XICóATL 71

XICóATL

XICóATL: Número 71

XICóATL No 71, Abril/Junio 2005
XICöATL 71

CONTENIDO:

  • Ensayo: Los 400 años de Don Quijote de la Mancha. Walkala
  • Poemario: Poemas. Rolando Revagliatti
  • Narrativa: Madrugador. Georg Bydlinski

>> Download XICóATL No 71

Ensayo

Walkala

Los 400 años de Don Quijote de la Mancha -Walkala

"Los tres grandes majaderos de la humanidad hemos sido Jesucristo, Don Quijote y yo..."
Simón Bolívar

En XICóATL no podríamos dejar pasar este año 2005 sin hacer una referencia a la obra literaria más grande de las letras hispanas de todos los tiempos y punto de partida de la novela moderna: El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, escrita por Don Miguel de Cervantes Saavedra, la cual el 16 de enero del presente año cumplió oficialmente 400 años de estar dando una y otra vez la vuelta al mundo, en los más diversos idiomas y las más variadas ediciones.

DON MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares, presumiblemente el 29 de septiembre de 1547, día de San Miguel, y fue bautizado el 9 de octubre de ese año. Su abuelo Juan de Cervantes fue abogado y miembro de la Inquisición, y su esposa, Leonor de Torreblanca, pertenecía a una familia de médicos cordobeses. Rodrigo, el padre de Miguel, tenía el modesto oficio de cirujano itinerante y se casó en 1542 con Leonor de Cortinas, perteneciente a una familia de campesinos oriundos de Castilla la Vieja. Miguel fue el tercero de cinco hijos. Tuvo dos hermanas mayores, Andrea y Luisa, un hermano menor, Rodrigo, quien compartiría su cautiverio en Argel, y una hermana menor, Magdalena.

De los 20 primeros años de su vida y de su formación académica, no se sabe nada. Esta familia nómada en razón al oficio del padre, se radicó en 1550 en Valladolid, en 1555 en Córdoba, en 1560 en Sevilla y en 1566 regresó a Madrid, cuando Felipe II estableció allí su corte. Tres años después, en 1569, Cervantes comenzó su carrera de escritor con cuatro composiciones poéticas incluidas por su maestro, el humanista Juan de López de Hoyos, rector del Estudio de la Villa, en la Relación Oficial publicada con motivo de la muerte de la reina Isabel de Valois.

Varios hechos evidencian que Miguel de Cervantes era pendenciero, altivo, bravucón y ladrón, y siempre con mala suerte. El mismo año en que escribió sus primeros poemas conocidos, se trenzó en duelo con Antonio de Sigura, un maestro de obras, al cual hirió. Cervantes, quien por entonces era estudiante, huyó de la justicia a Sevilla y fue condenado en rebeldía a que le cortaran públicamente la mano derecha y a destierro del reino por diez años. En realidad se fue a Roma, recomendado por unos parientes, a trabajar al servicio del cardenal Acquaviva. Allí decidió después alistarse como soldado en la compañía de Diego de Urbina, en la cual ya militaba su hermano Rodrigo. Fue justo cuando la armada de la Santa Liga, a las órdenes de don Juan de Austria, iba a enfrentar la amenaza turca, acrecida por la conquista de Chipre. Lo embarcaron en la galera "Marquesa" y en la batalla de Lepanto recibió dos disparos de arcabuz en el pecho y un tercero le hizo perder el uso de la mano izquierda; de ahí el sobrenombre "Manco de Lepanto".

Una vez recuperado de sus heridas en Messina, Sicilia, Cervantes tomó parte en las acciones militares llevadas con desigual fortuna, en 1572, por don Juan de Austria en Navarin o Pilos, en Grecia, y en 1573 en Tunicia, en África. Con su hermano Rodrigo decidieron entonces regresar a España para cobrar el premio de sus servicios, con cartas de recomendación de don Juan y del duque de Sessa. En 1574, durante una estada en Nápoles, Italia, Miguel de Cervantes embarazó a una muchacha de nombre Silena, con quien tuvo un hijo, a quien bautizaron Promontorio. Luego se embarcaron en la galera 'El Sol' y el 26 de septiembre de 1575 cayeron en manos del corsario turco Arnaut Mamí, en las inmediaciones de las costas catalanas, no lejos de Cadaqués. Fueron llevados presos como esclavos a Argel.

