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XICóATL: Ausgabe 56/57
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Poemas - Raúl Tápanes López
Raúl Tápanes López ha publicado trabajos en diferentes revistas de América y Europa. Su poemario "De la desesperanza y otros poemas" fue editado en México en 1999 por el Frente de Afirmación Hispanista. Edita la revista artesanal de poesía ARIQUE, ahora también en internet: www.arique.aztecaonline.net, www.arique.iespana.es.
nocturno II
en la noche olorosa a bálsamos antiguos los insectos susurran una canción ya olvidada - una estrella va cayendo - y la luna se quita el sostén: he aquí su cuerpo a la efímera luz de la eternidad sin ceremonias, la tibieza de su seno abierto - el viento roza la piel como la piel amada - ¿eres tú quien hace las noches?
tras las colinas siniestras y el imposible mañana está la línea gris que nos separa del mundo frontera brumosa y silueta con tu cuerpo desvestido hasta del nombre - arrecife en el tiempo - y tu sonrisa, los ritos nocturnos y los intersticios de la locura cordero de dios que crece con la lluvia me derramo en amores olvidados sobre la yerba húmeda - tus blancos senos rondan mi boca - danzan en la nada las sombras muertas de los muros y se enardecen tus pezones de mermelada en la blusa entreabierta de la noche: consagraré a tu nombre un bosque oscuro* - más allá venden los sueños de contrabando, andan los tragamiedos por las calles y nos consumen los gastados espejos de los años el límite impreciso - es la noche profunda oscura mujer desnuda ----------------------------------------------------- *Consagraré a tu nombre un bosque oscuro, con empinados árboles tendido, que nunca ose cortar el hierro duro.
los sobrevivientes
la carencia primordial de la esencia es el hambre perpetua del que siempre tuvo hambre: nadie nos tiende la luz sino el tiempo: sólo la muerte de cada día nos fue concedida nos salvará el nervio? la pupila antes que se apague? los bolsillos repletos de guijarros, el alma de gavetas? quién dirá mi nombre? en qué pecho latirá otro igual al mío que fue? los que hablan por los que callan piensan "quizás sea partir un beso eternizado" o es el sexo la ebriedad, desganadamente el preludio amoroso (tan viejos somos como la tierra reciclada) quizás fetiches tontos la ceiba, la nieve, los límites perfectos de la política y la cartografía. pero y el amor? no el perfume sino el recuerdo de su aroma, la piel que ya no se palpa los que sobrevivimos allí donde la piedra sentimos el amor como un naufragio y nos ahoga la sílaba tendida entre el susurrante busto a las luces y umbredades de un cuerpo íntimo y cuál es la casa, en fin, si no su palabra suave y su voz la tibieza añorada desde el costado y el frío de un suspiro la acuosa herida de cristo por donde navega el verso descalzo? del poemario (inédito) "reiteraciones o peregrino al borde de la tierra"
XXVII (teatro de difuntos)
abierto está al fondo de todo el teatro que vende la superficie húmeda del verano ave césar, los que van a llorar el bolsillo lleno de naipes iguales (el reloj es un paréntesis) y mi propio ángel que muere son umbral que cruzo en vilo hasta la zona del sueño y lo prohibido. algo sucede siempre, quién sabe dónde el escenario y su juego o el estar fluyendo en el desconcierto del beso creaturas de volúmenes exactos, precisos - cosas pequeñas, objetos nimios - flota el rebaño triste. pongo mi nombre como quien pone una cruz en la pared y su precio y volveré por la tierra: me entraré como una raíz (cerremos las tumbas no vayan a regresar los muertos) hasta el cartel que dice se prohíbe creer en el arcoiris cuando llueve el público pide lo imposible.
