XICóATL 69

XICóATL

XICóATL: Número 69

XICóATL No 69, Octubre/Diciembre 2004
XICóATL 69

CONTENIDO:

  • Narrativa: Cuentos. Alfredo Di Bernardo
  • Poemario: Poemas. Francisco Azuela Espinoza
  • Poemario: Poemas. Marié Rojas Tamayo
  • Ensayo: La economía social comienza en casa. Luis Alfredo Duarte Herrera

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Narrativa
Alfredo Di Bernardo

Cuentos - Alfredo Di Bernardo

Alfredo Di Bernardo nació en Santa Fe (Argentina) en 1965. Es cuentista y novelista. Ha obtenido premios a nivel local, nacional e internacional. Distintos textos suyos se hallan publicados en revistas literarias dentro y fuera de Argentina. Es socio co-fundador y directivo de la Asociación Cultural El Puente, de Santa Fe. Ha publicado: El Regalador de colores (cuentos), 1993; La realidad y otras mentiras (cuentos), 1999; Informe sobre miopes (novela), 2001. Desde el 2002 edita El Regalador, micropublicación virtual, semanal y gratuita que se difunde mediante correo electrónico.

BREVE HISTORIA DEL HOMBRE ALTO

Hubo una vez un hombre tan pero tan alto, que con sólo ponerse de pie, abrir los ojos y mirar hacia adelante, era capaz de leer las verdades escritas en las nubes. La gente común admiraba su enorme altura. Él, en cambio, renegando abiertamente de su don, profesó toda su vida una melancólica envidia hacia los hombres bajos. Nunca se resignó a su triste suerte de poder descifrar verdades allí donde los otros, plácidos y felices, veían solamente una nube.

DIOS IMPERFECTO

Desde el refugio situado en lo alto de la montaña, el Dios observa incrédulo las columnas de caminantes que, sin cesar, siguen acercándose por los cuatro puntos cardinales. Surgidos desde las entrañas del horizonte, millones de peregrinos marchan jubilosos hacia el lugar, dispuestos a ofrecer su profundo agradecimiento a aquél que los ha salvado.
Vencido por la culpa, el Dios menea la cabeza con melancólica resignación. "No entienden", se dice, "no entienden que todo lo hice por mí". Y vuelve a esconderse, infinitamente avergonzado.

PARALELAS

Geometrilandia es una ciudad muy triste. Por disposición de vaya a saber qué poderoso personaje del pasado, las líneas que allí habitan están obligadas a desplegar sus angostas existencias en la misma dirección y en el mismo sentido. Como nadie se atreve a violentar precepto tan celosamente guardado durante años, no es posible hallar en toda la ciudad ningún tipo de figura.
En medio de este aburrido panorama de uniformidad hay, sin embargo, quienes sueñan aún con el día en que las líneas se decidan al fin a dejar de lado tanta rigidez y se entrelacen alegremente unas con otras para formar curvas y quebradas. Si esta gloriosa sublevación llegara alguna vez a acontecer, una multitud feliz de círculos y rombos flotaría gozosa esa mañana sobre las chimeneas. Los hexágonos y los trapecios se hamacarían sonrientes en los árboles, los rectángulos y equiláteros brotarían por doquier y el cielo sería un desparramo fenomenal de curiosas espirales, elegantes elipses y graciosos escalenos. La vida de la ciudad se tornaría incomparablemente más bella.
Pero por el momento semejante alteración de las cosas no es posible. Sea por miedo, ignorancia o conveniencia, la mayoría de las líneas son sumisas y nunca cuestionan su patética rectitud, llevando de este modo gran desconsuelo a las otras, las líneas soñadoras, ésas que en las tardes nubladas lloran en silencio su ingrato destino de eternas paralelas, solitarias infinitas, condenadas a no tocarse jamás.

GÉNESIS 3.25

Y dijo entonces Yavé Dios a Adán y a Eva: "Jamás volveréis a pisar sobre esta tierra un paraíso como el que acabáis de perder". Y sin más, les concedió el don de la conciencia.