El cautiverio de cinco años dejó profunda huella en su obra. Su familia hizo grandes esfuerzos por conseguir su libertad y lo logró el 19 de septiembre de 1580, al precio de 500 ducados, pagados por los padres trinitarios a través del religioso Juan Gil. Cervantes regresó a Madrid y a pesar de presentar informe de sus servicios, no consiguió recompensa alguna. Viajó a Tomar, Portugal, contactó a altos dignatarios y apenas consiguió que se le encargara, entre mayo y junio de 1581, una breve misión a Orán (Argelia). En 1582 solicitó trabajo en las Indias, pero le fue negado. Volvió entonces a Madrid, donde tuvo amores con Ana de Villafranca o Ana Franca de Rojas, esposa de un tabernero, con quien tendría a Isabel, nacida en 1584. En diciembre de ese año casó con Catalina de Salazar y Palacios, hija de un hidalgo recién fallecido, de Esquivias, tierra de viñedos y olivares, donde se quedó a vivir sin perder contacto con los medios literarios de la Corte. Con Catalina no tuvo hijos. En junio de 1587 Cervantes se radicó en Sevilla y conseguió un empleo como comisario, encargado del suministro de trigo y aceite a la flota de la expedición naval contra Inglaterra, decretada por Felipe II. Recorrió los caminos de Andalucía para hacer requisas que fueron muy mal recibidas por los campesinos ricos y los canónigos prebendados, aun más reticentes después del desastre de la Armada Invencible en 1588. Por este trabajo fue excomulgado.

De nuevo intentó conseguir trabajo en el Nuevo Mundo y presentó el 21 de mayo de 1590 su hoja de servicios acompañada de una petición para ser enviado o al Nuevo Reyno de Granada (hoy Colombia), o a la Gobernación de Soconusco (hoy Ciudad de México), o de contador de galeras en Cartagena (Colombia) o como corregidor de La Paz (Bolivia). Las solicitudes le fueron negadas. En 1592 Cervantes volvió a la cárcel, acusado de la venta ilegal de 300 fanegas de trigo. Sus adversarios lo acusaron por los abusos de sus ayudantes, hasta que salió libre en abril de 1594, cuando se puso fin al complejo sistema de comisiones iniciado siete años antes. En agosto de ese año fue ofrecida a Cervantes Saavedra, que cuatro años atrás había cambiado su segundo apellido, Cortinas, una nueva comisión que lo llevó a recorrer el reino de Granada para recaudar dos millones y medio de maravedíes de atrasos de cuentas. Pero la bancarrota del negociante Simón Freire, en cuyo banco había depositado lo recaudado, obligó al juez a enviar otra vez a Miguel a la cárcel real de Sevilla.

En 1600 fallece su hermano Rodrigo. Cervantes vivía en Toledo y en 1603 en Valladolid, ciudad elegida por Felipe III como su nueva sede del reino. Allí conoció al editor Francisco de Robles y en los últimos días de diciembre de 1604, salió de las prensas madrileñas de Juan de la Cuesta un volumen de 664 páginas, en 83 pliegos, cuya portada anunciaba El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. En marzo de 1605 fueron publicadas en Lisboa dos ediciones piratas y entró al telar la segunda edición madrileña, a la vez que fueron enviados a las Indias los primeros ejemplares.

En 1606 se radicó de nuevo en Madrid. Durante los diez años que le quedaban de vida, sólo viajó a Alcalá de Henares, su pueblo natal, y a Esquivias. Tuvo desavenencias con su hija Isabel y sus dos yernos sucesivos por asuntos de dinero y por la posesión de una casa. Entre 1609 y 1610 Miguel enfrentó una sucesión de muertes: la de su hermana Andrea, la de su nieta Isabel Sanz, seis meses más tarde, y la de Magdalena su hermana menor. Tal vez deban relacionarse estos sucesos con un acercamiento cada vez mayor del escritor a la vida espiritual, pues en abril de 1609 se afilió a la Congregación de los Esclavos del Santísimo Sacramento. En julio de 1613 fue admitido como novicio de la Orden Tercera de San Francisco, a semejanza de su mujer y sus hermanas.

En tanto apareció la continuación de las aventuras de don Quijote y Sancho, una segunda parte anunciada por el autor al final de la primera, con la promesa de que la última salida del ingenioso hidalgo acabaría con su muerte. Pero antes en Tarragona salió un segundo tomo de las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, compuesto por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas, un Quijote falso. El prólogo, atribuido a Lope de Vega, hirió profundamente a Cervantes, al invitarle a bajar los humos y mostrar mayor modestia, además de burlarse de su edad y acusarle, sobre todo, de tener "más lengua que manos" -aludiendo groseramente a la limitación de su brazo izquierdo- y concluyendo: "Conténtese con su Galatea y comedias en prosa, que eso son las más de sus novelas: no nos canse". Cervantes contestó con dignidad. En su segunda parte, hizo que don Quijote hojeara el libro de Fernández de Avellaneda e incorporó a la trama a don Alvaro Tarfe, uno de los personajes inventados por el plagiario, dándole oportunidad de conocer al verdadero Quijote y comprender que el héroe de Fernández de Avellaneda se hizo pasar por él. En los últimos días de noviembre de 1615, salió a luz la verdadera segunda parte del 'Ingenioso caballero don Quijote de la Mancha'.

