XICóATL 54

XICóATL

XICóATL: Número 54

XICóATL No 54, Mayo/Junio 2001
XICóATL 54

CONTENIDO:

  • Editorial: Puentes Culturales. José E. Kameniecki y Luis Alfredo Duarte Herrera
  • Poemario: Poemas. Liliana Díaz Mindurry
  • Austria: Dos textos. Kurt F. Svatek
  • Narrativa: Tres cuentos. Jorge Kattán Zablah
  • Narrativa: Una cuestión de límites. Carlos Aránguiz Zúñiga
  • Ensayo: Nietzsche en la Viena de Freud. José E. Kameniecki

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Editorial 

Puentes Culturales - José E. Kameniecki y Luis Alfredo Duarte Herrera

Apreciados lectores de XICóATL,

Aquellos que pensamos que la unión entre los pueblos es posible, estamos convencidos de que una franca integración debe tener su centro en la cultura y asentarse sobre la aceptación plena de las diferencias. Para nosotros la idea de integración coincide con lo que Nietzsche llama en forma acertada una Gran Política. En épocas cuando el poder se instala como una ameba de gigantescos seudópodos que lo engloba todo, con la pretensión de transformar a los seres humanos en idénticos y, por lo tanto, reemplazables unos por otros, deseamos enmarcar a nuestro puente en esa Gran Política, como respuesta efectiva en favor de una cultura basada en la creación artística como sentido de la vida. Es decir, la posibilidad de proyectarnos hacia un futuro mejor, sustentada en el valor de lo diverso y hasta de lo único.
Para la Antigüedad, los puentes eran construcciones sacrílegas. Las tierras que los dioses habían concebido separadas (por un río, una montaña o un mar) los hombres no debían osar unir. Para mitigar a las divinidades, la construcción de un puente requería de ritos propiciatorios específicos. De allí que en Roma el sacerdote supremo llevara el título de Sumo Pontifix, Pontonero Mayor; resulta curioso que la palabra “religión” parece derivar del latín religio, un tipo de nudo utilizado para fabricar puentes.
La Revista Iberoamericana de Integración Cultural FRANCACHELA se hermana con YAGE, Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos por medio del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL, para fundar los cimientos de este Puente Cultural entre Austria e Iberoamérica, ligados y religados sus integrantes por nudos de amistad, de sueños compartidos y de pasión por el arte.
El número 21/22 de FRANCACHELA, correspondiente a los dos primeros trimestres del 2001, dedicará varias de sus páginas a los poetas austríacos en versiones bilingües como etapa inicial de un acuerdo permanente. Sin protocolo pero con la palabra empeñada, dejamos inaugurado el primer tramo de este puente.

Lic. José E. Kameniecki, Director de FRANCACHELA

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Apreciados socios, lectores y amigos,

Al escribir esta nota vuelvo a experimentar una alegría similar a la que sentí un par de años atrás cuando tuve el privilegio de destapar el sobre que contenía la edición No 14 de la entonces Revista Trinacional de Literatura y Arte FRANCACHELA, creo por mediación de Cristina Pizarro. Similar también a la felicidad que me produjo la aceptación del Puente Cultural entre Buenos Aires y Salzburgo por parte del equipo de trabajo que elabora el Portal Cultural EL MURO (www.elmurocultural.com).
A veces me pregunto como sería el desarrollo del planeta a estas alturas si en vez del acercamiento entre los pueblos por medio de la conquista armada, el saqueo, el sometimiento, las ambiciones de riqueza material y la subvaloración cultural del otro, éstos hubiesen entrado en contacto a través de la curiosidad, el respeto, la enseñanza, el aprendizaje y la ayuda mutua.
Pero dejemos las nostalgias de un lado; al final de cuentas cada historia es única y nosotros, el Portal Cultural EL MURO (www.elmurocultural.com), la Revista Iberoamericana de Integración Cultural FRANCACHELA, y YAGE, Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos por medio del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL, comenzamos a escribir la nuestra mediante estos nuevos Puentes Culturales que ahora establecemos, que inauguramos con literatura, y a través de los cuales pretendemos andar rumbos propios siguiendo nuestros criterios sobre integración e intercambio: curiosidad, respeto, enseñanza, aprendizaje y ayuda mutua.

Dr. Luis Alfredo DUARTE HERRERA, Director de XICóATL

Poemario 
Liliana

Poemas - Liliana Díaz Mindurry

Liliana DÍAZ MINDURRY nació en Buenos Aires en 1953. Ha publicado catorce libros de poesía, novela y cuento. Su obra literaria ha sido premiada y galardonada ampliamente en distintos países. Es integrante del equipo editorial argentino de la revista Francachela

Persistencia de la memoria

de Salvador Dalí

Habla de
no sabe de qué habla
tal vez de la tristeza
o de la memoria que cae en gotas desde el cielorraso
y entonces
como quien trata de hacer respirar al que se muere
como quien lava con agua las manchas de tinta, como quien camina /en las piedras de la luna
desde adentro de los ojos
la memoria
las hormigas de la memoria
sus relojes líquidos
sus pesadillas.
Y ya después de la memoria ella puede terminar de ponerse vejez en los cabellos, mirar como
crece la hierba en las manos de los niños
ver en el fondo de las fotografías
el ángel frío que la abuela cosía en las mañanas.
Habla de
no sabe de qué habla
de relojes goteando
hace apenas un ruido de cucaracha que se quiebra en el piso
oye la muerte en sí, la simple pureza de la muerte
apaga el cigarrillo en el fondo de la taza
y se va a dormir envuelta en esos trapos que se llaman sábanas
bebe la última luz de la memoria.
(No cabe en la cama
despacito se le rompen las piernas)
Por cosas así la gente muere,
por cosas así.
Vivir es sólo una forma de la impiedad.

