XICóATL 67

XICóATL

XICóATL: Número 67

XICóATL No 67, Abril/Junio 2004
XICóATL 67

CONTENIDO:

  • Poemario: Poemas. Omar Darío Gallo Quintero
  • Política: Relaciones internacionales : Entre santos y malevos. Luis Alfredo Duarte Herrera
  • Narrativa: Tango de gringo. María Radó
  • Austria: Poemas. Brigitte Niederseer

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Poemario
Omar Darío Gallo Quintero

Poemas - Omar Darío Gallo Quintero

Omar Darío GALLO QUINTERO nació en Medellín el 7 de enero de 1960, pero siempre ha vivido en Itagüi. Dirige los talleres de lectura y escritura para niños, jóvenes y adultos, y el taller de escritores "El Sueño del Árbol", de la Casa de la Cultura. Dirige también el programa "La Puerta en el Espejo", en la emisora cultural y comunitaria del Colegio Concejo de Itagüi. Desde el año 1992 organiza recitales de música y poesía. Ha actuado también en varios programas de radio y televisión y acostumbra regalar sus poemas en forma de volantes: hasta el momento ha obsequiado más de 30.000 copias. Fue incluido en la Antología o Primera Muestra de Escritores de Itagüi 2001, "Ofrendas del Día". En el 2002 recibió el diploma en Gestión Cultural de la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellìn. Participó por Colombia en el VIII Festival Internacional de Poesía y Arte de La Habana, Cuba, de enero 28 a febrero 2 de 2003.Entre sus libros publicados se encuentran: Contar Hasta Uno (1995), El Libro Dorado de las Pretensiones (2000) y Ética para los Sueños (2002).

EL QUIJOTE DE LA MANCHA

A Don Miguel de Cervantes Saavedra
In Memoriam

Caballero de los pies de hierba,
errante Señor de olvidos y alucinaciones,
militante de la terquedad y vanos aplausos,
adolescente dueño
de un mundo fantástico y fantasmal,
soñador de caminos de cristal
e indescifrable amigo de pacíficas guerras;
de estas artes todo lo inventas.

Testigo de los destinos adversos,
ilustre dibujante de las Torres de Babel,
creador de desafíos y encantamientos,
ingenioso soldado prisionero de espejismos,
sobresaltos y artificios.
Soberano de las palabras en imperios de papel,
desde la tristeza hiciste un milagro
y diste el color preciso a cada lágrima de gozo.

Caballero natural,
a Vos estas letras cabalgando en la memoria
y buscando un lugar en tu armadura
para ayudarte a vencer los desagravios.

SOR LA MUERTE

Algo de azufre
y de amor
hay en tus pupilas.
Un espanto con aroma de mujer
se sostiene entre las manos del aire,
mientras que con sus alas negras
aquieta mi deseo,
con su olfato de leona, hambrienta,
persigue cada pájaro de mi pensamiento
y deja ciego a un conejo rojo
que se atrevió a pintar el sol
con una luna miniatura
y con un pincel de mago retirado.

¿Quién perdió las llaves del abismo?
¿Quién olvidó la Caja de Merlín
en el Parque de los Indefensos?
¿Por qué van dos mujeres de cabello gris
en busca de las fuentes?
¿Qué puede ser el miedo si no
una agitada presencia de lo adverso
o un tímida carencia del bien
por nuestra piel y nuestros ojos?

No acabas de pasar,
dama invisible de la escasez y la maldad,
y todavía me recorre
un sudor de diente fino que lastima.

ARTHUR RIMBAUD

"Un barco ebrio"
zarpa desde la marea
de tus pesadillas.

Asistir a la cópula de las palabras con el olvido
y pintarse el rostro de paraíso a los diecinueve años
para evitar la ronda de los simulacros
y los brebajes de la hermandad.

He aquí a un hombre libre de toda sospecha
y la voz no lastimada por el tiempo.
Aquí la celebración de la poesía
y el descenso hacia el tormento de los malditos
o "Una Temporada en el Infierno".
Aquí un fuego explosivo y permanente
capaz de consumir el cuerpo y los sentidos
y envileciendo la pasión.