El 2 de abril de 1616, poco antes de morir, Cervantes pronunció los votos religiosos definitivos. Mientras tanto, salieron nuevas ediciones del Quijote en Bruselas en 1607, Madrid en 1608, Londres en 1612 y París en 1615. Durante sus últimos meses dedicó las pocas fuerzas que le quedaban a concluir otra empresa iniciada hace tiempo, 'Los trabajos de Persiles y Sigismunda'. La concluyó cuatro días antes de su muerte, el 18 de abril de 1616, día en que recibió los últimos sacramentos. El 20 de abril dictó de un tirón el prólogo del 'Persiles' y concluyó dirigiéndose al lector: "Mi vida se va acabando y al paso de las efemérides de mis pulsos, que, a más tardar, acabarán su carrera este domingo, acabaré yo la de mi vida. Adiós gracias, adiós donaires, adiós regocijados amigos, que yo me voy muriendo y deseando veros presto contentos en la otra vida". Este libro fue publicado en 1617.

El viernes 22 de abril de 1616 Miguel de Cervantes falleció, agobiado por la diabetes, enfermedad sin remisión en aquella época y no por la supuesta hidropesía que le diagnosticaron. Al día siguiente, en los registros de San Sebastián, su parroquia, se consignó que su muerte ocurrió el sábado 23, de acuerdo con la costumbre de la época que sólo quedaba con la fecha del entierro; justo en el mismo momento, al otro lado del Canal de la Mancha, en Inglaterra, moría el dramaturgo William Shakespeare. Cervantes fue inhumado en el convento de las trinitarias, según la regla de la Orden Tercera, con el rostro descubierto y vestido con el sayal de los franciscanos. Sus restos fueron dispersados a finales del Siglo XVII, durante la reconstrucción del convento.

En 1617 las dos partes de su obra inmortal fueron publicadas juntas en Barcelona. Desde entonces el Quijote se convirtió en uno de los libros más editados del mundo y, con el tiempo, traducido a todas las lenguas con tradición literaria.

EL LIBRO

Don Miguel nos cuenta que la obra fue "engendrada en una cárcel", probablemente la de Sevilla, a donde fue a parar el autor durante tres meses en 1597. Sin embargo algunos estudiosos dicen que Cervantes pudo comenzarla alrededor de 1591 o más adelante. De cualquier forma, en 1604 Cervantes presentó al Consejo de Castilla el original de la novela, solicitando la imprescindible licencia para imprimirla. En septiembre de 1604 obtuvo el privilegio real, equivalente al permiso de publicación, después de que el original fuera leído por los censores. Se tardó poco más de dos meses en la revisión e impresión y el 20 de diciembre del mismo año fue tasada en 290 maravedís y medio, como precio de venta. En el papel se gastó casi la mitad del presupuesto (al autor le tocaría alrededor de un quinto). Aproximadamente la cuarta parte del total estaba destinada a pagar, a siete reales y medio por resma, la composición e impresión del libro. Esa labor le fue encargada a la imprenta de Pedro Madrigal, propiedad de su viuda y que dirigía su yerno Juan de la Cuesta. El Quijote debió de leerse ya en Valladolid para la Nochebuena de 1604, mientras a los madrileños sólo les fue posible en enero de 1605. Don Quijote salió a la venta, en la casa de Francisco Robles, librero del rey, con fecha de 1605. La obra tuvo un éxito inmediato. En ese mismo año, varios volúmenes viajaron a América, sueño que no pudo cumplir su autor. A la par, Cervantes recibía las primeras críticas: el haber incluido en medio de las aventuras de El Quijote varias novelitas que no tenían mucho que ver con la trama principal y defectos tales como el variable nombre de la mujer de Sancho Panza - que pasa de llamarse Teresa Panza a Juana y Mary Gutiérrez - y la aparición y desaparición del asno del escudero sin razón alguna. Este último defecto fue motivo de una adición a la segunda edición de la obra, que el propio Cervantes realizó hace 400 años y desautorizaría años después cuando publicó la segunda parte de su magistral novela.

