XICóATL 80

XICóATL

XICóATL: Número 80

XICóATL No 80, Julio/Septiembre 2007
XICóATL 80

CONTENIDO:

  • Editorial: En la Asociación YAGE y el Magazin Cultural XICóATL celebramos 15 años de actividades. Luis Alfredo Duarte-Herrera
  • Poemario: Poemas. Olga Elena Sánchez Guevara
  • Poemario: Homenaje a Frida Kahlo. Walkala
  • Narrativa: Risas en la morgue. Laura Massolo
  • Narrativa: Los verdes años del billar. Roberto Reyes Tarazona
  • Austria: Poemas. Christoph W. Bauer

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Editorial

Luis Alfredo Duarte Herrera

En la Asociación YAGE y el Magazin Cultural XICóATL celebramos 15 años de actividades - Luis Alfredo Duarte Herrera

Queridos(as) socios(as) y amigos(as) de YAGE,
Apreciados(as) lectores(as) de XICóATL,

Constituye una alegría inmensa el poder celebrar ahora los primeros 15 años de trabajo ininterrumpido de YAGE, Asociación pro Arte Ciencia y Cultura Latinoamericanos y del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante".

El 29 de enero de 1992 fue presentada a la BPD Salzburg la proposición de fundación de la Asociación por parte de Christine Reisenberger, Thekla Waltl y yo. El 5 de marzo realizamos la primera asamblea general en la sala de actos de la Katholische Hochschulgemeinde Salzburg, en la Wiener Philharmoniker Gasse 2, en la cual participaron más de 60 personas entre latinoamericanos y austriacos. Aquella primera asamblea será siempre uno los recuerdos más hermosos de mi vida: la espectativa generada pues era el primera asociación latinoamericana que iba a ser fundada en Salzburgo, el recital de Joaquín Clerch Díaz con obras de Barrios Mangoré, entre otros, la presentación y discusión de los primeros proyectos, la elección de la primera junta directiva y para culminar la música interpetada por Thekla Waltl, Peter Schwarzenbauer y Jorge Eduardo García, además de la dinámica atmósfera que vivimos y los deliciosos pasabocas vegetarianos servidos para la ocasión. El 11 de marzo fueron aprobados los estatutos por parte de la BPD Salzburg.

El 1. de mayo de 1992 apareció el primer número del trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante", el cual llega hoy a la edición número 80, un verdadero récord en Europa en cuanto a publicaciones de este tipo se refiere. También el número de autores publicados en nuestras páginas resulta grandioso: exactamente 450 autores latinoamericanos y 17 austriacos hasta la presente edición, presentados en el idioma materno, con traducción al alemán o al español. De los trabajos presentados un 90 % de ellos son literarios, especialmente ensayos, cuentos y poemas, y un 10 % corresponden a otros géneros, especialmente a la protección ambiental.
Durante los 10 primeros años XICóATL se publicó bimestralmente, pero a partir del 2002 aparece trimestralmente debido al desarrollo de otros proyectos, especialmente vinculados con nuestra página en internet. Es de destacar entre ellos los Puentes Culturales que hemos impulsado entre Austria y Argentina, Colombia, Costa Rica, Cuba y México, además de uno latinoamericano general para los países restantes. Mediante ellos hemos logrado presentar internacionalmente una gran cantidad de escritores, artistas plásticos, compositores, músicos y otros creadores latinoamericanos y austriacos. Además de su presentación virtual, hemos mediado también en algunos desplazamientos intercontinentales de ellos a fin de participar en eventos de carácter nacional o internacional.

A nivel de Austria, y especialmente de la provincia de Salzburgo, resultaría demasiado largo y tedioso enumerar el gran número de eventos realizados: conciertos de música latinoamericana erudita y popular, exposiciones de pintura, lecturas de autores latinoamericanos, conferencias sobre temas científicos, artísticos o culturales vinculados con Latinoamérica, exposiciones y conferencias sobre temas ecológicos en universidades y colegios, fiestas y diversos tipos de actividades sociales. A nivel internacional hemos realizado 4 Concursos Literarios, 2 Concursos de Composición Musical y 2 Concursos de Fotografía Ecológica en los cuales han participado más de un millar de personas de más de 35 países. En esta multitud de proyectos, las características principales han sido la eficiencia, el cumplimiento exacto de los planes trazados y el éxito, lo cual nos ha hecho merecedores de la confianza y el apoyo de las autoridades de Salzburgo y de una enorme red internacional de trabajadores de la cultura.