EL DINERO

El dinero es una herramienta fundamental en la vida del hombre. Tanto, que no resulta ocioso afirmar que el mundo entero gira en torno a él, por y para él. Gracias al dinero se adquiere reconocimiento social, se abren puertas que de otro modo permanecerían estrictamente selladas, se formalizan matrimonios, se alquilan placeres, se estrechan amistades, se traicionan ideales, se clausuran ilusiones, se derrocan gobiernos, se inventan guerras, se conciertan alianzas, se eliminan prejuicios, se forjan sonrisas, se consiguen pases y autorizaciones, se negocian libertades y se obtienen excelentes imitaciones de felicidad, amplia gama de actividades ésta que, dada su cotidianeidad y también el profundo arraigo que han adquirido entre las costumbres humanas, no hacen más que confirmar que, efectivamente, el hombre es una herramienta fundamental en la vida del dinero.

LA REALIDAD

Mi amigo me dijo: "Cuidado con los espejismos; debemos ser realistas". Pero desde entonces no ha dejado de soñar, y soñar, y soñar, y soñar...
Me estremezco al pensar que uno de los dos está equivocado.

EL TUERTO NO ES REY

Un viajero tuerto llegó una mañana a una pequeña aldea perdida en el bosque. Al advertir su presencia, los habitantes del lugar se fueron congregando en torno al recién llegado con gran curiosidad. Cuando el viajero descubrió que todos ellos eran ciegos, pensó conmovido que había llegado por fin su oportunidad de serle útil a alguien. Movido por sus mejores intenciones, comenzó entonces a relatarles historias casi mágicas acerca de un mundo misterioso del que nunca habían tenido noticias, un mundo poblado de colores sublimes, paisajes esplendorosos y formas exquisitas.
Al principio, los ciegos se mostraron interesados y escucharon las historias del viajero con un asombro casi infantil. Sin embargo, poco duró su entusiasmo inicial. Por el contrario, a medida que los relatos avanzaban, aboliendo de manera inapelable la noción de realidad que imperaba en el lugar, sus rostros fueron adquiriendo una expresión desolada que, al cabo de unos minutos, se volvió decididamente hostil. Un creciente rumor de indignación nació de aquella pequeña multitud hasta derivar en una catarata incontenible de insultos y amenazas.
El viajero tuerto no alcanzó a comprender el origen de estas reacciones. No tuvo tiempo. Antes del mediodía, los ciegos lo lincharon, enfurecidos por la inocente crueldad de quien había despertado en ellos la inútil conciencia de una realidad tan maravillosa como fatalmente inaccesible.

LOS ÁNGELES Y LOS PUENTES

Hay ángeles que, a su manera, son ingenieros. Rozan a la gente con sus alas y, con ese suave toque celestial, la incitan a levantar puentes. Entonces, esperanza sobre esperanza, la gente se pone manos a la obra y, con más entusiasmo que habilidad, se lanza de lleno a construírlos. Y aunque los puentes resultan casi siempre frágiles y efímeros, las personas caminan sobre ellos, se encuentran, pueden amarse, son felices y se ríen desde lo alto mientras miran, con cierto alienado desdén, a los seres aparentemente tan seguros y tranquilos que permanecen abajo, atados al suelo.
Pero existen también ángeles perezosos que odian la ingeniería e inoculan a la gente su propio recelo hacia este tipo de construcciones. Entonces, la gente se queda quieta, segura y tranquila, se acurruca en sus miedos y mezquindades, permanece en tierra sin ganas de levantar puentes, y al mirar cada tanto para arriba se pregunta, con envidiosa indignación, qué es lo que hacen esos seres aparentemente tan felices suspendidos en el aire.