El éxito fue enorme. Esa primera edición europea fue en castellano, la lengua del imperio que dominaba Italia, Flandes, Bruselas, Lisboa y América. El 26 de febrero de 1605, Jorge Rodríguez obtuvo 'lisença do Santo Officio' para publicar la novela en Lisboa. Robles lanzó en marzo una segunda edición de 1800 ejemplares. En 1607 aparece la cuidadísima edición de Bruselas, y en 1608 se publica la tercera edición. En 1612 se hicieron traducciones al inglés y en 1614 al francés, para una clase social adinerada. El éxito del libro fue tal que en 1614 aparece una segunda parte apócrifa, firmada por Alonso Fernández de Avellaneda. Espoleado por este falso Quijote, Cervantes acabaría la Segunda parte del ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha en los últimos meses de 1614, y no "la vería toda de molde hasta otoño de 1615". Pero si en 1605 Cervantes revisó y corrigió cientos de erratas, en 1615 le quedaban pocos meses de vida, lo que explica el "penoso desaliño" de esta edición.

En aquellos tiempos estaba de moda la literatura caballeresca con libros que tenían nombres tan sonoros como Sergas de Esplandián, Philesbian de Candaria, Clarián de Landanis, Cirongilio de Tracia o Florisel de Niquea. La locura era un motivo frecuente en la literatura del Renacimiento, como prueban las obras de Ariosto y de Erasmo de Rotterdam. En los modelos tradicionales la cuna del héroe determinaba su vida futura: Amadís era hijo de reyes, nació en Gaula y estaba llamado a ser héroe. Lazarillo nació en el Tormes, era hijo de padres viles y sería un antihéroe. El Quijote vendría a quebrar aquél mundo ideal de honores ultrajados y reparación de dignidades, de aventuras ingenuas y pundonor acrisolado con un toque de realismo, con un aterrizaje crudo que alteraba los arquetipos de nobleza convencionales. Cervantes no especificó la cuna, ni la genealogía, ni el nombre exacto de don Quijote para que pudiese caminar libre de todo determinismo, creando su propia realidad. Por ello, a partir del Quijote, la vida del personaje literario será más libre.

Don Quijote actúa como un paranoico enloquecido por los libros de caballerías. Unos lo consideran un loco rematado, otros creen que es un loco con intervalos de lucidez. En general se admite que don Quijote actúa como loco en lo concerniente a la caballería andante y razona con sano juicio en lo demás. En la época de Cervantes los caballeros habían desaparecido hacía ya mucho tiempo; apenas quedaban unas cuantas obras literarias que hablaban de esos legendarios personajes y de sus hazañas, las cuales hicieron que don Alonso Quijano, el personaje central de la obra, enloqueciera con sus lecturas. Hidalgo quería decir hijo de algo, es decir, que tenía tierras, ganados, vasallos, castillos y a su vez era vasallo de un noble. Con el tiempo empezaron a decaer los caballeros, hasta el punto de que cualquiera que tuviera un caballo, un pedacito de tierra, un vasallo y fuera hombre libre, era aceptado como caballero, lo cual fue el comienzo de las burlas de Cervantes, a través de don Quijote y Sancho.

El nombre Sancho fue tomado de la dinastía de Sancho García, quien gobernó Castilla entre 995 y 1017. Después descollaron Sancho II o Sancho el Mayor, muerto en 1035, Sancho III de Castilla, quien asumió como tal en 1157 y Sancho IV, quien murió en 1295. La palabra quijote designa la pieza de la armadura que cubría el muslo del caballero y otra acepción es la parte superior del anca de los caballos, dos sitios igualmente poco nobles. Y para completar, puso a Don Quijote como señor de la Mancha, la zona más árida y desértica de la Península Ibérica, donde no abundaba la nobleza. De tal forma, al caballero e hidalgo Cervantes le puso un nombre común y silvestre, de partes vulgares, y al escudero bruto, materialista y segundón, el nombre de nobles y altos abolengos, parte del humor negro de Cervantes, quien destila ironía y sarcasmo en su obra.

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha es un libro divertido, rebosante de comicidad y humor, creado con el ideal clásico del deleitar aprendiendo. Es una obra para todos los lectores, según las capacidades de cada cual. Su ambición de totalidad abarca desde el lector más inocente hasta el más profundo, de modo que todo cuanto preocupa al ser humano fue incluido en sus páginas. La parodia y la burla se extienden a buena parte de los textos, en especial el prólogo, verdadera pieza magistral, y los poemas puestos en boca de personajes de libros de caballerías dedicados a los protagonistas de la novela, así como la burlesca poética justa del final. Pero el Quijote significa mucho más que una invectiva contra los libros de caballerías. Por la riqueza y la complejidad de su contenido, estructura y técnicas narrativas, admite muchos niveles de lectura e interpretaciones: puede considerarse una obra de humor, una burla al idealismo humano, una destilación de amarga ironía, un canto a la libertad, entre otras muchas cosas más.