Otro proyecto que deseo recordar en esta fecha especial es nuestra emisión radial "Poesía y Música Latinoamericana" que presentamos todos los domingos entre las 19:06 y las 20:00 horas, con repetición los días jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas, en la Radiofabrik de Salzburgo (www.radiofabrik.at). "Poesía y Música Latinoamericana" es la emisión más antigua que tiene la Radiofabrik. La iniciamos en los albores de la radio, a finales del siglo pasado, cuando ésta apenas contaba con una licencia de emisión los días miércoles entre las 18:00 y la 24:00 horas. En aquel tiempo "Poesía y Música Latinoamericana" se presentaba de manera intermitente, en audiciones de 15 minutos. Al ser ampliada la licencia de emisión aumentamos a media hora semanalmente, y a partir del 6 de enero del 2002, nuestro programa tiene la duración habitual antes descrita: 54 minutos. A propósito de celebraciones, el próximo 7 de octubre realizaremos el programa número 300, contados desde el 2002, a cuya audición quedan invitados desde ahora muy cordialmente.

Todos los proyectos de estos primeros 15 años de trabajo no se hubiesen podido adelantar sin la cooperación de una infinidad de personas: además de los miembros de los jurados, los participantes en los concursos y el número de autores publicados mencionado anteriormente, en XICóATL han colaborado un total de 78 traductores(as) y 50 moderadores(as) lo han hecho en el programa radial: para todos ellos nuestro más profundo agradecimiento por el impulso brindado, en el momento oportuno. Además, un sinnúmero de personas en Austria, Latinoamérica y Europa han colaborado de manera directa o indirecta en otras pequeñas o grandes realizaciones de la Asociación YAGE, para ellos también nuestras gracias sinceras y felices.

Nuestros agradecimientos se extienden también a quienes conmigo comparten actualmente la dirección de YAGE, esto es, el compositor argentino Juan María Solare, Mag. Thekla Schirz, Wolfgang Hirsch y Dominique von Loebel. Un agradecimiento muy especial merecen quienes desde la fundación de YAGE, o después de la misma, siempre han estado presentes y colaborado en los diversos proyectos: Lic. Angelika Moser, Lic. Ulrike Zomorrodian-Santner, Dr. Jorge Antunes en Brasil, Lic. Judith Moser-Kroiss, Ing. Jorge Martínez Villaseñor en México, Lic. Christoph Lukits, Dr. Nicolás Cosío Sierra en Cuba, Dr. Friedrich Frosch, Horacio Rossi y Eduardo Coiro en Argentina, Mag. Josef Lanner, Chano Delgado de Schlachter, Anna Maria Kalcher, Veronika Gruber, Lic. Silvia Amberger, Waltraud Hostalek-Rehbogen y Renato Vecellio, estos dos últimos, para nuestro infortunio, fallecidos en 2005. Sólo me resta agradecer a mis hijos Krysthal y Leo, fundadores espirituales que ya colaboran activamente en los proyectos; también agradecer vuestra afabilidad y apoyo, queridos socios, lectores y amigos, y desear una larga vida a este emprendimiento que en 15 años ha podido hermanar tantos pueblos, culturas y esperanzas, para la construcción de un mundo mejor mediante el trabajo creativo de sus hijos.

Poemario 

Olga Elena Sánchez Guevara

Poemas - Olga Elena Sánchez Guevara

La escritora y traductora literaria Olga Elena Sánchez Guevara nació en Bayamo, Cuba, en 1952. En 1976 terminó sus estudios de alemán en la Universidad de la Habana y en 1977 inició su trabajo como traductora literaria en el Instituto Cubano del Libro.
En el año 2000 obtuvo en Cuba el Premio Nacional de Traducción Literaria "José Rodríguez Feo" otorgado por la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba).
Junto a numerosas apariciones de sus textos en revistas tales como Revista Mexicana de Cultura Arte y Literatura (La Habana), Revista Antenas (Camagüey), Revolución y cultura (La Habana), ha realizado también publicaciones propias: El informe Viamontes, el último vuelo (2003, prosa corta), Cartas de la nostalgía (2004, cuentos) y Conversación con Ángeles (2005, poemario).