ARTISTA FRENTE AL MAR

Lenta, muy lentamente, el hombre se fue acercando hacia el borde del acantilado. La mujer sentada en las rocas lo contempló con atención desde el fondo de un silencio profundo y expectante. Observó su respiración agitada, su barba naciente, sus cabellos descuidados, su camisa clara maltratada por el viento. Había algo en él -cierta actitud de entrega a lo absoluto, la expresión desolada de sus ojos- que lo tornaba, al mismo tiempo, majestuoso e indefenso. La mujer reparó también en la firmeza con que cerraba una de sus manos y entrevió la causa, adivinó en ella la presencia de la pequeña joya en la que -según contaban en el pueblo- el hombre había estado trabajando con obsesivo fervor durante los últimos meses.
Fue entonces que tuvo el presentimiento. Nada extraordinario estaba sucediendo, pero ella supo que algo inquietante se cernía sobre la momentánea quietud de la escena. Bajo las nubes grises e hinchadas que parecían aplastar al mundo, el olor penetrante del mar fue de pronto un presagio, y el viento un emisario del desconsuelo.
Sin atreverse a intervenir, comprendiendo que no estaba autorizada a modificar un acontecimiento que intuía irreversible, un rito que parecía establecido desde muchos siglos antes, la mujer siguió los sucesos con ojos fascinados: el torso del hombre y su brazo derecho arqueándose hacia atrás, la tensión extrema del cuerpo, el feroz impulso hacia adelante, la maniobra de los dedos al abrirse en un gesto irrevocable.
No tuvo tiempo siquiera de abrir la boca para intentar un grito. La joya dibujó una parábola desesperanzada, refulgió contra el cielo por única vez -ella pudo vislumbrar su hermosura perfecta segundos antes del final- y cayó para siempre en una indiferencia infinita de sal y de espuma.
Hubo en la mujer un reflejo efímero de angustia; luego una mudez de asombro y espanto. En lo alto, un viento triste azotaba los rostros. Abajo, heladas, las olas se suicidaban furiosas contra la barranca.
- ¿Qué vas a hacer ahora? - se animó después a preguntarle, con un susurro quedo que fue casi una plegaria. El hombre no desvió sus ojos hacia ella. Con la mirada vacía, perdida en algún punto indescifrable del océano, dejó pasar unos segundos antes de dar, con voz cansada, la respuesta que ella ya sabía:
- Lo de siempre. Empezar de nuevo.

EL HOMBRE DEL VALS

Imprevistamente, el hombre que ocupa la mesa que da al ventanal se ha puesto a silbar la melodía dulzona de un vals de Strauss, confiriéndole al jueves una fisonomía singular, rayana en lo grotesco. Mientras el silbido recorre el salón con apacible fluidez, disolviendo la habitual monotonía de las tardes en el antiguo café, el solitario autor de esta ruptura permanece absorto, mirando la calle a través de los cristales manchados, sin advertir que los otros parroquianos se han confabulado tácitamente para crear un silencio profundo y burlón que ponga aún más en evidencia su insólita conducta.
Al cabo de unos minutos, el concierto llega a su término y el acorde final deja latente en el aire una tenue sensación de ausencia. Con absoluta naturalidad, el hombre bebe un último trago de café, deja un billete sobre la mesa y se pone de pie. Ensimismado, con aire de estar resolviendo íntimas y complejas ecuaciones, camina callado unos metros, esquiva tres sillas mal ubicadas y detiene su marcha frente al viejo del mostrador. "La realidad no es tan simple como parece", afirma de pronto, con filosófica contundencia, sin hablarle a nadie en particular. Poco le importa la expresión distraída del viejo, poco le importan las sonrisas cáusticas de aquellos que lo escuchan, divertidos, a sus espaldas. Habitante único de un mundo que parece terminar en los bordes mismos de su mente, se limita a disertar para sí mismo, como si los otros no existieran. "En el mundo viven cinco mil millones de personas", sigue diciendo, con voz serena y firme. "¿Por qué no pensar que en este mismo momento una de esas personas acaba de silbar el mismo vals que yo silbé? Tal vez esté escrito desde siempre que los dos hagamos las mismas cosas al mismo tiempo, minuto tras minuto, segundo tras segundo. Pero él y yo vivimos a kilómetros de distancia y nunca podremos comprobar si nuestras sospechas son fundadas".
El viejo lo mira ahora con una atención piadosa; el resto ya no logra disimular la risa. Ajeno por completo a las reacciones que provocan sus palabras, el hombre del vals se acomoda el saco con un suave movimiento de hombros, da unos pasos cansados hacia la puerta y se deja devorar por la calle, por la alienada agitación de una ciudad incapaz de entenderlo.
Los otros, los que se quedan, comentan el episodio y se ríen sonoramente del loco. Amparados en una lógica arbitraria que jamás atinarán a cuestionar, no pueden siquiera imaginar que, en este mismo momento y en un lugar muy remoto, otra gente se ríe de un loco con las mismas carcajadas mordaces e ignorantes.