XXV
la esperanza (si lo es) ha de ser blanca en su insólita desnudez: a partir de hoy sólo leeré la página virgen la no escrita. cómo hacer la blancura y la piedra, dios, sin respirar? seré bueno una vez muerto ahora sólo soy yo y araño y grito y recelo del agua que viene y se disculpa por la ausencia de los huesos tan tristes como son por dentro, repetidos cuando arrastran mi cabeza por la acera y el árbol por la memoria un dolor antiguo es el bálsamo interior de las nubes únicamente los maderos debían flotar sobre las aguas lejos de la mezquindad y este ojo derecho casi ciego
Dirección: Apartado Postal 334, Matanzas 40100 - CUBA E-Mail: raultapanes@yahoo.es
¿Me conoces? - Beatriz Gómez-Pablos
Dr. Beatriz Gómez-Pablos nació en Las Palmas de Gran Canaria, España. Estudió filología y filosofía en Viena recibiéndose como doctora en el año 1998 mediante el trabajo de grado "La cuestión de la alteridad en las crónicas de América". Ha ejercido el magisterio para adultos en Austria, Alemania y Eslovaquia. Trabaja en el proyecto bilateral de investigación entre Austria y España "Acciones integradas", en el tema: "La terminología administrativa en Austria y España: un examen comparativo". Desde 1998 es asistente en el Instituto de Lenguas Románicas de la Universidad de Salzburgo. Ha escrito numerosos artículos científicos y traducido numerosos textos en Viena y Salzburgo.
¿Me conoces?
A Jorge, amigo de la infancia, y a otros amigos de la calle Rawson en Mar del Plata El libro perteneció a Jorge Maier, apellido -como todos sabemos- muy argentino. Los Maier emigraron de Alemania a mediados del siglo XIX en busca de mejor fortuna. Eran campesinos, hoy son empresarios. El libro se titula El Imbécil, de León Tolstoi; que algunos confunden con El Idiota de su contemporáneo Fedor Dostojevsky. El Imbécil es un relato, y no precisamente de los más conocidos de Tolstoi para los que no son especialistas de este autor. Yo lo leí hace años y algunos pasajes se me grabaron entonces en la memoria; el tiempo los ha borrado tan solo ligeramente. El libro ya tiene las hojas marrones. En la época de la postguerra no había plata para hacerlos de un material mejor. Pero sobre todo están marrones por la humedad de Mar del Plata. Huele, por tanto, a las dos cosas: a viejo y a humedad, y recoge el encanto de tiempos pasados. Marcelo Maier decidió no dedicarse a los negocios como sus otros cuatro hermanos. En lugar de eso se compró una pequeña estancia en la Pampa y probó con la agricultura. No tenía intención de hacer tierras de latifundio que pudiesen competir en el mercado nacional, apenas aspiraba al sustento propio: un par de gallinas, una vaca, una diminuta huerta y, bueno, también un chanchito, porque siempre le gustaron los chanchitos. Transcurrieron tres años de trabajo duro, de adaptación al campo para un hombre que procede de la ciudad, tres años de paisaje rural. Una insuficiencia renal le hizo abandonar este tipo de vida y decidió trasladarse a la ciudad más cercana, Mar del Plata, que ya conocía de los veraneos de su infancia. Allí había coincidido en la playa con otro Jorge. Hijo único, un año o dos mayor que él. Jugaba en la playa con una pala, un rastrillo, un cubo y un colador que le había comprado su madre. Colaba la arena en busca de grandes tesoros. Una vez incluso, encontró un reloj roto y sin correa, y otra una moneda con la imagen de San Martín que contribuyó a ampliar su colección; la mayor parte de las veces, sin embargo, se trataba de simples colillas de cigarillo. Jorge era un chico tímido, más bien callado. Al principio apenas nos observaba de lejos y se entretenía viendo como construíamos castillos de arena. Cuatro puertas laterales y un foso que comunicaba con la orilla de modo que la marea al subir traía agua que entraba y salía por los cuatro orificios. Arriba venga de almenas y en las paredes piedras y caracolas que habíamos encontrado junto a las rocas o en la orilla. Por fin, uno de esos días se atrevió a acercarse. No dijo nada. No le prestamos demasiada atención. Después de un rato recogió su cubo y su pala y regresó a su sombrilla. Mi hermano el mayor, más atento, decidió invitarlo a construir con nosotros una nueva fortaleza. Recuerdo que llegó con el rostro iluminado y el cubo lleno de objetos que podían servir para la construcción A partir de entonces no fueron necesarias más formalidades, recién bajaba a la playa y nos buscaba.