Llegan las palabras como se van cuando repugnan,
y ante el abandono de todo lo que duele,
es a los veinte años que la carne putrefacta
se vuelve tan deplorable como el poema
que ha sido herido por una farsa y ya no sonríe más.

QUINTO CAMINANTE (2)

Que la muerte
no os mire a los ojos
en los días de las fiestas
de la vida.

Dejad quieta la sombra de tus dedos
cuando aún es martes
en tu reloj de hierba seca,
aunque tal vez vuestro futuro
nace es de las cenizas.

Creo que te he visto
cerca de la anciana que no existe
atraído por el aroma de su mano firme,
creo saber por qué acudes de continuo
a sus rituales de tarde con las nubes
cuando las velas y el enano
han elegido un martes para arder.

No te asusta entrar en sus laberintos
habitados por los escorpiones
y destrozados por el frío,
porque en ellos crece invertida
una imagen desconocida de la música.

Es asombroso constatarlo,
pero nunca antes había visto tan cerca
a un ángel descifrando
las intenciones de la muerte.

DEVORADOR DE SOMBRAS

Espectral y sonámbulo acumulando sombras,
entristecido ajeno sin desnudar palabra,
la queja sola que ya no quiere nada,
la noche muda.

El fantasma preso en la jaula rota,
la figura de humo atada a los pies del aire;
así, así mi alma fría se queda inmóvil
sin decir adioses,
sin alborotar el llanto que lastima el tacto,
que sobrecoge todo.

El devorador de sombras en sus cautelosos pasos
al silencio llama desde su pensamiento en vilo
y al parecerse un muerto por sus ojeras amplias,
por su olor de flores,
en una voz de pájaros hasta la ausencia elude,
hasta el dolor se calla.

¡Ah! Si en una sombra hallaras esa calma joven.

Dirección: Apartado Postal 2076, Medellín - COLOMBIA
E-Mail
: odegallo@hotmail.com

Política
Luis Alfredo Duarte Herrera

Relaciones internacionales: entre santos y malevos - Luis Alfredo Duarte Herrera

Anteriormente en las facultades de derecho de las universidades latinoamericanas, en relación con el derecho internacional, se enseñaba que la base fundamental de las relaciones entre los Estados descansa en el Principio de Reciprocidad, esto es, que ningún país está obligado con otro a hacer más negativas y/o concesiones de que las que son otorgadas por aquel. Sólo a través de la adecuada comprensión y práctica de tan elemental piedra angular, una nación puede alcanzar el grado de madurez, altivez y dignidad necesario para formar parte de una comunidad internacional democrática. El Principio de Reciprocidad está ligado esencialmente al directo ejercicio de la soberanía de la cual goza cada Estado. El Principio de Reciprocidad constituye un presupuesto de la más mínima defensa, de la más mínima justicia y de la más mínima equivalencia a la que tiene derecho un pueblo. El Principio de Reciprocidad moldea un hecho psicológico fundamental para los habitantes de un determinado territorio: a través de su adecuado y reiterado ejercicio, alcanzan sus ciudadanos la seguridad y el orgullo propio necesarios para poder afrontar sus relaciones prácticas en un plano de igualdad y equilibrio con los demás habitantes del planeta, sean estos quienes fueren.

Los países colonialistas, a través de la historia, han hecho papel higiénico del Principio de Reciprocidad en sus relaciones con los países dependientes, sentando a cambio el "Principio de Superioridad" en su favor, hoy en día con mayor énfasis, en la crisis de valores que afronta el mundo con el neoliberalismo.

La doctrina imperial de los Estados Unidos en las relaciones internacionales hace escuela entre los países ricos. En relación con los visados, los ciudadanos de los países industrializados no requieren de ninguna para alcanzar cualquier país del mundo, sólo les basta la compra del boleto de avión para satisfacer sus deseos de viaje o aventura; a contrario censo, los ciudadanos del tercer mundo requieren una ingente cantidad de formularios, documentos, seguros especiales, pruebas de la propia capacidad económica, de amigos o parientes, fotos, largas colas y/o esperas, ires y venires, a fin de lograr un visado para ver, así sea de paso, lo que se ha hecho con el producto del saqueo de los países empobrecidos a lo largo de la historia colonial. Se presume que los ciudadanos de los países ricos son todos personas de bien, mientras que los ciudadanos del tercer mundo son sospechosos de ser criminales en tanto no prueben lo contrario, mediante certificados expedidos por los organismos de seguridad correspondientes y averiguaciones consulares especiales.