Poemas

berlín o la nostalgia del paraíso
(parque de friedrichshain, 21-09-03)

si estuvieran aquí

si pudiera verlos correr despreocupados
la gravilla crujiente debajo de sus pies
cerrar los ojos y escuchar la música del agua
sentir el leve golpe de las hojas de otoño

rapunzel en la fuente suelta la cabellera
mientras hansel y gretel corretean en torno de los árboles

estuve lejos tantas veces
y nunca como ahora me asaltó la tristeza
rodeada por los cuentos de grimm y sin varita mágica

*****

sentada junto a un río donde ya me mojé las manos, atardece: rumor de la memoria en aquel campo de las tunas

a esta orilla se llega después de atravesar un puente que termina en el tronco hueco de una ceiba

estar dentro de un árbol, tocar, oler esas paredes vivas: es poeta aunque nunca escriba un verso, el que ideó tallar el pasadizo

dulce maría, el almendares, la ciudad: aquí solo es el río y las palmas mecidas por la brisa, y el canto de los pájaros

es cuba a orillas de un riachuelo, aguas que van al mar, jorge manrique. agua del mismo río, en un extremo y otro del yang tsé...

cada vez más silencio, empieza a oscurecer, y quedan solo el río y su rumor

para jorge abilio

*****

el día es gris
y hay frío

ángel de las ausencias
teje un velo
que cubra la tristeza

y murmura en mi oído
la palabra que espero

*****

se desdibuja un rostro
arden
las palabras no pronunciadas

la ceniza
es memoria del fuego

*****

réquiem, michaelerkirche

las voces
- no la muerte,
sino trompetas
de resurrección -
saludándote
wolfgang
inmortal

*****

te amo
no como el primer día sino más
como el árbol va ahondando sus raíces
en la tierra que lo sustenta y nutre

mi amor no es una hoguera
que el tiempo hará ceniza:
tú eres mi otra mitad

te amo
no como el primer día sino más

***

lugares comunes

mi libro de poemas
junto al pan
en la cocina de mi amiga

mi libro de poemas
con paradiso, de lezama,
en las manos del joven a mi lado

mis poemas
hechos pan
en nuestra mesa

*****

lo intento
una y otra vez:
no vuelve

ni tampoco su voz
solo su eco

pero
de pronto
un niño me sonríe

ahí estás…

Dirección: Coyula 18742 entre Primera y Segunda, Reparto Monterrey, San Miguel del Padrón, Habana 31, Código Postal 13100, Ciudad Habana - CUBA
E-Mail
: olgaelena@cubarte.cult.cu

Poemario 
Walkala

Homenaje a Frida Kahlo - Walkala

el 6 de julio de 1907 nació en coyoacán, ciudad de méxico, la pintora frida kahlo. a 100 años de su nacimiento, con el siguiente poema yage y xicóatl rinden un homenaje a esta admirable pintora, cuya vida y obra marcan un hito importante de la historia cultural y artística latinoamericana.

memoria

inquietantemente presente, seductora, fría, sensual, ausente la sonrisa
en medio de finos encajes europeos, masculinos ropajes,
o embutido su destrozado cuerpo en hermosos trajes tehuanos
frida lega a la humanidad la pérfida carga de su trágico hado.


blanco titanio, amarillo nápoles, verde azulado, rojo escarlata, tierra siena natural, carmín violáceo, bitumé,
verde esmeralda, rojo inglés, gris payne, verde cinabrio tostado, bermellón, amarillo real, negro marfil,
carmín garanza sólido, ocre oro transparente, pardo óxido, blanco perla, tierra sombra natural, violeta cobalto,
azul de prusia, azul celeste, azul cyan, azul turquesa, azul ultramarino, azul real, azul cobalto oscuro,
amarillo cadmio medio, blanco zinc, verde oliva, ocre rojizo, tierra rosa, verde limón, negro humo, gris frío …
la alegre sinfonía de todos los colores del planeta
va a humedecerse en el fino aceite de sus más íntimas congojas
y en el grácil vuelo del pincel inunda de desoladores mensajes todo cuanto roza;
a las ateridas almas que la observan, generosamente les es alargado
el libro abierto de una vida repleta de tintes, entre esperanzas y desgracias.


la eternidad ha puesto, frida, a tus retratos, la adusta mirada de tus ojos nocturnales
para inquirir al destino en cada instante
el por qué de los pesados fardos que por doquier va colocando a la existencia.
y nosotros, espectadores a través del tiempo, seguiremos como tú sin la respuesta
pudiendo solamente beber de tu mano diestra el amargo elixir que brota del capricho.