La playa tenía muchas formas de entretenimiento. Desde enterrar a alguien hasta el cuello y después contar el tiempo que tardaba en desenterrarse, hasta jugar al escondite, hacerse milanesa con la arena o declarar la guerra al enemigo. La fantasía no dejaba lugar al aburrimiento. Después del verano no lo vimos más. Nos contó que regresaba a Suiza con sus padres. Nosotros volvimos a Buenos Aires a la escuela. Coincidimos después de muchos años nuevamente en Mar del Plata, pero no en la playa sino en la librería que yo había montado con mi mujer. Entró agarrado del brazo de una señora, algo más joven que él. Por entonces ya empezaba a tener dificultades con la vista. Se acercó al mostrador y pidió algunos ejemplares de literatura inglesa. Les atendió mi mujer, pues yo andaba ocupado con otro cliente. Cuando terminé me acerqué a la caja y desde allí descubrí un gesto de la mano y una sonrisa que me resultaron conocidas. No conseguí despegar la vista de la pareja. Cuando terminaron vinieron a pagar. El hombre metió la mano en el bolsillo del saco y extrajo la billetera. Le leí el precio y acto seguido levantó los ojos como en busca de más luz que le hiciese acordar de donde conocía aquella voz. Pero la memoria prodigiosa de Borges no necesitó demasiado tiempo para decir: "¿Me conocés? Cuando éramos chicos, coincidimos un verano en la playa, yo llevaba un cubo y una pala y una malla a rayas rojas". Entonces caí en la cuenta. "Sí, Jorge ¿no es?... pero no recuerdo el apellido" -dije, por decir alguna cosa, porque a esas edades el apellido no cuenta. "Borges -contestó- Jorge Luis Borges, ¡qué sorpresa coincidir después de tantos años! -añadió- ¡Qué bien lo pasé aquel verano en Mar del Plata!". Mi mujer no salía de su asombro, confieso que yo tampoco del mío. Lo convidamos a comer, pero ya estaba comprometido para aquella noche. "La señora Ocampo tiene reunión en su casa -nos contó- y no puedo faltar a la cita, aunque sólo sea por amistad". Lo postergamos para el día siguiente. No merece la pena describir lo nerviosos que estábamos mi mujer, mis seis chicos y yo. Mis hijos, más que nada, por contagio y el más mayor porque decía que venía un señor de los que aparecen en su libro de literatura. Repartimos tomitos por si se ofrecía la ocasión cada cual pudiese pedir una dedicatoria. Mi mujer compró flores y preparó unos churrascos como nadie saber hacer mejor que ella. Se fue haciendo tarde. No llegaban a la cena. Tampoco sonó el teléfono. Decidimos que los más pequeños se pusiesen el pijama. Pasaron dos horas. También los dos más grandes decidieron que mi amigo "el famoso" estaría demasiado atareado o no habría encontrado la casa, o no se habría sentido bien, o habría perdido la dirección y el teléfono; y con tantos "os" se quedaron dormidos en el sillón y los tuvimos que meter en brazos en la cama. Mi mujer y yo nos comimos los bifes, brindamos con las dos copas de vino y nos sonreimos mientras a ratos uno de los dos repetía: ¿como era el apellido?
Dirección: Universidad de Salzburgo, Akademiestraße 24, 5020 Salzburgo - AUSTRIA E-Mail: beatriz.gomez@sbg.ac.at
Cortázar y su búsqueda ontológica - Yolanda Westphalen
Yolanda Westphalen es doctora en Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, Perú, tiene dos premios internacionales: el primero de Literatura Latinoamericana y del Caribe "Gabriela Mistral 1999" dado en París por Indigo Côté-Femme Editions y el segundo premio otorgado por el Instituto Literario y Cultural Hispánico por su valioso aporte a la Literatura del Mundo Hispánico dado en Agosto del 2000 en Lima, Perú. Es poeta, narradora, ensayista, tiene trabajos bibliográficos y de periodismo cultural.