Dirección: Hipólito Yrigoyen 2628, (3000) Santa Fe - ARGENTINA
E-Mail
: alfdibernardo@ciudad.com.ar

Poemario 
Francisco Azuela Espinoza

Poemas - Francisco Azuela Espinoza

Francisco Azuela Espinoza nació en León, Guanajuato, México, en 1948. Estudió en las Universidades de Guanajuato, Iberoamericana, UNAM y Panamericana de la Ciudad de México, y en las universidades Complutense de Madrid y Laval de Québec. Es miembro de la Sociedad General de Escritores de México, del Consejo Panamericano de la CISAC y de la International Writers Guild. Fue diplomático en las Embajadas de México en Costa Rica y Honduras (1973-1983) y fue condecorado por el Gobierno hondureño con la Orden FRANCISCO MORAZAN. Es autor de El Maldicionero (1981), El Tren de Fuego (1993), La Parole Ardente, (1993), Son las Cien de la Tarde (1996), Ángel del Mar de mis Sueños (2000). Además ha publicado en diversas revistas de España y América. Es Director General y fundador del Centro Cultural Internacional El Cóndor de los Andes - Aguila Azteca, A.C., con sede en Cochabamba, Bolivia. A partir de noviembre del 2001 vive en La Paz, Bolivia, en donde se desempeña como director del Centro Integrado de Documentación e Información (CIDI) del Instituto Internacional de Integración del Convenio Andrés Bello.

Poemas tomados de "LA PALABRA ARDIENTE":

MAYAR I

Soy el otro espacio que no encuentro,
la caída de agua sin altura,
mito sin voz
de un camino sin tierra;
soy el que no sabe de silencios
en este recorrido de mi mismo,
el cansancio y la germinación
de lo que acaba para empezar de nuevo,
el que ahora viene para irse.

Hay un lugar que no alcanzo,
todo lo tengo afuera,
y sin dejar sombra,
la luz se va quitando antes de tiempo.

MAYAR II

Los pies se me acaban
y no llego a la puerta,
ya no sabré decir
si pasé cerca de la taberna
donde llené mi boca de cerveza;
hay muchos ojos encima de mí
y no puedo reconocer a nadie.

Vengo partiendo estrellas
para hacer un camino que se quema,
me dejaré morir entre grillos
entregándolo todo,
creyendo haber cumplido como un sol
que no puede darse sin espacios.

MAYAR III

Es horrible morir cuando se nace,
llorar todos los días,
perderse en la casa de uno mismo,
buscarse,
y al encuentro,
descubrir la sombra ahorcada
de alguien que pasó
cuando todos dormían.
Cansado de todo
vuelvo al otro extremo,
camino hacia atrás
sin desperdiciar un solo paso.

MAYAR IV

He pintado mi palabra de blanco
para bañar las casas de mi pueblo;
ha llegado mi turno
y no quiero preguntarme por qué
en este rojo que llevo en los bolsillos
sólo tengo respuestas.

Ya no soporto oir canciones de carnaval,
comenzaré a repartir
carcajadas de fuego
aunque me den la espalda las ventanas.

Ahora,
¿ Quién me puede decir
si este color no es blanco ?

MAYAR V

Hermano,
poeta de los primeros años
en los que una ilusión te atravesó
las ansias de morir
bajo los abetos y los juncos.

Un nogal recuperó tu aliento
y te fuiste a la otra dimensión del mundo
como un pequeño nardo
que perdió sus aromas,
como un fusil
sin descargar su fuego,
como una voz robándote la vida,
como un volcán silencioso
en el camino hacia tu patria.

MAYAR VI

El río cruza por tu ventana
con su ola de fuego
y tras el cristal,
te ruborizas,
enciendes las luces de la vida.

Yo cruzo la media tarde
como un eco de recuerdos,
como un triste dios dormido
que alimenta sus esperanzas.

Yo me abrazo a tus muslos de ópalo
para oír el eco de las estaciones,
pero este siglo pasa lentamente
como un sueño en tu boca.

Mañana, recostada en mis pies
te llevarás mi espiga dorada
y tu pelo de lluvia,
mañana, tus ojos fatimados de escarcha
ya no se hundirán en el agua.

AZTECAL VI

Sentirse perdido en una ciudad sin habitantes,
- pueblo abandonado por los dioses -,
sentirse un cuerpo
suspendido en una cuerda,
al otro lado de la ventana,
entre luces,
como vuelo de alondras detenidas en el aire.

Aquí no hay nadie,
soy la nota de un quejido,
siete silencios
en los oídos de un sordo.