Narrativa 
Laura Massolo

Risas en la morgue - Laura Massolo

Laura Massolo nació el 21 de diciembre de 1954 en Lomas de Zamora, Buenos Aires. Ha publicado Al borde (Cuentos 1999), "Afuera estaba el mundo" (Poemas, 2001), "Y amén" (Poemas). Actualmente coordina los talleres literarios de la Biblioteca Municipal "Esteban Adrogué", del Centro Cultural de Adrogué y privados y dirige la Escuela de Cuentistas "Julio Cortázar". Actúa en forma permanente como jurado de concursos nacionales e internacionales. Entre los premios recibidos se destacan el premio Juan Rulfo 2001 que organiza radio Francia en París y algunos más en México, España y Argentina.

Risas en la morgue

Al Dr. Horacio Delfino, en la tierra o en el cielo

Unos cuantos están muertos. No sé si todos. Sé que mi tío está muerto, sé que Luciano está muerto, y sé que se murió de viejo el viejo que vivía en el altillo del servicio, porque pasaron como veinticinco años.
Debe estar muerta, también, esa mujer que cantaba, toda la mañana, "con el pucho de la vida apretado entre los labios..." y se reía, se reía con una risa cavernosa y amarga, llena de tos, de queja, de resignación. Limpiaba los pisos con un trapo impregnado en lavandina y se paraba a conversar un rato con cada uno de nosotros.
¿Se llamaba Blanca? Me parece que se llamaba Blanca; y era oscura, oscura y dulce. Más que nada, rotunda, penetrante, como si hubiera aprendido el oficio de teorizar escuchando detrás de las mamparas, mirando entre el humo que siempre le borroneaba los ojos, fregando los murmullos con la espalda curva y rota. Tal vez no esté muerta. Tal vez siga con esa sinfonía de alquitrán.

Del que no sé, realmente no sé, no supe más, es de Horacio. Y ese desconocimiento, muchas veces, me hizo llorar, o escribir algunos poemas, o preguntarme qué hubiera sido, cómo hubiera sido. Pero no sé. No sé a partir de aquel domingo en que vino a mi casa, a las siete de la mañana, la solapa en alto, el miedo en los huesos, la respiración agitada, para llevar a cabo una especie de ceremonia. Me hizo quemar todas las cosas con su nombre: los abejorros disecados que me había regalado, el claroscuro del Che Guevara, las dedicatorias de los libros, alguna carta, las fotos. Me dijo que se estaba escapando, que no sabía si llegaba a tiempo a una frontera, ni a qué frontera. Me dijo que llevaba muchas horas en la calle, que no podía volver a ningún lado, que caminaba marcado. Y se fue. No sé si se fue, no sé a dónde fue.
Hace poco, en un impulso, revisé las guías telefónicas de La Plata. Pensé que si estaba en el país, o si había vuelto desde ese ningún sitio al que pretendía irse, lo podía encontrar ejerciendo como médico, con una familia.
Había otros con el mismo apellido, no había un Horacio. No tengo dónde buscarlo.
Me quedó la imagen del fuego, aunque ahora es un puñado de cenizas, cenizas leves, sin nombre; me quedó todo roto, quemado, escondido, ahorcado en un cordón de dudas, de momentos que ya no, incluso la duda de no saber cómo, en qué momento nos hubiéramos dicho lo que no nos dijimos, en qué esquina, cómo el primer beso, hasta qué punto eso, parecido al amor, por lo menos, parecido. Pero en esa madrugada con escarcha, los dos temblando, apurados, revolviendo entre mis cosas, tirándolas al fuego, mis preguntas, mi ignorancia, lo que ni él mismo entendía, el aliento que se le escapaba con forma de vapor o de silencio, se llevaron toda posibilidad de averiguar; ni entonces, ni ahora, ni nunca.

