en el cosmos.
Tan impaciente
que no cabe en este cuarto,
ni en nosotros,
y devuelve las estrellas
al lugar que no se entiende.


ECUACIÓN

Los habitantes de la isla
cuidaban sus propias tumbas
antes de morir.
Así resolvían su ecuación
de la muerte antes y la vida después.


EVANGELIO

Este gato
tiene salidas de emergencia:
túbulos que lo llevan al no-gato
pudiendo sobrevivir las diferencias con mi hogar.
Salen de mis rezos:
"Túbulo nuestro que estás en el gato."
Nadie ha visto este milagro,
puente inmenso de pocos metros,
pero creo en él
y nos salva:
a mí y a mi gato.


TABULA RASA

Pido la cuenta.
Pasan paño a la mesa con gesto rutinario.
Terminé de saborear 'viande vie' con deleite.
Busco el bastón.
Con la misma cara
pasarán paño a mí:
así es la muerte.


FLORES

Exuberantes racimos
colgando de los balcones.
Encendidas formas
de todas las regiones de la tierra.
Fragancia embriagante.
Abajo, por la calle,
pasan las flores
tomadas de la mano,
exclamando:
Qué bellos son esos penes
colgando de los balcones.


CESÁREA

Y bajó Dios
con un hacha
a destrozar televisores.
De cada artificio salió un sangriento llorón
verdadero.
Y comenzó la vida en la tierra
por segunda vez.

Internet: www.mariomarkus.com
E-Mail
: mario.markus@mpi-dortmund.mpg.de

Ensayo 
Harold Alvarado Tenorio

Tomás Carrasquilla - Harold Alvarado Tenorio

Harold Alvarado Tenorio nació en Buga, Colombia, en 1945. Es poeta, ensayista, traductor y periodista. Cursó estudios de Letras en la Universidad Complutense de Madrid, donde recibió el Título de Doctor. Es Profesor Titular de la Cátedra de Literaturas de América Latina y Director del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia. Es director de la Revista de Poesía Arquitrave (www.arquitrave.com). Libros publicados: Summa del cuerpo, (2002); Fragmentos y despojos, (2002); Literaturas de América Latina, (1995); Ensayos, (1994); Poemas chinos de amor, (1992); La poesía de T.S. Eliot, (1988); Espejo de máscaras, (1987); Una generación desencantada: los poetas colombianos de los años setentas, (1985); Kavafis, (1984), y Cinco poetas españoles de la Generación del Cincuenta, (1980).

Tomás Carrasquilla (1)

Tomás Carrasquilla (Santodomingo, 1858-1940), recibió el Premio nacional de literatura en 1935, cuando tenía setenta y ocho años. Había vivido hasta entonces una suerte de prestigioso anonimato, quizás porque sus obras fueron publicadas en pequeñas ediciones que apenas circularon en su región, pero también a causa del escaso interés que despertaron, en plena Belle epoque, entre la crítica, más dedicada a auscultar los vaivenes del mundo europeo y el desarrollo de los vanguardismos, que a reparar en el desarrollo de una de las obras más modernas, así haya sido concebida para dar respuesta al exotismo y cosmopolitismo del Modernismo.

Carrasquilla proclamó ante a lo afectado, postizo, erudito y foráneo de los modernistas, un arte na-cional que surgiera de los paisajes, la fisionomía y concepciones del mundo de América. Pero también rechazó el costumbrismo por considerarlo superficial; el romanticismo en sus aspectos declamatorios y sensibleros; el naturalismo en sus elementos sombríos y fatalistas y reaccionó, contra el decadentismo y el simbolismo, al encontrarles enfermizo aquel y exótico y hermético este. Rompiendo con el pasado y el presente, Carrasquilla creó una manera de narrar que le permitió ofrecer una imagen integral de un pueblo, el antioqueño, quien tuvo en él no sólo a su más refinado artista sino a su creador. Carrasquilla, como Rómulo Gallegos, Mariano Azuela o José Hernández, son los inventores de unas culturas que hoy reconocemos como los verídicos representantes de esa barbarie que tanto repudiaron, románticos y modernistas, antes que la Gran guerra destruyera la ilusión de que Europa representaba la cultura, frente al atraso y violencia americanas.