Con relación a los productos, los países ricos tienen derecho de exportar lo que les venga en gana, inclusos hasta sus residuos altamente contaminantes y peligrosos, sin mayores resistencias por parte de nadie en el mundo entero; los países pobres a cambio, para poder exportar, se ven abocados a una serie interminable de requisitos y dificultades, que por lo general sólo pueden ser llenados por las multinacionales que se enquistan en aquellos territorios para beneficiarse de las altas ganancias que ofrecen la mano de obra y los insumos a bajo precio.

El planeta pertenece a los ciudadanos de los países ricos; para ellos va siendo elaborado un mundo abierto y transparente, de plena libertad, sin fronteras, adquirible de contado o a crédito al más bajo precio posible. A estos ciudadanos les está dado el derecho de ser y sentirse superiores en cualquier lugar de la tierra. A los ciudadanos de las colonias en cambio les pertenece un mundo lleno de obstáculos y barreras, con fronteras cada vez más densas e intraspasables, con los precios más caros del "mercado" mundial y un crédito ostensiblemente restringido, donde el grado de libertad está vinculado directamente a la capacidad económica, pero también a una serie de vericuetos dignos de las más espeluznantes historias de terror, suspenso y fantasía. Tras toda la serie de peripecias y humillaciones a las que están expuestos en el camino hacia "la libertad", no estoy muy seguro de que a los ciudadanos de los países coloniales les quede algún grado de arrogancia o amor propio al momento de poder hacer contacto con sus congéneres que viven en el "mundo desarrollado".

Las sociedades esclavistas y las sociedades feudales enseñan que el sometimiento del esclavo y del siervo no puede quedarse en la fase meramente fisiológica del poderío; para producir las relaciones de dominio y señorío, es necesario que el esclavo y el siervo acepten su inferioridad física, pero muy especialmente que acepten su inferioridad psicológica respecto a sus amos y señores. El mundo moderno, a pesar de todos sus adelantos tecnológicos, sigue estando sustentado por esta base de dominación psicológica, tan efectiva también al momento de los relacionamientos, negocios y demás quehaceres de la vida cotidiana, en lo que con todo cinismo suelen llamar "democracia" quienes detentan el poder.

Son culpables los países ricos de esta fatídica "democracia" que reina en las relaciones internacionales? Sí, sin el menor lugar a dudas, ellos ordenan que las cosas sean así; pero más culpables son los gobernantes de las colonias, aquellos personajes faltos de dignidad y entereza, que mucho saben de soberbia y desdén frente a sus propios ciudadanos, pero que en el mundo internacional viven postrados de rodillas sobre duros suelos de mármol, recogiendo ansiosos las migajas que caen de las todopoderosas mesas de los países industrializados. Y mucha mayor culpa cabe aún a los ciudadanos que en las colonias eligen tan fatídicos personajes para que los gobiernen y representen sus intereses ante la llamada "comunidad internacional".