Un día volveré a respirar
como un ser vivo,
me sentiré cierto,
y superaré esto que nunca avanza.

AZTECAL VII

Alguien me dijo ayer
que la rosa estaba triste,
que tenía una tristeza grande,
como de aquí a tu ausencia.

Yo sé que es cierto, que llora,
aunque esas cosas no se digan
y en este caso,
nadie tiene razón,
el corazón es una piedra roja.

¿ Por qué me duele tanto esa rosa ?

Un día mojaré mis manos de luz
y te amaré
en mi tránsito solidario hacia ti.

AZTECAL IX

Entramos en un cuarto sin luz
con los brazos alzados,
y el temor
de recibir un golpe en la cara,
- un golpe seco y sin sonido -,
fue terrible,
porque tú y yo,
teníamos miedo,
miedo de morirnos en las tinieblas,
no obstante las sombras,
sombras amigas, inconmensurables.

AZTECAL X

Ella me dio su sangre
y nos fuimos a visitar
al hombre de traje oscuro
que nos regaló sus sombras
para seguir el difícil camino.

Entramos por la gran puerta del cementerio
y buscamos entre las flores
el nombre de su madre.

Así,
pasaron cientos de años,
y ella, sentada en el pasto,
echó canciones a la fría lápida
pegada al fondo de la tierra.

Después, ella lloró,
y me dijo en una palabra
todo su silencio,
y me dijo
todo su amor en una palabra.

Dirección: Apartado Postal 2107, La Paz - BOLIVIA
E-Mail
: f_azuela@yahoo.com.ar

Poemario
Marié Rojas Tamayo

 

Poemas - Marié Rojas Tamayo

Marié Rojas Tamayo nació en Cuba el 23 de mayo de 1963. Es escritora e investigadora, licenciada en Economía del Comercio Exterior, en la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana (1985). Por su obra literaria ha obtenido numerosos premios en Venezuela, Argentina, España y los Estados Unidos. Es coautora de Choco (libro-arte), La magia amorosa en las religiones afrocubanas (ensayos) y El libro del Taller de Gráfica de la Habana (fotografía). Sus narraciones y poesías han aparecido en diversas antologías en América y España. Conduce el Taller Literario "El rincón de los niños cubanos" y colabora en el proyecto comunitario "Haciendo almas".Es corresponsal y colaboradora de diversas publicaciones hispanoamericanas codirectora de la revista cultural "Dos islas, dos mares"

FENIX

Ardo en oscura llamarada,
Sólo los eternos conocemos del fuego negro
Que devora las entrañas de la tierra.

Renazco, vivo mi ocaso, muero...
En este existir interminable
Atravesando eras,
Sin envejecer,
Eternamente renovado.

He vivido tanto, tanto he vivido:
Tempestades y calmas,
Maremotos, playas idílicas,
Muerte de doncellas, presagios,
Batallas injustas, cantares, poemas,
Torturas, caricias, eclipses,
Celebraciones, duelos, llantos,
Adioses, retornos, risas,
Amores y olvidos.

Con el ir y venir del equinoccio
Continúan naciendo reyes, reinas,
Putas y mendigos,
Que al morir vuelven a la tierra
Siendo simple abono
De flores futuras.

Mientras yo permanezco
Inflexible, invariable,
Armonioso, perfecto, sin mácula,
Esperando ese día
En que alguien, por azar,
Disperse de un soplo mis cenizas al viento
Y éste las lleve tan lejos
Una de otra, tan distantes
Como estrellas,
Para que nunca más puedan reunirse.

He visto tanto, tanto he visto,
Que he aprendido
Que no vale la pena
Vivir para siempre.

Internet: http://perso.wanadoo.es/tomeu_adrover/dosislas.html
E-Mail: tgrafica@cubarte.cult.cu

Ensayo
Luis Alfredo Duarte Herrera

La economía social comienza en casa - Luis Alfredo Duarte Herrera

Estamos de acuerdo: en la actual coyuntura política yo también tomo partido por la llamada economía social, a pesar de que el concepto constituye una verdadera Torre de Babel, en contra de la economía de mercado neoliberal que tan nefastas consecuencias está teniendo para la gran mayoría de la población mundial y el medio ambiente. Por eso, en materia económica, quiero recordarles la existencia de un viejo conflicto que precisa ser colocado en el puesto prioritario que ha ocupado siempre en la historia del capitalismo y que hoy en día es ignorado inocente o descaradamente: este conflicto es el del trabajo con el capital.