A veces pienso que hay listas con nombres, que puedo mirar esas listas; saber, de una vez por todas. Pero es probable que no esté y, si estuviera, prefiero creer que anda por otra orilla, tomando el café aguado de todas las mañanas, leyendo el último chiste de Satiricón, empujando el aire con esos ojos lindos.
Ojalá Horacio leyera este cuento. Ojalá el mundo diera una de esas vueltas imprecisas y un día se le cayeran mis palabras y mis dudas adentro de esos ojos.
Ojalá, cualquiera de los que no están muertos leyera este cuento.

En ese tiempo, escribí una carta para mi ángel de la guarda. Fue un pedido de auxilio, una súplica para que no se me desprendiera todavía. Conservo esa carta. La conservo junto a la certeza de que el ángel se fue, precisamente, en algún momento de esos dos años en que trabajé en el hospital, con mi tío, con Luciano, con Blanca que cantaba tangos, con Horacio que soñaba con una técnica propia para aislar el bacilo de Koch, con Daniel que se ponía triste cuando diagnosticaban la "papa" en una criatura.
A lo mejor por eso se fue mi ángel, porque se asustó, porque las alas se le pusieron mustias en la morgue, porque los microscopios sentenciaban muertes irremediables, porque los médicos más jóvenes tuvieron que escaparse - o no pudieron -, porque a Blanca se le incendió el pucho de la vida cuando me dijo que mi propio tío - ella le decía el "dotorjefe" - me serruchaba el piso, que andaba con una "mina" del servicio, que la mina me quería pasar por el micrótomo, de los pies a la cabeza, que me iban a mandar al gabinete de las ratas a cortar tacos resecos con una navaja sin filo. Y me mandaron.

Un día vino el intendente con dos matones a decirle a mi tío que tocara el bombo.
Cuando se fue, mi tío aprovechó para "informarme" que para mí no había nombramiento, que juntara mis cosas, que abriera la puerta, que me despidiera de todos; entonces, en la puerta, lloré abrazada a Horacio. Y tal vez estaba empezando a quererlo con el alma; pero, después de ese día, no pude rozarlo nunca más, ni siquiera esa última madrugada en que vino a limpiar las huellas fijas que hubieran completado mi memoria.
Se horrorizó mi ángel de la guarda. Me abandonó, me dejó colgada en el aturdimiento, con el delantal blanco que no volví a ponerme, con el título que archivé para siempre entre diplomas de concursos literarios, con los ojos agrandados de asombro por ver la iniquidad y la mentira.

Paradójicamente, no escribí este cuento hasta hoy. A lo mejor, cuando dicen que escribo con las vísceras, tiene que ver con aquello de haber mirado pedazos de gente.
Yo vi al gordo de doscientos kilos con la puñalada en el abdomen, vi un embrollo de intestinos cuando trajeron al tipo que agarró el tren, vi al pibe rubio de diez años que se murió de golpe por una meningitis, vi a la mujer que se murió de horror y de cianuro, vi la paciencia profunda de Luciano buscando el dolor con el legado de Ramón y Cajal, vi la histeria de Cristina cuando tiró a la pileta una punción lumbar y supo que la echaban en dos horas, vi a un morguero que vendía los ojos de los muertos, vi el parto de una mujer que mató al feto golpeándose la panza, vi las calles nubladas de gases lacrimógenos y el lustre de un revólver cargado entre láminas de tejido y palanganas con tetas cortadas; vi el odio. Y vi el calor de Horacio, las mañanas de frío, el temblor en las manos, los cuernos de mi tía, la falsedad, los tajos en la carne, las caras desoladas, los sobres con cáncer, el perfil aumentado de las células malignas. Y la mirada tramposa de Blanca que se irritaba de tabaco triste. Vi todo eso, y no tenía más que veinte años.