También es una asombrosa lección de teoría y práctica literarias. Entre otros aportes, el Quijote ofrece un panorama de la sociedad española en su transición de los siglos XVI al XVII, con personajes de todas las clases sociales, representación de las más variadas profesiones y oficios, muestras de costumbres y creencias populares. Sus dos personajes centrales, don Quijote y Sancho, son una síntesis poética del ser humano. Sancho representa el apego a los valores materiales, mientras don Quijote es la entrega a la defensa de un ideal libremente asumido. Pero no son dos figuras contrarias, sino complementarias, que muestran la complejidad de la persona, materialista e idealista a la vez. Don Quijote representa una concepción del amor caballeresco sustentada en la tradición del amor cortés. Por eso, antes de cada aventura, don Quijote invoca siempre a su amada Dulcinea del Toboso y pide su amparo, porque ella es su señora y por ella se fortalecen las virtudes del caballero. Es también modelo de aspiración a un ideal ético y estético de vida. Se hace caballero andante para defender la justicia en el mundo y desde el principio aspira a ser personaje literario. En suma, quiere hacer el bien y vivir la vida como una obra de arte. El Quijote es una gran síntesis de vida y literatura, de vida vivida y vida soñada, una genial integración de realismo y fantasía y una insuperable manifestación de las dificultades de novelar las complejas relaciones humanas desde múltiples perspectivas abarcadoras de la realidad siempre escurridiza. Todo lo humano es relativo, esta es la base de la generosa comprensión cervantina, que evita los dogmas y huye de simplificaciones.

DON QUIJOTE EN AMÉRICA

Irving Leonard, en su obra "Los libros del conquistador" realizó un cuidadoso rastreo de los primeros libros que iluminaron a América. La llegada de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha a América se conoce con exactitud gracias al Archivo de Indias. En el galeón "Espíritu Santo" se enviaron en 1605 a México, a Clemente de Valdés vía San Juan de Ulúa, 262 ejemplares de la obra de Cervantes. A Cartagena de Indias se remitieron primero tres ejemplares para Juan de Zaragoza y luego un segundo embarque de cien ejemplares para Antonio de Toro. Pero esos no fueron los únicos ejemplares que llegaron porque muchos de los viajeros que venían en esa flota leían el libro en sus camarotes, tal como atestiguaron los revisores de la aduana de Veracruz que subieron a bordo tan pronto anclaron los buques. Era usual que los inquisidores subieran a bordo de los barcos a investigar la existencia de literatura prohibida y se solía interrogar a los viajeros al respecto. Por ello ha llegado a saberse que en el galeón "Nuestra Señora de los Remedios" el sevillano Juan Ruiz de Gallardo, de 26 años de edad, admitió que se había distraído a bordo leyendo el Quijote. Y en el "San Cristóbal", otro sevillano, Alonso López de Arze, de 25 años, admitió que traía en su equipaje un ejemplar de la novela de Cervantes.

Los galeones que cruzaban el Atlántico solían estacionarse en Cartagena y de ahí surcaban hacia Portobelo, donde descargaban su mercancía que en recuas de mulos atravesaba el istmo y la entregaban en Panamá. Por flota de cabotaje eran llevadas entonces a Lima. En marzo de 1605 un librero de Alcalá de Henares, Juan de Sarriá, condujo a Sevilla, a lomo de burros, sesenta y un bultos de mercancías en las cuales venían cuarenta ejemplares de El Quijote. Esa carga venía destinada a Miguel Méndez, en el Virreinato del Perú. En el tramo entre Portobelo y Panamá la lluvia caló la carga y fue necesario deshacer el empaquetado y desechar noventa libros destruidos por efectos del agua, pero solamente uno era del Quijote así que 39 copias llegaron exitosamente, más tarde, a Lima. Pero, según las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma el primer ejemplar del Quijote que llegó a Lima fue el del conde de Monterrey, Virrey del Perú, y procedía de Acapulco. De cualquier forma todas las evidencias nos indican que las páginas de Don Quijote, desde su primera edición, no han cesado de fluir de un lado a otro del continente.

LAS CELEBRACIONES

Muchas capitales del mundo, desde Ciudad de México a Belgrado pasando por París, Budapest, Zagreb, San Petersburgo, y cientos de ciudades de España, incluida Alcalá de Henares, serán escenario de más de dos mil exposiciones de pintura, grabados, ilustraciones y ediciones referentes a los 400 años de Don Quijote, en unos 50 idiomas. También habrá multitud de congresos, debates, conciertos, obras de teatro, títeres, ciclos audiovisuales, concursos y hasta un "Congreso de Molinología".