Antioquia, una región extremadamente conservadora y católica, ofreció a Carrasquilla los asuntos y tipos para crear las características nacionales del país de entonces. Con su visión de la realidad, nada sentimental, aguda, penetrante y en no pocas ocasiones dolorosa, usando del lenguaje popular trazó un fresco de personajes arrancados de la vida misma, víctimas y victimarios en un cosmos que no existió sino allí, entre las sierras y desfiladeros de la Colombia minera y arriera del siglo pasado. Sus novelas, como sus cuentos, carecen de tramas y argumentos complejos, pero son ricas en caracteres, gentes de origen humilde a quiénes había conocido en pueblos y ciudades. Personajes que reflejan una entera gama de comportamientos, gestos y pareceres donde lo cómico, lo trágico, la mezquindad, la generosidad, el taciturno, el parlanchín, el deshonesto, el honorable, el cura, el campesino, el rico, los doctores, los sir-vientes, los obreros, las mujeres y los niños, cada cual con su discurso, color, variedad, humor, simpatía, verdad, odios y amores se dan cita.

Carrasquilla prefería entre todos sus libros Salve Regina (1903), sosteniendo que era la única de sus novelas que le satisfacía completamente. La mayoría de sus novelas cortas estudian sicológicamente sus personajes a través de reminiscencias autobiográficas de prototipos morales o populares. Blanca (1897), por ejemplo, es una muchacha inocente de una rara fuerza espiritual. La heroína de Salve Regi-na, humana y atormentada, debe elegir entre el amor y el deber. Extremando las virtudes de la ob-jetividad y la humildad, Carrasquilla parece decir que una sobredosis de orgullo, al lado de una riqueza material o un estado social, es siempre autodestructiva.
Frutos de mi tierra (1896), retrata las clases sociales y estudia la obsesión por la riqueza y sus con-secuencias. Carrasquilla, dando poca importancia a los valores artísticos de esta su primera novela, dijo que la había escrito para cumplir con una apuesta literaria hecha a uno de sus amigos sobre si se podía o no hacer novela con temas locales. Para Rafael Maya, es un tejido de chismes, habladurías, enredos y mentiras, todo lo cual constituye el ambiente habitual de nuestras ciudades de provincia. Allí envidias femeninas, pugnas entre familias ricas y pobres, recelos de vecinas mal avenidas, maldad de solteronas, jactancia de petimetres, murmuraciones de criadas, competencia social de las mujeres en la calle, en la iglesia, en las fiestas, espionaje perpetuo por el ojo de las cerraduras, celos por los novios, envidia por las recién casadas, satisfacción por la quiebra económica del prójimo, falsos alardes de piedad, etc. A eso puede reducirse la novela, fuera del halago de una trama sencilla, sin nada novelesco, pero llevado con habilidad y creciente interés.

Quizás otro tanto pueda decirse de Grandeza (1910), en cuyo prólogo Carrasquilla dice que quiso crear caracteres pero solo fue capaz de esbozar tipos. En ella discute los desastrosos efectos de la chis-mografía y retrata la alta sociedad a través de sus fiestas, carreras de caballos, vanidades, preten-siones sociales, la bebida, el juego, las variedades de amoríos y la hipocresía general.

A pesar de nunca haber sido una novela popular, La marquesa de Yolombó (1928), es la mejor de Carrasquilla. Es una novela "histórica" acerca del siglo XVIII, en la cual cambió los hechos y la cro-nología pues, según sus propias palabras, "no es ésta, en ningún concepto, más que una conjetura de esa época y sus gentes".