Cortázar y su búsqueda ontológica
Terminando de leer una vez más la novela Rayuela de Julio Cortázar, reconozco que la obra total de este autor argentino lo confirma como uno de los escritores más valiosos de la literatura universal del siglo XX. El mundo vivencial y expresivo de Cortázar trata de encarar con inteligencia y con demoledora ironía el mundo pleno de optimismo científico de nuestra civilización, él aniquila esa ciega admiración por el progresivo desarrollo técnico del cual tanto nos enorgullecemos en el siglo XX, lastre que arrastramos desde el siglo XVIII. Es ahí donde clava Cortázar su aguijón mordaz con hábiles dotes de artista, creando desconcierto en el mundo burgués del hombre cotidiano, él defiende un humanismo integral y el supremo valor de la vida sobre el valor matemático y preciso de una ecuación. Cortázar crea un clima existencial en sus cuentos y novelas, ahonda en una búsqueda ontológica por la cual quiere alcanzar la verdad radical del universo y develar el ser íntimo del hombre. En sus obras se vuelve tangible el problema de la soledad y el desasosiego metafísico. Cortázar, a través de sus personajes, busca para sí y para sus dobles (Olivera, Jhony Carter) etc, la propia realización humana, inmanente, trascendente, de ahí la dificultad de su lectura, pero el escritor sigue implacable en sus libros creando ese caos que vive en su consciencia, caos que nos lleva directamente al absurdo, valiéndose del legítimo uso de un surrealismo auténtico, sin exageraciones ni timideces, y otras veces dando un salto nos arrastra hasta la otra margen de lo comprobable, hacia una nueva realidad presentida por él, pero aún no asida en una posesión objetivamente comprobada, factor que para él no tiene ninguna importancia. En sus cuentos y novelas Cortázar destruye el concepto tradicional que tenemos sobre la realidad y plantea problemas sobre las eternas interrogantes del hombre: tiempo, eternidad, verdad, Dios, dolor, bien y mal. Destruye también el concepto tradicional de los géneros literarios en exclusividad y crea una aparente incoherencia, una discontinuidad, sin cronología precisa, un desorden en el cual el caos es la raíz inicial de una verdad entrevista y a la cual cuesta llegar tras una batalla cruenta en lucha con la renovación del lenguaje, que unas veces es elegante y erudita y otras es vulgar y usa la replana argentina o sea el lunfardo porteño de Buenos Aires, siempre según la situación exija el uso del uno o del otro. Cortázar quiebra los esquemas mentales del lector común, en su obra la realidad se fragmenta en multiples realidades, pero él se propone fusionar ese pluralismo, ya sea lo irracional, lo concreto, lo intuitivo, lo científico y lo poético, en una sola verdad, que existe y nos está esperando tras la esquina de las palabras. Esa nueva realidad es más humana, menos convencional, va más allá del límite de lo dado. Entre sus obras más célebres está el cuento El Perseguidor, para mí el mejor cuento en lengua española y la novela Rayuela entre las más valiosas de todas las escritas en la actualidad. Cortázar es el maestro de la paradoja. Sus personajes vibran en sudor y lágrimas, en carne y espíritu, pero también juega con el humor negro y a veces nos obliga a dar un salto mortal fuera del tiempo, creando la eternidad. Las palabras tienen un sentido casi ceremonial, él sabe que con ellas se juega toda la realidad propia y ajena, son como exorcismos que nos permiten avizorar una perspectiva herméticamente lejana, pero factible de poseer para Cortázar. He ahí el nudo de su creación. La fuerza de sus cuentos y novelas son impactantes. Sus palabras tensas de pasión, a mayor presión, más vigencia. Su narrativa exige un maximum de rigor y también un maximum de libertad. Es el gran vidente, el permanente hacedor de lo Absoluto. Siente su ser atado por esa exigencia y expresa ese problema con un lenguaje que engendra una dinámica de intelectualidad, ironía y arte. A veces en Rayuela crea la gran paradoja del escritor que vive con la palabra y lucha contra ella. En su lectura hay