De algún modo, por suerte, guardé una parte viva de lo que está incuestionablemente muerto. Y esa mañana me importó un pito que mi tío viniera a decir, con aire solemne, que estaba prohibido reírse en la morgue. Yo sabía lo demás, - lo sabía por Blanca - sabía la vergüenza, el ídolo derrumbado. Entonces lo miré con cierta altanería, encogiendo los hombros. Pero Daniel y Horacio se pusieron serios, y se plantó un silencio de vidrio alrededor de la mesa y seguimos clasificando pedacitos, tratando de no mirarnos. A lo mejor, porque pensábamos - yo pensaba - que del otro lado era posible prolongar el juego, porque nos gustaba quedarnos después de hora para desparramar lo crudo por el aire y rescatar las ganas de vivir.
Fue, también, el tiempo de las últimas etapas de aquel tiempo, de las primeras sombras, del último roce de mi ángel, de los días de Horacio en el servicio. Fue cuando mi tío, mis proyectos y esa parte de mi vida quedaron mezclados con todas esas sombras.

Suerte que me llevé las ganas de vivir.

¿Cuántos años hace que supe? ¿Diez? ¿Cinco? Cuando entendí, mi tío estaba muerto entre todos los que se habían muerto, y no pude darle las gracias por sacarme del servicio a tiempo y resguardarme del terror. No pude elogiarle la sutileza de inventar esa historia sórdida con la complicidad de la mujer del pucho. No supe que él quemó, en la misma nariz del intendente, mi nombramiento efectivo como técnica del hospital. Creí, en cambio, en un ideal despedazado, en un hombre indigno y lujurioso que había preferido los favores de una amante clandestina.

Suerte que me hice escritora y traté de hundir la pesadilla en cuentos. Otros cuentos, por supuesto, ninguno como éste, que salió después de tantos años.
Y me pregunto: los que no se murieron y quedaron atrapados en la mugre, los que se salvaron de los otros, los que no pudieron quemar las huellas, los que siguieron mirando la muerte, los que nunca dijeron la verdad ¿cómo estarán viviendo ahora?

Entonces me río, y lloro y me río sobre un montón de vísceras. Invento el cuento de que Horacio está en algún lugar del mundo y que mi ángel de la guarda se fue con él para cuidarlo. No es que me arregle sola. Tengo mis propios ángeles. Ahora mismo estoy escribiendo.

Dirección: Trejo 12 (Esquina Santa Ana) Turdera (1834) Buenos Aires - ARGENTINA
E-Mail: lauramassolo@yahoo.com.ar

Narrativa 
Roberto Reyes Tarazona

Los verdes años del billar - Roberto Reyes Tarazona

Roberto Reyes Tarazona: Escritor y sociólogo, integró el grupo Narración. En 1973 obtuvo el Premio Nacional de Cuentos "José María Arguedas". Ha publicado: Infierno a plazos (1978), Los verdes años del billar (1986), Nueva crónica. Cuento social peruano 1950-1990 (antología), en 1988. La torre y las aves (2002), la caza del cuento (2004). Su novela Los verdes años del billar ha sido traducida al rumano, algunos de sus cuentos han aparecido en antologías del Perú y el extranjero. Ha codirigido el taller de narrativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y tenido a su cargo el de la Universidad Ricardo Palma.

Los verdes años del billar
(De la novela "Los verdes años del billar"; Reyes Tarazona, Roberto; Editorial:San Marcos, Lima, Perú, 2005, 343 páginas.)

Págs. 204-206:

El Capazote cobró de nuevo vida cuando le tocó el turno de taquear. Mejor dicho, despertó vida, pues cuando taqueaba seguía tan impasible como siempre, sólo que apenas su taco entraba en contacto con las bolas, la mesa se convertía en un escenario donde todos se movían de acuerdo a un libreto escrito por él. Entonces, el Capazote se tornaba más anónimo aún: desaparecía por completo y sólo tenían existencia las bolas. A ellas y a su ritmo loco u ordenado, veloz o cansino, complejo o simple, violento o blando, les correspondía cargar con las pasiones o deseos o intenciones del Capazote; era como si la mesa y las bolas absorbieran sus jugos vitales, como si a él únicamente le fuera permitido expresarse a través de las bolas que rodaban en el verde tapiz de la mesa, como si sólo fuera un agente o instrumento de una fuerza desconocida. Cuando el Capazote taqueaba uno olvidaba por completo que, según decían, era un tipo aburrido para conversar, de mala borrachera; no se tenía en cuenta para nada el origen del movimiento de las bolas, la necesidad de que se conjugaran un taco, un par de brazos y manos, unos músculos, una mente que diera el impulso inicial. Sólo existía una trayectoria precisa, unos obstáculos vencidos, un rodar más o menos fuerte, un golpear de lleno, de costado o de refilón, una rotación exacta hacia la izquierda o a la derecha, más o menos intensa, un dispersarse de los núcleos agrupados ante golpes contundentes, un acercarse inexorable a las troneras; todo ello de acuerdo a un riguroso orden, a una regulación exacta, matemática, de cada movimiento. El azar parecía que jamás hubiera posado sus huellas en la mesa y daba la impresión de que todo salía como se preveía en el cerebro del Capazote. En la mesa se reproducían sus imágenes o esquemas, como si fuera un pantógrafo.
He dicho que el azar parecía abolido en el juego del Capazote; pero estaba el Gato. Él metía la mano para tratar de alterar el funcionamiento de la maquinaria. A veces lo lograba y a veces no. La cuestión era que no parecía en condiciones de descomponerla por completo. Siempre que rompía un diente, una polea, que interrumpía una rutina, el Capazote sustituía las piezas, reordenaba el desbarajuste. La expectativa general estaba puesta en ver si al final contaba con suficientes repuestos, o si el duende travieso se agotaba o aburría o abandonaba el empeño. Por lo que se observaba, faltaba mucho para eso, puesto que el Gato no parecía impaciente ni apurado; se le veía satisfecho de haber encontrado una buena diversión que no pensaba soltar tan fácilmente; el Capazote, por su parte, cualquiera lo podía ver, estaba dispuesto a poner en su sitio al insolente a cualquier precio. Ya llevaban un par de horas contendiendo y ambos lucían tan frescos como si recién empezaran, y aunque era la primera vez que chocaban, el duelo parecía una prolongación de muchas jornadas previas, de antiguos enfrentamientos, de innumerables partidas ya jugadas en todos los billares de la ciudad.

Págs. 246-248:

Por fin llegué a las inmediaciones del local donde se realizaba el histórico encuentro. Libre de inquietudes saboreaba por anticipado lo que disfrutaría: un juego que entraría con el tiempo a los predios de la leyenda y del que, por fin, era afortunado testigo. Me embargaba una emoción especial ante la inminencia del espectáculo. Había encontrado por fin algo que colmaba mis expectativas al máximo, y nadie me alejaría de ello.
Pero cuando di el primer paso en el pasadizo que conduce al salón del billar de Azángaro surgió un inesperado contratiempo: las puertas estaban cerradas.
"¡No puede ser!" dije en voz alta. No, no. Tienen que continuar. El Gato tiene que estar todavía. No creo que hayan acabado en tan poco tiempo. Eso no.
Avancé un poco más y me volvió el alma al cuerpo cuando escuché el chasquido de las bolas y unas risas ahogadas. Claro: la licencia sólo autoriza el funcionamiento hasta las once. Pero eso no quiere decir que el duelo se tenga que interrumpir. ¿A quién le importa que todo el mundo tenga que dejar de jugar? Digo: los clientes normales. El duelo es otra cosa y el local tiene que funcionar aunque sea con las puertas cerradas. Mejor así.
Ante las altas y carcomidas puertas, sobadas en el centro por tanto uso, golpeé impaciente. Pasaron unos instantes que creí interminables, y a cada segundo pensaba: ya, ya vienen; pero todo seguía igual. Toqué la puerta de nuevo. Tal vez no han escuchado. Pero nada. Golpeé esta vez con más fuerza, con golpes apremiantes, y ahora sí, por fin, sentí unos pasos que aplastaban los viejos tablones del piso. Una voz áspera, decsonfiada, gritó: "¿quién?". Y al escuchar la débil respuesta de mi parte, identificándome como si mi nombre sirviera de algo, volvió a preguntar: "¿quién dice?".
"Yo, Ricardo, un amigo del Gato. Tengo un encargo para él".
Se escuchó el resonar de una chapa al abrirse por dentro y, confiado en que las puertas se me han abierto al conjuro de la varita mágica de mi amistad con el Gato, di ciegamente un paso y casi tropecé con un tipo que me miraba malhumorado, plantado en medio de la abertura de la puerta.
"¿Qué encargo es ése? Dámelo".
Como no había esperado esa actitud hostil, titubeé.
"Apúrate. ¿Hasta qué hora te voy a esperar?".
Hoy todo el mundo parece apurado, me dije, y respondí:
"Es, es un encargo personal. Él me pidió un favor, y tengo que... dárselo personalmente".
"¡Vete a la mierda con tu encargo personal!", dijo y me tiró la puerta en las narices. En esta noche todo parecía repetirse. Pero no estaba dispuesto a rendirme tan fácilmente y de vuelta toqué la puerta.
Esta vez salió otro tipo, tan malencarado como el anterior, aunque más viejo y con trazas de ser el dueño o el encargado del establecimiento.
"Señor, por favor, necesito entrar...".
"¿Para qué?".
"Tengo un encargo para el Gato".
"Pero acá no hay ningún Gato".
"Disculpe, pero sé que él está jugando con el Capazote. Yo estuve enantes acá; lo que pasa es que el Gato me dio un encargo y por eso salí".
"Te equivocas. Aquí no hay ningún Gato ni ningún Capazote. Nosotros hemos cerrado porque ya nadie puede jugar. A esta hora ya nadie juega". Por encima de su hombro se podía ver a una mancha de gente alrededor de la mesa principal, donde dejara jugando al Gato. Para remate, justo en ese momento se
levantó un coro de voces. Había terminado una buena mesa o se había relizado una jugada sorpresiva. El tipo, sin embargo, ni se inmutó. Yo insistí:
"Pero no puede decir eso, señor. Allí en esa mesa... ".
"¡Chalaco, ven!", me interrumpió con un grito.