En Francia, la celebración empezó en el Instituto Cervantes de París con el seminario "Por qué llamamos clásicos a los clásicos", donde se presentó a El Quijote como "pieza fundadora de un género literario -la novela- pero también de viaje a los estratos más profundos de la vida y la experiencia humana". En junio la Universidad de París reunirá un coloquio internacional de cervantistas, con el tema "Releyendo el Quijote 400 años después". En Nápoles fue inaugurada la exposición "Don Quijote y la utopía posible". Londres centra la conmemoración en conferencias con catedráticos de la Universidad de Oxford y en la proyección de películas organizadas por el Instituto Cervantes de la capital británica. La Biblioteca Real de Bruselas mostrará en noviembre unas 200 ediciones de El Quijote impresas en español, francés y neerlandés en los siglos XVI y XVII. Los tapices del Quijote' o 'La Historia o Fábula de Don Quijote de La Mancha', colección de 19 telas pertenecientes a la corona española que encargó el rey Felipe V a las Manufacturas de Bruselas en el Siglo XVIII y que narran escenas de la primera parte de El Quijote, es una de las más atractivas exposiciones, esperadas en museos de Dallas, EE. UU. y Bruselas, entre otras ciudades este año.

Otros actos importantes son los congresos de Madrid (marzo, septiembre y octubre) y Sevilla (mayo), la exposición "La sombra del Quijote" de abril a octubre del 2005 en la Biblioteca Nacional de Madrid y la exposición "Dalí y El Quijote", en Cuenca, España, de noviembre del 2005 a enero del 2006, la muestra itinerante "400 años de Don Quijote por el mundo" en España y en ferias internacionales del libro, la muestra Imágenes del Quijote', en seis museos del sur de Francia, de enero a marzo. También el Ballet Nacional de Cuba representará la versión de su directora Alicia Alonso de 'Don Quijote' en diez ciudades de Valencia.
Las notas que aquí presentamos a nuestros lectores han sido tomadas de diversos ensayos y articulos periodísticos publicados por NTC que en Cali, Colombia, dirije nuestro buen amigo Gabriel Ruiz (ntc@andinet.com), entre ellos "Don Quijote, cabalgando en su cuarto Siglo" de Liliana Martínez Polo, Diario El Tiempo, Santafé de Bogotá, Colombia, 31.12.2004; "El quijote I a IV" de Hollman Morales, Maria Antonia Garcés entre otros, en la Gaceta Domincal del Diario El País, Cali, Colombia, 12. 12. 2004; "Don Quijote en América, 4º aniversario" de Lisandro Otero, en Rebelión del 17-01-2005; el sitio en internet www.elcultural.es .

Poemario 
Rolando Revagliatti

Poemas del libro Ardua - Rolando Revagliatti

Rolando Revagliatti nació en 1945 en Buenos Aires, Argentina. Ha publicado desde 1988 catorce poemarios (Trompifai, Tomavistas, Ripio, Propaga, Pictórica, Sopita, etc.), dos volúmenes con cuentos y relatos (Historietas del Amor y Muestra en Prosa) y uno con sus piezas teatrales (Las Piezas de un Teatro). Su quehacer literario se ha difundido en once idiomas, en numerosos medios gráficos y electrónicos, así como en casetes, recitales y espectáculos.

YA CASI

Ya casi no vivo:
estoy atrapada

Atrapada en una familia:
la mía.


ENAMORADA

Enamorada de mi miedo
es mucho el frío que hace
donde me interno:

la tapa de mis sesos.


A UN PAÍS

A un país
súbitamente lejano

se me van
espantadas

la senectud de mi amado
y mi niñez.


SERÉ, SI NO

Seré dichosa si no
te decepciono

Deberé trasuntar que no sé
lo que aprendí
lo que siempre intuí
y luego confirmé

Seré dichosa si no
te decepciono.


USUALMENTE

Él me dice usualmente esas cosas extrañas
y me abraza

Termino casi siempre sabiendo qué soy

Después
huye.


RECONOCIDA Y DESLEAL

Reconocida y desleal
aún segrego tus efectos personales

Bien sé que no todo es quedarse
ni acomodarse
en las fronteras

Trémula
como mi madre cuando dio conmigo
cavándote mis rictus de presa
morí cómica

Yo con vos no tengo
ni un soberbio fracaso.


YO SOY LA BUENA MUJER

Yo soy la buena mujer
que se consiguió el Alberto
por consejo de su madre
la mejor amiga de la mía

Dócil, apacible, soy buena
Resignada, soy buena
Insignificante, soy lo que también
el médico le recomendó
al Alberto.