San Lorenzo de Yolombó, pueblo que una vez fue un despoblado, rico ahora con las minas de oro, cuenta entre sus familias de prestigio la de don Pedro Caballero, el alcalde mayor y la de don José María Mo-reno, cuyo hijo Vicente casa con la hija de don Pedro, María. La otra hija de Caballero, Bárbara, es la típica heroína carrasquiana, que se enamora del hombre equivocado y sufre las consecuencias. Bárbara et magistra, se enseña a sí misma a leer y a escribir, funda escuelas y busca el bienestar de su región a través de una variedad de actividades caritativas y educacionales. A causa de su devoción por el trono de España le es concedido el título de marquesa por Carlos IV. Pero este éxito parece traer una des-gracia, al ser víctima de Fernando de Orellano, un confidente con el cual casa y quien luego le abandona. Bárbara pierde su salud mental por algún tiempo, así como su título, a medida que las ideas revolucion-arias de Francia se imponen. Para Antonio Curcio Altamar: Es este carácter de doña Bárbara la figura humana más cabal y ricamente estructurada por el novelista antioqueño quien, debe reconocerse, fue, más que creador de inolvidables personajes, un exquisito pintor de ambientes, dotado de una pasmosa sensibilidad por lo colectivo.

Eventualmente ella recobra su salud y muere de vieja. Carrasquilla retrata también magistralmente a Rosalía, la mujer de Pedro, y a su cuñado, y a una variedad de chapetones y una legión de auténticos criollos, mientras ofrece al lector un retrato temporal y espacial de la época con sus bautizos, las procesiones, las fiestas religiosas, la mitología y la superstición, la música, las danzas, los factores so-ciales y económicos, especialmente los relacionados a la industria de las minas de oro, la vida diaria de los negros, los campesinos, los sirvientes, los naturales y los obreros en el trabajo y en el juego.

Su última novela, Hace tiempos (1935), es también su testamento literario y parece ser menos ficción que autobiografía. Tiene tres volúmenes. Por aguas y pedregones, describe, a través de Eloy Gamboa, su niñez, amigos, padres, casa y calles junto con las supersticiones y condiciones sociales de la región y su tiempo. Por montes y cañadas y Del monte a la ciudad, se ocupan de los conflictos entre liberales y conservadores, el sistema educativo, la vida de los mineros, su exilio del mundo exterior y el desarrollo espiritual e intelectual de Eloy. En esta novela, donde aparecen más de ciento cincuenta personajes, Carrasquilla se consagra como maestro del diálogo. Algunos críticos y lectores creen que es su mejor obra.

En resumen uno podría decir que las novelas de Carrasquilla son la veraz historia de "su" pueblo, y la Colombia "real" de su tiempo. Al fin y al cabo fue Antioquia la región, donde de muchas maneras, se dio el desarrollo social y se incubó la nación que padecerían los colombianos hasta los años de entreguerras. En lo tocante a su habilidad como narrador, tampoco puede soslayarse el hecho de ser un maestro del género. Carrasquilla, a diferencia de los narradores líricos como Isaacs o Rivera, estructura orgánica-mente sus obras y las dispone ordenada y metódicamente sin dejar suelto cabo alguno, ni introduce episodios baladíes, ni hace digresiones que no llevan a sitio alguno, ni rellena sin ton ni son. Sus planes siempre han sido meditados en sus pormenores y cuando escribe, lo hace con plena conciencia, sin im-provisar. Sus finales son habitualmente dramáticos, como correspondía a un mundo de entre siglos, donde estaban ausentes la violencia y las evasiones que luego traerían el cine, la radio y la televisión.

Sus Obras completas han sido publicadas en dos ocasiones: Madrid, 1952, con un prólogo de Federico de Onís, y Medellín, 1958, dos volúmenes, con prólogos de Roberto Jaramillo y Federico de Onís.