Narrativa 
María Radó

Tango de gringo - María Radó

María RADÓ, húngara de nacimiento (Budapest 1939), exrefugiada y argentina por elección - aunque no reniegue de sus raíces europeas -, es ferviente y convencida sudamericana.
Siempre quiso ser escritora. Llegó a la Argentina de joven, sin hablar el español, aunque conocía otros idiomas fuera de su lengua materna. Muy pronto se dio cuenta de que con la vocación no bastaba. El idioma es el instrumento del escritor. Más virtuoso es en su manejo, mejor podrá transmitir su mensaje y cautivar a sus lectores. El escritor en el exilio no sólo sufre el desarraigo, también suele perder el idioma en el que escribía. Exactamente eso le pasó.
Hace ya algunos años decidió volver a su temprana vocación literaria, Eligió la lengua de su país adoptivo y de buena parte del continente al que se siente pertenecer, como su medio de expresión. Escribir en español es para ella un gran desafío y un aún mayor placer.
Su primer libro, Los tambores del miedo, una novela que trata de la xenofobia en la Suiza de posguerra en el marco de una atormentada historia de amor, apareció en 1998.
Una colección de sus cuentos esotéricos Rubor de damascos fue publicada como libro electrónico en diciembre del 2000 por la editorial "librosenred.com." Son historias de regresiones, reencarnaciones, reencuentros. Recuerdos de vidas pasadas que se entrelazan con el presente.
Desde noviembre de 2001 este libro se puede adquirir impreso en papel como POD (print on demand) a través de amazon.com, barnesnoble.com y Librosenred.com. En octubre de 2002 se publicó su libro de cuentos Paraíso perdido.

Tango de gringo

I

Nunca había visto un cielo tan azul, ni sentido tanto calor. Llevaba puesto el grueso sobretodo que su padre le enviara después de la guerra. Se había embarcado en pleno invierno y, aunque tenía la vaga noción de que llegarían en época estival, los veranos que él conocía eran mucho más templados. ¡Cuando iba al colegio, les solían dar asueto si la temperatura sobrepasaba los 25ºC!
Era el 23 de Diciembre -sería su primera Navidad sin nieve, en pleno verano, el mundo al revés- tres años después del fin de la Segunda Guerra Mundial. El transatlántico "Córdoba" de la Línea Dodero entraba al puerto de Buenos Aires. Traía inmigrantes, sobrevivientes del apocalipsis en el que, durante cuatro terribles años, murieron un millón de personas por mes. La madre de Hans era una de ellas. Química de profesión, había trabajado en una fábrica de municiones y murió en un bombardeo. Hans se fue a vivir con la familia de una tía materna. Conocía el hambre. Con su metro noventa de estatura llegó a pesar cuarenta y ocho kilos. Se había sentido tan débil, que le costaba hasta levantarse de la cama.
Ahora venía a reunirse con su padre, quien al estallar las hostilidades, quedó varado en la Argentina, adonde había llegado gracias a un contrato temporario. La Argentina era probablemente uno de los mejores lugares para pasar los años de la conflagración, en paz y abundancia, lejos de las acciones bélicas.
Hans había emprendido el viaje con la intención de no volver al Viejo Mundo, salvo como turista. Al pisar tierra firme dejó de llamarse Hans. En adelante sería Juan.

¿Qué hay que hacer para convertirse lo antes posible en un auténtico porteño?, se preguntaba Juan. No tardó en encontrar la respuesta. Hacían falta tres cosas. Aprender el idioma. Comer bife. Bailar tango.
Con firme voluntad se abocó a la tarea del mimetismo.
Comenzó con lo más fácil y rápido: comer bife. El primero no lo pudo terminar. Acostumbrado a los platos alemanes con abundante papa y escasa carne, todo bajo el manto de una oscura salsa espesa e indefinida, el pedazo sanguinolento y desnudo, que cubría casi todo el plato, lo asustó. Pero se habituó rápidamente.
Luego se inscribió en un colegio del barrio de Belgrano para terminar su bachillerato. Le acreditaron algunas materias cursadas, para otras tuvo que rendir exámenes. Se anotó para Castellano Uno, Dos y Tres. Después de un minuto de prueba oral, lo bocharon en Castellano Uno. Juan estaba juntando sus bártulos para retirarse del aula, cuando los profesores descubrieron con asombro que su nombre también figuraba entre los examinandos de Castellano Dos. "¿Cómo, usted también se anotó para esta prueba?", le preguntaron. "Sí, y también para Castellano Tres", dijo Juan. Los profesores se miraron, juntaron sus cabezas, cuchichearon un rato y luego se pronunciaron: "Bueno, le aprobamos Castellano Uno, pero la próxima vez venga mejor preparado".
Después de haber hecho uso así de sus recién adquiridos conocimientos en viveza criolla -por cierto más fácil de aprender que la gramática-, se dedicó con ahinco al estudio intensivo de la conjugación: soy gringo…seré porteño…

Lo del tango fue más difícil. Había tomado una que otra clase de baile en la pequeña ciudad del norte de Alemania donde vivió. Recordaba los rudimentos de la típica danza porteña que le habían enseñado: un híbrido entre caminar a grandes pasos y dar vueltas tipo vals recortado.
Fue a un salón de baile en la zona del Congreso, que funcionaba todos los sábados a la noche.