LUCIMIENTO

La cabeza
del ruín de mi esposo
-reciente decapitado-
y archienemigo de mi amante

luce
como flor azteca
en el ya impresionante florero
desde siempre advertible
encima del bargueño
del comedor.


VIUDA, CAMINO ACOMPAÑADA

Viuda
camino por el campo acompañada por mis perros

Lo que extraño, viuda reciente
lo que añoro
es aquella, mi juventud
de inmovilidad.


SÓLO PARA ESTAR MÁS CERCA

Sólo para estar más cerca de Dios
extremando mi cristiandad
realizo
pragmática, facilitadora
la concupiscencia
con sus ministros.


HOMBRES TAN

¿Y qué hacen esos hombres allí
tan ebrios
con sus caballos
aguardándome?

Tan rudos
¿qué hacen estos hombres aquí
con sus caballos
cercándome?

¿Qué hacen sometiéndome
matándome
así?

¿Qué cumplen?


ESTÁ EN COMA

Está en coma

¡Así que por eso
me dejó plantada
en esta esquina!

Reflexión:
es un motivo poderoso
el que se eligió
para no acudir
a la cita

Qué duda cabe

Aunque cabe
en el jodido
fondo de mi alma

el desaire.

 

Dirección: Bogotá 2466, RA-1406 Buenos Aires - ARGENTINA
E-Mail
: revadans@yahoo.com.ar

Narrativa 
Georg Bydlinski

Madrugador - Georg Bydlinski

Georg Bydlinski nació en Graz, Austria, en 1956. Vive con su mujer y sus cuatro hijos en Mödling, cerca de Viena. Estudió anglística y pedagogía religiosa en Viena y profesionalmente es escritor desde 1982. Bydlinski escribe poemarios, cuentos y libros para niños. Junto a Käthe Recheis ha seleccionado y transcrito dichos, conocimientos y poemas de indígenas americanos al idioma alemán. Por sus cerca de 50 libros ha sido destacado con numerosos premios. En sus viajes de lectura Georg Bydlinski no lleva solamente libros en su valija: también lo acompaña su guitarra. El ha dado música a textos suyos para chicos y grandes y en sus lecturas presenta también sus canciones.