(1) El presente artículo apareció el 13.01.2008, en la complementación del # 278 de NTC (Nos Topamos Con) http://ntcblog.blogspot.com/, publicación virtual de nuestro amigo Gabriel Ruiz, de donde ha sido extraido. Su autor ha autorizado la publicación. Además NTC ha abierto un portal en internet especialmente dedicado a Tomás Carrasquilla, el enlace es: http://tomascarrasquilla-150.blogspot.com:80/

E-Mail: h.alvarado@cable.net.co

Narrativa 
Oswaldo Reynoso

Los eunucos inmortales - Oswaldo Reynoso

Oswaldo Reynoso (Arequipa, 1931): Es narrador y profesor. Integró el Grupo literario Narración. En 1961 publicó Los inocentes. José María Argue-das dijo de este libro: "Reynoso ha creado un estilo nuevo: la jerga popular y la alta poesía reforzándose, iluminándose". En 1965 publicó En octubre no hay milagros. Wáshington Delgado ha señalado: "La lectura de esta novela nos revela una Lima monstruosa, egoísta y desesperada". Asimismo, ha escrito las novelas El escarabajo y el hombre (1970), En busca de Aladino (1993), Los Eunucos inmortales (1995) y El goce de la piel (2005).

Los eunucos inmortales
De la novela "Los eunucos inmortales"; Reynoso Oswaldo; Editorial:San Marcos, Lima, Perú, 2005, 293 páginas.

Págs. 57-58:

Y otra desolada mañana bajo el coposo nogal del jardín del Hotel. Bata negra de seda, amplísimo som-brero de paja blanca y sentado sobre el fresco sillón de mimbre y con los pies dentro de la jofaina de gruesa porcelana con agua calentada al sol y la ayi no deja de insistir sobre los poderes benéficos de estos baños para prevenir el cáncer. Y nuevamente esa sensación de soledad y de derrumbe que había comenzado a devorarme a las pocas semanas de mi llegada a China y también la sensación de fracaso en la búsqueda de la clave que pueda darme la felicidad en este país donde se construyen y se desarman sistemas con el nombre de socialismo. En los últimos años, sólo he visto signos que nunca he podido des-cifrar como los destellos en la permanente sonrisa de los jóvenes. Pero ahora imagino que a lo mejor esa clave se encuentre en el carácter que un dragón invisible está trazando sobre Beijing con las huellas que dejan los estudiantes y los obreros en sus incansables marchas hacia la plaza Tian`anmen o tal vez se encuentre en el carácter que me mostró el joven Liang una tarde de verano cuando paseando por la angosta calle comercial de Dashalan entre una muchedumbre de peatones y un enjambre de ciclistas me preguntó señalando la abigarrada multitud de letreros de todo tamaño, forma y color que pendían de los techos de grises y descascarados edificios de comercio: ¿Sientes el tumulto de voces y las llamas que salen de los caracteres? Detuve la marcha y miré la multitud de letreros: los caracteres, silenciosos y fríos trazos en complicadas figuras, no me comunicaban nada. Sin embargo, presentí que detrás de ellos palpitaba la ardiente belleza de lo oculto cuya vivencia me daría la felicidad que había venido a buscar a China desde el Perú. Y ahí, entre la muchedumbre, en plena calle comercialm, esa tarde de verano, com-prendí que siempre estaría al margen de la felicidad y comprendí también que así como los antiguos santos habían buscado a Dios en la soledad de los desiertos yo inútilmente a lo largo de mi vida había buscado la felicidad en la desastroza soledad de las grandes urbes.