***

Olga arribó seis meses más tarde, en un buque de la línea de navegación francesa. Al desembarcar, siguió llamándose Olga, pero también ella estaba decidida a integrarse lo más rápido posible en el nuevo entorno. Procedía de Viena, donde había pasado la guerra entre hambrunas y bombardeos, llamada por una tía, hermana de su madre.
No bien llegó, su tía le mostró el Mercado del Plata. Olga no podía dar crédito a sus ojos. ¡Qué abundancia de vituallas! No recordaba haber visto jamás tanta variedad de comestibles juntos.
El sábado siguiente, su tía la llevó junto con su propia hija, nacida en la Argentina, a un salón de baile familiar, cerca del Congreso.

II

Es una sala rectangular grande, con piso de pinotea. Tres bombillas sin pantalla penden del cielorraso, derramando una violenta luz despiadada. Un altoparlante vomita estridencias sonoras en ritmos variados. A lo largo de tres paredes del recinto corren austeros bancos, donde niñas, sentadas en fila como gorriones en un cable de alta tensión, casi siempre en compañía de una matrona de aspecto poco amigable, esperan ansiosas que las saquen a bailar. Los muchachos, parados en grupos, forman racimos, fuman, conversan y de reojo observan a las féminas en exposición, sopesando a cuál favorecer. Se sienten poderosos. De ellos depende, si ellas lo pasan bien o mal, si su velada es un éxito o un fracaso. Sólo bailan si algún varón se apiada de ellas y las invita. Aquí y afuera, el varón decide, el varón manda. Vivimos en una sociedad machista. ¡Qué bueno haber nacido hombre y no hembra!, vale el juego de palabras. Se sienten superiores, pequeños reyes de la creación. Aunque no todos. Los más tímidos tratan de ahuyentar el fantasma de ser rechazados. ¡Qué papelón! El secreto está en la sabia selección: evitar a las más bonitas, a las más solicitadas; con una feucha, que es sacada poco o nada, se corría menos peligro de sufrir un desaire.
Olga se sabe escrutada, examinada, evaluada, como si fuera una mercadería en un estante. ¿La sacaran? ¿No la sacarán? Si la invita alguno que no le gusta, ¿puede negarse? ¿No correrá el peligro de que nadie más la invite por orgullosa? Su prima parece no tener problemas, casi no pierde baile. A ella todavía nadie la invitó.
Se acerca un joven de aspecto desagradable. Detrás de gruesos lentes sus ojos saltones, casi desprovistos de pestañas, parpadean sin cesar. Parece un sapo. Olga baja la vista. Si lo ignora, quizás invite a otra. A su popular prima, que en este momento está sentada a su lado, descansando de tanto mover el esqueleto. Pero no tiene suerte. El muchacho se para delante de ella. Se inclina. Ella se levanta a desgano, lo sigue a la pista de baile.
Comienzan a danzar. Las manos de él son frías y húmedas. Manos de batracio.
- ¿Le gusta saltar? -pregunta el sapo, dando brincos desarticulados, aterrizando más de una vez sobre los pies angustiados de ella.
Es un suplicio. Por suerte todo termina alguna vez, la pieza aunque parezca eterna, también, y él la devuelve a su lugar en el banco.
A Olga le llama la atención otro muchacho. Alto, delgado. "Qué simpático", piensa. "¡Ojalá me invite a bailar!"
Un nuevo disco chirria en el fonógrafo. Es un tango. Olga reconoce el ritmo tajante, la honda tristeza. En su Viena natal ya escuchó alguna vez esta melancólica música perturbadora, que le pareció exótica y diferente. Esta es la primera vez que la ve bailar. Los pasos le parecen complicados, osados, muy diferentes de los bailes de salón que ella conoce.