Dirección: Av Sucre 623, Dpto. 1101, Pueblo Libre, Lima - PERU
E-Mail: rreyes@urp.edu.pe

Austria 
Christoph Bauer

Poemas - Christoph Bauer

Christoph W. Bauer nació el 11.12.1968 en Kolbnitz, Carintia, y vive de momento en Innsbruck. A su obra pertenece lírica, prosa, ensayo, traducciones, piezas radiofónicas, edición y asesoramiento de diversos proyectos antológicos. Jefe de redacción de la revista Wagnis. Publicaciones: wege verzweigt, poesía, 1999; die mobilität des wassers müsste man mieten können, poesía, 2001; fontanalia.fragmente, poesía y prosa, 2003; Aufstummen, novela, 2004; supersonic, poesía, 2005; ¡Venceremos! oder: immer wieder Cordoba, pieza radiofónica para la radio austriaca. Numerosos premios, becas, distinciones y publicaciones en revistas de Austria, Alemania y Suiza, en antologías y en la radio.

Poemas

xxi


éxodos trucos y tropos
lo que el siglo enseña en la
exhuberante vegetación de artefactos florecidos

crece el cielo en los
los árboles en cuyas ramificaciones se

miden los ojos para ir
fuera de cada linearidad en
una metáfora de carcomido hechizo y estilo

figuras que desde siempre en el
mismo círculo volando vengo volando

voy colorean simplemente mejor
y dilata significados pincelando sin
meterlos en un ángulo muerto

hacia el semáforo cerebral
como la repetición mecánica de grandes sentimientos

cuya elección del idioma los radios
efectuan siempre en fases verdes
en camino está un cambio del tiempo

de regreso al shinkansen en rojo
luz de salto de líneas perdidas quizás

salida rapidamente sobre un trazo en el
vagón de las fantasías mentales en medio del
no florecimiento del noviembre propio

en la indian pacific desde perth camino a junio


xxii

pasajes de junio en el ocaso
desde el pueblo de nuestra señora
la reina de los angeles de porciuncula

sobre el paso al golfo
de méxico y más alla en el southern

express o hablar
de otra forma en una mañana como
visto por el ojo de Kolombus

evitando abreviaciones en la
guía turística del calor cuyas calles

a lo largo en la pendiente fáunica
que desde los buenos tiempos nocturnales techos
de autos pintados soltando amarras y desde

el ya visto todo
relevan meridianos en la cubierta de la santa

maría te lee en el remo
tus pensamientos una tierra y un
asentamiento distinto en cada abrir y cerrar de ojos

una américa en cremoso
batido próspero apoyado en lo desmesurado

entre matorrales rebajas
alfabetos vecinos se escriben
bancos de parque en bosques alejados en

una escritura hallada en tí primero en este instante

Traducción: Walkala

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