En el mundo occidental, tanto en las sociedades ricas como en las sociedades pobres, los partidos políticos de derecha, de centro y de izquierda, experimentan la más pueril deificación del capital que el planeta haya conocido en toda su historia, a costa de la explotación y la sangre de trabajadores y desposeídos del mundo, a costa de la continuación de relaciones humanas degradadas y a costa muy especialmente de la salud y el habitat natural del hombre y de millones de especies que también tienen derecho a la existencia. No sé que tiene que ver con una la construcción de una nueva sociedad y un nuevo mundo, el hecho de que cada ser humano tenga "su precio" (en dólares), que cada niño que llega al mundo en los países pobres tenga una deuda de mas de 3.000 dólares como bienvenida al planeta, o que las personas, en todas las sociedades "occidentalizadas", sean valoradas y respetadas por lo que tienen materialmente.

Esta deificación del capital, o en términos más precisos del dólar americano, mantiene intactas las viejas relaciones serviles en las sociedades que han logrado su riqueza con base en la guerra, el bandidaje y la explotación. Esta deificación del capital tiene un carácter destructivo de primer orden para el planeta, acrecentado y sutilizado por los recursos tecnológicos, no sólo en lo económico, sino también en lo ambiental, cultural y psicológico, en lo individual y lo social, para los distintos pueblos de todas las latitudes. En tal sentido, hoy como ayer, los pueblos, a través de sus gobiernos, siguen de rodillas frente al todopoderoso capital, mientras quienes sólo tienen su fuerza de trabajo siguen siendo tratados con desprecio o con desdén.

Son muchos los puntos importantes en el camino de construir una sociedad regida por la paz, el bienestar y la solidaridad entre sus componentes, pero definitivamente el factor primordial lo constituye el individuo: las transformaciones deben comenzar en cada uno de nosotros, en una interacción permanente y acorde con las políticas sociales que pensamos y promovemos.

Gracias a la tecnología vivimos una globalización en un grado tan acelerado y diverso como nunca jamás la humanidad experimentó en toda su historia. Y hoy en día, la decisión de a dónde debe conducir este proceso, está en las manos de todos y cada uno de nosotros, esté es el primer grado de conciencia que cada individuo debe tener muy claro si quiere vivir en una verdadera democracia. Quienes aplican las políticas neoliberales privilegian esencialmente la libre circulación de bienes materiales como factor esencial de lo que ellos entienden por "progreso" para los pueblos del mundo. De tal modo nos vemos enfrentados hoy en día a un llamado "crecimiento" totalmente absurdo y brutal, que va dejando a su paso grandiosos problemas ambientales generados por el transporte de mercancias, por las grandes cantidades de contaminación física y mental para los individuos y de basura para la sociedad, por la expansión de multinacionales que nada tiene que ver con la salud o el bienestar de la humanidad como las multinacionales petroleras, las grandes industrias cerveceras y de licores, los grandes carteles productores de tabaco y otras tantas nefastas industrias como cocacola, macdonalds, redbull, etc., los carteles productores de alimentos reelaborados de baja o mala calidad, o de productos de primera necesidad tales como vestidos, materiales de construcción, etc. que son elaborados con base en la explotación de los trabajadores. Todo esto sin entrar a tocar un tema bastante delicado que nunca jamás se menciona en estos foros, como si careciera de importancia: las industrias de la muerte tales como las fábricas de armamentos, los ejércitos y las industrias de animales para el consumo humano.

Política, economía, ética y moral no pueden estar ni siquiera por un momento desligadas entre sí a la hora del pensamiento y de la acción, en ese asunto que esencialmente a todos nos preocupa: la felicidad y el bienestar del mundo, del hombre y de la sociedad. Economía política, ética y moral no pueden estar desligados en ninguna forma, porque la ausencia de uno de estos factores, de inmediato repercute negativamente en los otros.