***

Cada vez que el megáfono se conmueve con el ritmo insistente y machacador, Juan observa a las parejas que se menean entrelazadas. ¡Qué baile más insinuante! Cómo el hombre enfila sus rodillas entre las piernas de su pareja; cómo la conduce con la mano firme en la espalda. No parece tan difícil. Lo intentará. Trata de elegir una partenaire. Entonces la ve. Es petisa, de pelo castaño. Le gusta. Con ella podrá no sólo bailar tango, sino también practicar su castellano. Decidido, se dirige a ella.
-Me llamo Juan -dice-. ¿Me permite esta pieza?
Olga asiente entre encantada y asustada. Juan es el muchacho que le había parecido tan guapo. ¡Qué lástima que la saque justo para un tango!
Él ciñe fuertemente la cintura de ella. Empieza la caminata, un - dos - tres- cuatro. Un paso al costado, media vuelta y, con sus rodillas pegadas a los muslos de Olga, los cuatro pasos, esta vez en la dirección opuesta. La sangre le golpea las sienes, pulsa en sus venas, al sentir el dócil cuerpo tan cerca del suyo, los pequeños senos turgentes, la tersura tibia de la entrepierna femenina. ¿Cómo hacer para que ella no se de cuenta que está improvisando? Si es de aquí, seguramente ya lo notó. Se siente torpe, desgarbado.
Olga lo sigue con los ojos cerrados, para no equivocar ni un paso, ni un movimiento. Está insegura, cohibida. Tropieza. ¡Él tiene pies tan grandes!
Juan se detiene.
-Perdone, señorita -dice- yo no sé bailar tango.
-Yo tampoco -exclama ella.
Ríen los dos, aliviados.
-Me parece que no sólo nos cuesta bailar tango, también nos cuesta hablar en español -dice Olga en alemán, con su inconfundible acento vienés.
Él la toma del brazo. -Vámonos -dice, también en alemán. Es otro alemán, el alemán depurado que se habla al norte de Alemania en la zona de Hannover. Pero se entienden.

III

De esta manera, la integración de ambos al mundo de Buenos Aires tardó algo más. Pero para cuando nació su primer hijo, al que llamaron Bartolomé Nahuel, ya habían pasado de la etapa del mero mimetismo a la metamorfosis. No sólo se sentían pertenecer, formaban parte, como aquellos inmigrantes de antaño, que contribuyeron a poblar estas latitudes. Y todo esto, sin haber hecho otro intento de bailar tango. Para ser un buen porteño, un porteño de ley, no hace falta. Tampoco hace falta tener alma tanguera. Nadie podrá negar, sin embargo, el rol decisivo que el tango había jugado en sus vidas. Gracias al tango se conocieron. Gracias, tango.
Cada vez que viajaran al exterior en su larga vida juntos, al escuchar la melodía tajante del dos por cuatro rioplatense, su corazón se encogería de nostalgia, su pecho se henchiría de amor a la nueva patria que supieron encontrar.

Felices los desarraigados que vuelven a echar raices. Felices los apátridas que encuentran una nueva patria. Y felices los niños como Bartolomé Nahuel, que tienen todo el futuro por delante. Al ser argentinos nativos, hasta pueden llegar a ser presidente. De la nación, se entiende.

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Austria
Brigitte Niederseer

Poemas - Brigitte Niederseer

Nació el 11 de noviembre de 1955 en Eisenerz, Austria; desde 1980 vive en Maishofen, en la Provincia de Salzburgo. Es casada y tiene tres hijos ya adultos. Desde siempre percibió la ocupación con libros como enriquecimiento. En 1995 produce sus primeros poemas y textos de prosa corta; participa y dirige talleres de escritura, traduce (inglés - alemán) y hace lectorados. En el año 2000 recibió el Premio de Poesia de Salzburgo. En el 2001 aparece su primer libro "Hart an die Grenze" - una autobiografía.