Madrugador

El semáforo estaba en verde en la calle aún casi vacía. Brunner tomó la bifurcación hacia la urbanización. Parqueó su Golf en el costado occidental; en la semioscuridad le fue difícil encontrar entre el alumbrado público un estrecho hueco para parquear. Cuando el auto se detuvo, Brunner dejó encendido el motor, hacía frío. Miró el reloj. Un cuarto para las seis, el tenía tiempo aún. Según el reglamento de trabajo el día comenzaba a las seis en punto. Brunner tomó el termo con el té caliente que había refinado con un poco de ron y bebió. La luz de la iluminación pública alcanzaba hasta las paredes del bloque de hormigón algunos pisos arriba, los pisos altos permanecían en la oscuridad, solamente las ventanas ya iluminadas estaban deslumbrantemente rectangulares, detrás de las cuales se movían figuras de un lado para otro.
Brunner esperó. Clavó los ojos en la oscuridad que paulatinamente comenzó a iluminarse, como si el día de hoy se propusiera adaptarse al reglamento de trabajo de Brunner. Un poco antes de las seis Brunner bajó del auto y lo cerró con llave. Eligió uno de los senderos entre los bloques habitacionales, que eran bastante espesos en esa parte de la urbanización.
Brunner había adquirido con el paso de los años una aguda mirada para las puertas. Mientras él aún se adentraba por entre los bloques bajos y las casas unifamiliares a lo largo de los singulares edificios, observaba casi compulsivamente cada entrada por donde pasaba. Evaluaba el carácter de sus habitantes por la presentación de sus puertas, algunas casa en hilera tenían canceles de bronce voladizos, como una caja de buhonería, pensaba Brunner, en parte cubiertas con baldosas de cerámica, otras de metal ya carcomido. En varias puertas vio cabezas de león en latón con anillos nasales como llamadores, en otra parte grandes y floridas placas para nombre, en las cuales estaba omitido el nombre de pila del propietario.
Brunner mantuvo su portafolios apretado bajo el brazo derecho y frotó sus frías manos. Ante él se erguía uno de los edificios en el ahora ya cielo gris, la fachada parecía casi confundirse con él. Doce pisos, como en las casas vecinas. El bote de basura delante de la entrada estaba boca abajo, la basura regada y repartida sobre el cesped por el viento. Brunner observó el gigantesco tablero de timbres. Entró en el corredor y oprimió el botón del elevador. La luz alumbró amarillenta pero el ascensor no vino. ¡Suficientemente demolido y él debía subir al décimo piso!
Al subir pensó Brunner en las caras de la gente que el veía cada mañana, caras hostiles, frías, serviles, desesperanzadas. Caras traídas del sueño con su llamado a la puerta, inseguras de si aún soñaban. Personas en levantadoras, piyamas, camas revueltas, el enrarecido olor a sueño, aquí y allá mezclado con fresco olor a café proveniente de la cocina. Rara vez se le ofreció un café, ningún milagro.
La baranda de la escalera del edificio estaba montada muy cerca de la áspera pared de modo que Brunner casi se raspa los dedos. El piso estaba adornado de suciedad, en las paredes rebordes de orina, olía como si durante semanas enteras nadie hubiese aireado. En una pared, grande, el nombre de un club de fútbol escrito con spray junto a una esvástica. Y naturalmente casi en cada descansillo de la escalera dibujos, garabatos, mujeres desnudas con piernas esparrancadas, penes sin el correspondiente cuerpo y los aforismos, a menudo rimados, con muchas faltas de ortografía.
En el quinto piso Brunner miró a través de la ventana. Vio el sol, como una moneda que salía rompiendo del brumoso cielo, claro, con bordes excesivamente acentuados. Los contornos de las construcciones al este en cambio no ofrecían ningún punto de reposo para el ojo, trepados uno sobre el otro como cubos aparecían cual juguetes de hormigón juntados, opuestos, montados por los frentes de los ventanales, los techos y balcones.
Brunner continuó subiendo, resollaba por el esfuerzo. Cuando en el séptimo piso miró de nuevo por la ventana, vio a una cierta distancia una vieja casa pintada de verde con un cobertizo de madera que había sido rodeada por la urbanización. Brunner no encontró a nadie en la escalera. La insignia la traía escondida, los sellos de embargo estaban listos en el portafolios. En la tarde anterior había llenado los formularios, día y lugar del remate, y enumerado los objetos embargados, juegos de video, aparato de televisión, diccionario enciclopédico ...
En aquellas viviendas habitaban muchos casos sociales, eso él lo sabía bien, gente que había sido trasladada de las barracas que se hallaban un par de cuadras de distancia de en aquel lugar; allá habían vivido apretujadas en espacios pequeños, aquí tenían por fin espacio, una vivienda, blanqueada, con paredes peladas que se debían primero arreglar para ser debidamente usurpadas. Apenas alguien si pensaba en los costos de los muebles adquiridos en la empresa de ventas por correspondencia, "también posibles de pagar a plazos". La inusitada calefacción central debía ser solamente girada a fin de obtener calor, la Central de Caleffacción enviaba facturas, más tarde avisos de apremio, y cuando todo esto no servía se le llamaba a él, a Brunner.
A Brunner el corazón le palpitaba agitadamente de tanto subir escaleras, no estaba en forma, quizás debía rebajar de peso. En el décimo piso buscó la puerta, estaba pintada de rojo naranja como todas las demás puertas en ese y todos los demás pisos, el único indicio era el letrero con el nombre debajo del ojo de mirilla. Brunner llamó a la puerta, el timbre sonó estridentemente. Brunner timbró una segunda vez. El escuchó pasos detrás de la puerta. Nadie abrió. Brunner timbró de nuevo, ahora contuvo la respiración. Plantó por delante su portafolios y colocó una oreja en la puerta. ¡Abran! Dijo Brunner. "¡La autoridad! ¡El juzgado de ejecuciones!" y después: "¡Si usted no abre, regreso entonces con un cerrajero!".
Brunner sudaba, condujo la palma de la mano sobre la frente. Abrió su bolso y escribió un protocolo. Uno de los formularios de embargo, de los que fueron colgados en la oficina municipal, cayó en el mugriento piso del pasillo, Brunner lo dejo allí tendido. Al descenso se le pasó por la mente el hombre que en la mañana anterior se matara en su propia vivienda donde se celebraba el remate; lo encontraron en el cuarto de baño, vestido, tendido en la bañera, se había abierto las venas del pulso con una cuchilla de afeitar. Sus ojos miraban fijos en dirección a la puerta, como si temiera ser descubierto antes de tiempo. En el quinto piso comenzó Brunner a alegrarse sobre la jornada laboral de la tarde, en el claro y cálido despacho.

Traducción: Luis Alfredo DUARTE HERRERA

Dirección: Passauerg. 14/4, 2340 Mödling - AUSTRIA
E-Mail
: g.bydlinski@kabsi.at