instantes valiosísimos que obligan al silencio. Cortázar ambiciona modificar las estructuras lógicas del lenguaje para modificar el pensar y el apreciar del hombre. Le faltó tiempo para terminar su obra. Cortázar valoriza mucho la noción de figura, que implica una variedad de seres al asumir determinadas situaciones. Crea coherencias en un ámbito ontológico, forjando planos que se rigen por otras leyes, por otras estructuras, que rompen la realidad cotidiana del hombre, destrozando para éste las nociones comunes de espacio-tiempo. El tema del doble (un personaje que es el mismo y a la vez otro, su "alter ego") es una constante en la obra de Cortázar y se une a veces con el de las figuras en algunas de sus narraciones, creando así una relación entre elementos diversos que examinados bajo la lupa racionalista dan un acontecer inadmisible, pero de valor impenetrable para el lector compenetrado con la obra del autor. Es así que rendimos homenaje a este insigne escritor argentino que ha transpuesto la zona de lo real concreto y se ha instalado en la perennidad de lo absoluto y siempre releeremos su obra discursiva, inquisidora y caótica que nos instala en la intimidad del mundo de Julio Cortázar, el cual rechaza la era de la razón, porque él tiene una nueva teoría del conocimiento que él vive y nos hace vivir como una interrogante a fuego vivo, que nos aleja de la materialidad tecnológica, como objeto único de fe, y nos entrega la vida a retazos para que el lector la asuma y la recree.
Dirección: Batallón Libre de Trujillo 180, Surco, Lima 33 - PERU
Poemas - Lisa Mayer
Lisa Mayer nació en 1954 en Nassereith/Tirol/Austria. Desde 1977 vive en Puch, Estado de Salzburgo. Escribe lírica y prosa corta. Ha publicado numerosos textos en revistas literarias. Ganó el Premio de Poesía de Salzburgo en 1998. Las traducciones de los textos son tomadas de su primer libro editado "Auf dem Dächern wird wieder getrommelt" ("En los techos se tamborilea de nuevo") Haymon Verlag, Innsbruck, 1999.
Antes del viaje
quítate el camino de los pies levántate toma la esclusa vertical déjate lavar por el fuego y despedir, para nunca más volver. toma por equivocación la desviación por todos temida extravíate profundamente la vocinglería bajo el sombrero deja libre y alzar el vuelo salta a la vista brota el día del campo las colinas se ponen en camino obstinados muros abandonan la casa en la gran ventana perdida te reconoces te llamabas de cada dirección con nombre propio
ENTRAMOS EN EL MOMENTO EN EL INEVITABLE ESTRECHO ÚLTIMO DEL GRANO
Memento
el libro sin comienzo en la delgada capa del día pasar a lo largo de las líneas sin baranda bajo los pasos se desenreda la cuerda de lo escrito en las suelas arden los colores la inscripción en lo blanco del hueso recuerda el cuadro cosido bajo la piel en el lado interior de los brazos los pequeños rostros de niños en la oreja sus pasos sobre las escaleras de continentes ajenos entre los pechos el rejuvenecer de las voces el reptar atrás de los gritos hacia los cálidos pliegues del sueño
Regalo de tornaboda
Un cuadratín blanco a través del cual las nubes empujan un puñado de azul, a los pies de la cama de los sueños Tu marfil está echado entre las sábanas ligero, una concha traída y llevada entre día y noche La mar se arrolla en el azul ciruela donde de noche los nombres caen y ascienden balanceando en la red de tu mirada sutil Afuera la voz cantante del tiempo, sobre los tejados ríen para sus adentros las hojas de álamo Aguzando el oído duerme la palabra sobre la lengua, sin amargura todavía El corazón en blanco armiño peina de tu sueño los cuadros partidos junta momento a momento no obstante sueltos, con finas grietas entre ambos
Sin garantía
Sobre los techos entregan los pájaros con amplias sonrisas el día En los abrigados vientres de las casas dan vueltas los niños en sus sueños hacia el oriente Uno cierra a la noche la puerta de golpe De nuevo la oscuridad guardada en el armarios al tordo confiada De lejos el sol miente
Traducción: Walkala y Gaby Mayr
Dirección: Mühlbachsiedlung 568, 4512 Puch - AUSTRIA