SOBRE EL CUADRO:"CORNEJAS SOBRE UN TRIGAL"
(Vincent van Gogh, 1890)

el trigo ha envejecido bajo el sol
y si las cornejas no hubiesen llamado la tormenta
no hubieran ordenado a tiempo a la lluvia
beber el amarillo el luminoso amarillo
llevarlo consigo de viaje
como regalo para el arco iris

hubiesen venido los asesinos ciegos
disfrazados de inocentes campesinos
para matar el color del campo
para hacerlo trizas y apaleado
llenado en sacos arrastrarlo a los molinos
que en todas partes aguardan con impaciencia
para ruidosamente y con dolores
mi amarillo mi luminoso amarillo
en un polvillo incoloro tornar
y hurtarle a mis ojos el pan

pero como yo sé
que los ciegos en la oscuridad vivir quieren
a pesar de que el hambre por el color
locos los vuelve
voy a perdonarlos
antes que yo ande el sinuoso camino del campo

SÁBADO EN LA NOCHE

peinado a la girly en gran make-up
quiere la última
mariposa sobreviviente
para tí
prodigar

antes que también a él
las alas se le rompan
antes también que él en caída libre
sobre colillas
y cerveza derramada
se arroje
antes también que a él inadvertidamente
se lo pise

PROTOCOLO DE UNA LARGA NOCHE

Aún yace a lo lejos la gran montaña inmaculada blanca en lechosa luz de luna.
Al amparo de la oscuridad la diligente María de Oro va donde la señora Holle y sacude las almohadas.
De cada pluma crecen seis brazos.
El sueño no puede soportar dedos de los pies fríos y se marcha de nuevo.
El recuerdo busca manzanas asadas, las coloca en el cañón del horno y espera hasta que el aroma se expanda.
Una tormenta arranca las plumas que ingeniosamente ramificaron brazos y empujan por puro gusto, delante de sí, los fragmentos en el remolino.
En el campamento la blanca muerte salta de la paleada de avalancha en la nada.
Perros de trineo sueñan la construcción de un iglú.
Las coronas de abedules enanos mutilados se doblan bajo su peso pero nunca se parten.
Finalmente arranca el alba un nuevo día de la nieve.

A lo lejos yace la gran montaña inmaculada blanca en lechosa luz de luna.

CONFESIÓN

tiempo para juegos
no tuve nunca
a causa del trabajo
he lavado mi vestido
blanco como la nieve
para el día de Corpus

nunca jamás he descubierto
descaradamente mi desnuda piel
en una playa
me he hecho la dormida -en las noches-
por amor a la virgen


la ropa a remendar fue
diversión vespertina los sábados
sobre el banco de la entrada
sólo durante el rato de un rosario
las manos han reposado

la madera para la calefacción
he ahorrado casi siempre
para mí sola
no necesita estar caliente la habitación
y saludo a todos primero

FAMA

cortapisas coloca
el deshielo como juguete
en una cuna
con cariñoso saludo del padre
el niño debe ser alguien

siete sabios
se secan en la sala aunque
los mirlos cantan
su polvo alimenta al estudiante
quizás está lleno con eso

tres mujeres están
bajo la lluvia hasta que la caída de piedras temprano
la cosecha arruina
en los valles vive la esperanza
mientras la siembra de invierno reverdece

a pala la fama abre gustosa
tumbas para sus héroes
cuando la noche comienza
mantiene la tormenta de nieve en la cima
velatorios solitarios

INVICTO

papilla de ortiga
cuece el hambre en primavera
para siete trompas
permenece hoy en cama
hasta que se seque tu vestido

ir a trabajar - que otra cosa
doce horas te ocupa el fogón
empero las noches de verano
saben de poemas de luna
y lecturas a la chita callando

es ya otoño tardío
cuando la guerra te roba el amor
y te deja un niño
mantén la espalda derecha
y canta una vez más la canción

tu casa está ordenada
el libro de jardin escrito
el diario también
árboles al borde de los arroyos
sobreviven el invierno

Traducción: WALKALA/Gaby MAYR

Dirección: Unterreit 12, 5751 Maishofen - AUSTRIA