Estoy firmemente convencido de que el problema primordial del mundo en el actual momento lo constituye la salud humana: tanto la salud física, como la salud mental y la salud espiritual de cada uno de nosotros. Es imposible desde todo punto de vista que pueda generarse un pensamiento lúcido, tanto individual como social, en el actual estado de intoxicación física y psicológica en la cual está sumergida la mayor parte de la humanidad. Estoy seguro de que un cuerpo intoxicado mediante el consumo de cadáveres de animales, mediante el consumo de alcohol, de cofeína, de teína, de nicotina, ésto solamente para hablar de los estimulantes permitidos oficialmente de los cuales el Estado y los particulares derivan grandes ganancias económicas, un cuerpo intoxicado por exceso de consumo o por carencia de los más mínimos nutrientes, un cuerpo en tales condiciones no puede producir pensamientos y prácticas acordes con metas más elevadas, tanto individuales como sociales.

Frente a la disyuntiva que nos ofrecen quienes han sido incapaces de crear un mundo en paz ofreciéndonos a cambio una humanidad que, a pesar de poseer una inmensa cantidad de recursos tecnológicos, en su gran mayoría vive aún la guerra de la supervivencia y junto a ella la miseria material y moral más desconcertante, ¿que podemos hacer nosotros? Ante todo no podemos quedarnos atrás en el proceso de globalización, no de las mercancías que proponen nuestros adversarios ideológicos y políticos, sino de los valores y prácticas que cada cultura del mundo aporta en la construcción de sociedades sanas y felices, no sólo para los hombres, sino también para las demás especies tanto animales, vegetales y minerales del planeta. Sólo una relación amorosa y cuidadosa para con nosotros mismos y con el medio en que vivimos, puede constituir la primera piedra de una sociedad mejor.

Un par de ejemplos: respecto al consumo de animales existe una pregunta esencial: ¿puede exigir paz material y espiritual una humanidad que en el mundo mata diariamente más de cien millones de mamíferos domésticos y aves de corral para devorarlos, esto sin contar los peces y los animales productos de la caza? Ya decía Pitágoras: "Aquellos que matan animales para comer su carne, tienden a masacrarse entre sí". Pero el asunto no es sólo ético y de salud espiritual. Los países industriales gastan en la alimentación del ganado el 90% de los cereales y legumbres que producen y parte del producido por países pobres. Por cada 16 kg de cereales y legumbres dados al ganado, sólo se obtiene un kilo de carne. La contaminación de la tierra y las fuentes subterráneas de agua mediante los excrementos y muy especialmente la contaminación de los arroyos y las aguas corrientes por medio de la sangre y los residuos de los mataderos y las granjas industriales es alarmante. En un mundo donde el agua es un recurso cada vez más escaso y valioso, se requieren solamente 60 litros para producir un kilo de trigo, mientras que para producir un kilo de carne se requieren de 2500 a 6000 litros. Toda la vida de un animal de engorde es innatural: amamantamiento artificial, castración, cadenas, jaulas, hormonas, tranquilizantes, antibióticos y otras tantas drogas, dieta anormal para engordarlo, interminables e incómodos viajes y finalmente una horrible muerte. No existe ni podrá existir el matadero "humanitario" y los mataderos industriales parecen visiones del infierno.

Entonces es seguro que el problema está no en cúal carne consumir, sino mismo en ponernos en camino de una relación pacífica e inteligente con los animales y demás seres de la naturaleza. Este paso que no cuesta más que autoconciencia, provocaría en el mundo grandes, verdaderas y felices transformaciones.

Otro ejemplo: la economía cafetera. El problema de la economía cafetera no es pagar mejor o peor a los productores, el problema es que tal economía no conviene ni a los países ricos ni a los países pobres. En los países pobres ha estimulado el monocultivo de un producto totalmente supérfluo que de ninguna manera es un alimento, a la vez que ha hecho sus economías controlables, manipulables y dependientes. En contraprestación, un enorme número de habitantes de los países ricos sufren de adicción a un estimulante poco saludable para el cuerpo y la psiquis humana. Y en los llamados tiempos posmodernos, la fundación de negocios verdaderamente maquiavélicos y dañinos como es el caso de redbull, fábrica que intoxica millones de jóvenes en el mundo para obtener sus fabulosas ganancias, en medio de la admiración y beneplácito general y con la complicidad de las autoridades y los ciudadanos.
Con todo el respeto que Ustedes y los demás seres humanos merecen, debo confesar que en sus sociedades me siento como entre niños maleducados, empecinados en no crecer para así, justificados en su ignorancia, poder seguir cometiendo los tradicionales errores que mantienen la humanidad y el planeta en tan deplorables condiciones.