Págs. 163-164:

Noche

Ninguno de mis amigos chinos ha venido ni me ha llamado por teléfono. Coco y Katrín camino a Tian'anmen pasaron a verme. ¿Y cómo estará Liang? Voy a la cocina y saco del horno presas de pollo doradas con miel y aceite de sésamo que me ha dejado la ayi. Las devoro de pie y luego tomo un vaso de leche. Sobre el piyama me pongo una bata de seda y salgo al jardín: los fuyuanes han desaparecido de los bancos y de la puerta de la oficina de control. El cielo está celeste-limón y los murciélagos azules vuelan por los aleros de tejas verdes esmaltadas de los edificios del Hotel. Escucho lejanas denotacio-nes y no sé si son disparos o cohetes. En las ramas de los nogales se balancean botellitas como ahorcados, y me sonrío . Se acerca un rumor de gritos y de tambores. Camino en dirección a la puerta principal del Hotel, pero un agudo dolor en la cintura y un debilitamiento corporal me obligan a sentarme en un banco. Las ventanas de los bloques de vivienda están oscuras, cierro los ojos, me concentro e inicio un pausado ejercicio de respiración qicong. Es inútil insistir: no puedo acumular fuerzas. Me paro y vuelvo paso a paso a mi departamento. Llamo por teléfono a mis amigos del Hotel. Nadie contesta: estoy solo en este inmenso gueto para extranjeros y cuando esa conocida sensación de soledad y derrumbe comienza a escarbar en el punto más profundo del estómago mi dormitorio se ilumina con fuegos artificiales. Me acerco a la ventana. Grupo de niños alborotan chillones en torno a un joven con túnica blanca que a manera de cruciferario abre el cortejo con altísimo mástil de bambú del cual pende en forma horizon-tal una banderola blanca con inscripciones negras tensada al viento como vela de balandra. Entre dos columnas de estudiantes con vinchas y brazaletes rojos, ocho jóvenes con túnica blanca cargan sobre los hombros un ataúd de madera de embalaje de gallinas. Detrás se agolpa un tumulto de gente que vo-cea consignas al ritmo de tambores y de batintines y flamean banderas rojas y de colores. Y en el cielo celeste-limón estallan racimos de luces. Dejo la ventana y apresurado llamo por teléfono a la Agencia para que me informe lo que está sucediendo en Beijing. Sólo escucho el timbre ocupado. Prendo la tele-visión: óperas chinas. Vuelvo a la ventana: otro cortejo igual al anterior. Me dirijo al bar consola. Destapo la botella de cristal del dorado licor de melón: no puedo tomar ni un solo trago. Aspiro su aroma. Contemplo la hermosa variedad de etiquetas: las lunas de mis anteojos se humedecen. Cierro las ventanas, en el equipo pongo la Quinta Sinfonía de Mahler, apago las luces y me siento en la mecedora de mimbre y Liang estará debajo de esas feas carpas de plástico de colores chillones en torno a la Columna a los Héroes del Pueblo tirado sobre una colchoneta y a pesar de su lasitud por la huelga de hambre seguirá sonriendo sin dejar de jugar con inauditas combinaciones de tonos para crear expresiones de doble y triple sentido al refinado estilo de dinastía Tang. El ruido que llega desde la estrecha calle cada vez más intenso. Me pongo de pie. Prendo las luces. Abro las ventanas. Apago el equipo. Y siguen pasando tumultos bulliciosos. Me acerco al bar de la consola. Me sirvo una copa de coñac. Aspiro su aroma y contemplo su color de maravilla de quemado crepúsculo arequipeño. Dejo la copa servida. Vuelvo a la venta-na del dormitorio. Suena el teléfono.

Dirección: Jr. Caracas 167, Jesús María, Lima - PERU
Teléfono: + 51 (1) 2637020

Austria 
Inge Glaser

Poemas - Peter Paul Wiplinger

Peter Paul WIPLINGER, es escritor y fotógrafo. Nació en 1939, en Haslach, Alta Austria. Desde 1960 vive en Viena. Realizó estudios de dramaturgia, germanística y filosofía. Predominantemente poeta, también escribe cuentos y ensayos. Ha publicado más 35 libros. Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas. Es miembro de la dirección de la Sociedad Austríaca de Autores y miembro del P.E.N.-Club nacional e internacional. Entre sus últimas publicaciones están: "Lebensbilder - Geschichten aus der Erinnerung", (2003); "P.P.Wiplinger - Aussagen und Gedichte", (2004); "ausgestoßen", (2006), y "Steine im Licht - Römische Etüden".

Poemas

DIE MAZZESINSEL


segundo distrito de viena
taborstraße tandelmarkt
a veces
vengo aquí
estaciono mi coche
en un patio interior
contemplo los muros
y pienso
aquí permanecieron de pie
en el frío silenciosos
con sus bultos
listos para ser transportados
sin saber adónde
a merced de la fuerza
listos para la deportación
y después los trenes hacia la nada
hasta la puerta de la muerte
por donde cruzaba
una infinita fila de hombres
innumerables víctimas montañas de cadáveres
y después sólo cenizas
segundo distrito de viena
praterstraße heinestraße
tandelmarkt mazzesinsel
todos muertos
disueltos en la nada
desaparecidos para siempre
las ventanas son falsas
mudos los muros
pasan los autos
y lleno de tristeza
sigo mi camino
los días ya no son como antes
están manchados de sangre
el horror se ha convertido en piedra


ANOCHECER DE FINES DE OTOÑO

En este anochecer
ofrendan mis manos
pan y vino.

Un segador
todavía atraviesa
campos y llanuras.

En el cielo
ya están las huellas

del frío
la nieve y la muerte.

La cosecha me trajo
una casa vacía,

llena de quietud
y silencio.

Por última vez me asomo
a esta tierra.

La luz gotea
muda de las ramas.

Muy extranjera se encuentra
mi sombra en este mundo.


AL FINAL

ahora se extingue
lenta la luz

miras fijamente
desde la ventana
sin reparar en nada

sólo sabes una cosa
aún no estás ciego


SV. KLIMENT/OCHRID

algún día
recordaré
todo

la piedra
en el sol

la luz
en la plaza

la sombra
de tu rostro

el vino
que bebimos

las palabras
que dijimos

el silencio
ante los íconos

el tiempo
que se quebró

estos días
llenos de oscuridad
y luz
Para Emina Kamber


AL FINAL

la escritura
perderá el color

las palabras
serán olvidadas

vuelve a decir rosa
vuelve a decir niño

estar despierto mucho tiempo
hasta que se ponga el sol

hasta que la luz se apague
al final también en tí


SOLEDAD

también las golondrinas
gritando ruidosas en el río
hace tiempo no te dicen
quén eres quién eras

el cielo se tine de rojo
muy rojo en esta tarde de verano
la noche traerá frescura
y por fin consolará tu corazón

cuando te despiertas por la mañana
ha pasado un siglo
hecha añicos tu imagen en el espejo
se rompen palabras en el silencio

tantos veranos tantos días
tantos caminos tiempo perdido
un amor tan destrozado
quedas herido para siempre

y la luna creciente espera
segar tu grito de angustia
en sueños ves caer hojas
rojas y amarillas sobre tu tumba


AL ATARDECER

muy lejos
en el horizonte

el cielo
desemboca lento
en el mar

la luz
se torna azul sedosa

y sé
que la oscura sombra
eres tú


OTOÑO EN WALDVIERTEL

El sol abraza
la última pregunta

como mensaje
que llevo adentro

en el rojo-oscuro
de las hojas de las hayas.

Cae del cielo
eltiempo muerto

como fragmento
del pasado.

La luz
transparenta ahora
ocultos recintos.

Al borde del camino
se alzan cercas
como trazos de sombras.

Un ciego entra
en la casa.


ESPERANZA

resucitar
un día

sin más
ataduras

sin más
golpes

sin más
humillación

resucitar
un día


POEMA DE AMOR

cuando dijiste
el verano llega
a su fin

la sombra
de tu rostro

cayó
sobre mí

afuera volaban
ya las gaviotas

y el corazón
comenzó

a helarse
en el frío

quién pensé yo
estará conmigo
en la primavera

cuando las magnolias
florezcan con todo esplendor

Traducción: Jorge YGLESIAS

Internet: www.wiplinger.at.tf
Mail: wiplinger@web.de