La Gioconda

de Leonardo Da Vinci

Se ríe desde el fondo de los recuerdos,
se ríe desde el fondo de las esperanzas
de la sangre de esos gatos que nadie recoge, del último fulgor /que nadie ve en los ojos de los
peces,
se ríe de los muebles de las alcobas que tienen deseos /inconfesables, de las manos que jamás
responden al dueño,
se ríe de los tigres en la calma del mar,
del revés de las caras.
Se ríe de la alegría que lastima la garganta ya por ser pena que /endulza la lengua,
se ríe de las mañanas,
de las tardes,
del prometido amor y del temido infierno,
de los que descosen el futuro y tejen un pasado que no existió /nunca para colgar en los
balcones,
se ríe de la tibieza de las salas donde la palabra es terciopelo /y seda, transparencia y
perfume,
del cristal empañado en el ojo, del último calor del cuerpo
antes de la muerte.
Se ríe del corazón como una campana resonando, de la red que /tiembla,
del Dios escondido en las cajas de las iglesias,
se ríe de los bosques cerrados hasta el borde de otros bosques /cerrados,
hasta el borde de otros bosques cerrados.
Se ríe,
se sonríe,
sabe que no resucita ningún día perdido en la tristeza
y que la piedra sobre piedra sólo es tejido de piedras.
(Los sirvientes lavan los espejos para que su sonrisa no /contamine el porvenir).

Misterio y melancolía de una calle

de Giorgio de Chirico

No hay lugar que no amenace: eso lo
sabe no hay lugar donde no pase
ella la sin sombra.
(Ningún ojo duerme)
No hay una caja de silencio, una caja pequeña, apenas /entreabierta
no hay un viento rosado
a esa hora.
A esa hora, en esa calle, en el agua dolorida de ese mundo
no la ha visto. No la ha visto a ella, la del aro,
la sin sombra.
La belleza se le enciende de a ratos. Apaga el último amor /adentro de los huesos Ningún ojo duerme. A esa hora, en esa calle,
no la ha visto.
Ella no dice lo triste, lo más triste de todo.
No la ha visto.
En la ruina del sentido,
habla y deshabla. No la visto.Porque no la ha visto. Porque no es ella
la sin sombra.
Los perros del amanecer no se acercan, ni beben del agua cruda de /la zanja que ella pisa
la que sigue la geometría de las calles,
la que no se puede concebir ni soportar,
la que es un terciopelo adentro de las cosas
el plumaje del vacío.
Es que no la ha visto. O no es ella. O no hay calle ni mundo.
las palabras se caen hacia abajo
la maravilla abre surcos en la piel, tajos en el aire. Guarda el /deseo entre los labios.
Cero quiere decir nada.
Cero.
No la ha visto y no hay maravilla, y no es ella.
Las palabras han dejado de concordar.
un disparo en la cajita del silencio
las palabras se caen hacia abajo.
Dios
afuera
ladra.

Personajes en la noche

de Joan Miró

Lo que diga no es eso.
Había dos.
No es cierto. ¿Era uno y un espejo, no era ninguno?
Había dos frente a una taza que podía ser de té o café o era un /vaso o apenas un recipiente
para ser bebido,
para que él y ella fueran bebidos, quiero decir,
frente a un caos pequeñito, una abertura, un brillo que imantaba /los objetos,
una araña de patas azules que podía tener cejas, pestañas,
el lomo de terciopelo y movimientos de danza,
una laucha rosada con un ojo verde, un éxtasis, los agujeros del tiempo, un gato en el zaguán
expulsado a puntapiés, la dulzura de la muerte sobre la lengua y en los párpados cerrados,
el jarabe gris que contaminaba los recuerdos.
La noche estaba cerca, quiero decir, la noche donde él y ella
/fueran bebidos en una taza de té o café o en un vaso,
la noche estaba cerca, quiero decir.
Uno vio y dijo.
Otro llegó a ver y a decir que había algo o que la noche estaba cerca o que el pensamiento se
estiraba, roto, espasmódico,
ante el revés de las cosas, la seda de la locura,
la otra orilla quiero decir,
lo que diga no es eso. Ya se sabe. Y nunca será eso. Ni antes ni /después. Había dos, no es
cierto,
la noche estaba cerca, no es cierto,
nada de lo que diga es cierto, pero la noche estaba cerca.
Había dos y esa noche atrás donde las cosas caminaban al revés.
El hombre ya está muerto.
La mujer acaricia el lomo de las arañas y besa el ojo verdoso de los ratones y abraza los gatos
de zaguán,
duerme en los agujeros del tiempo y se despierta en éxtasis
usa un vestido roto con bolsillos donde el caos y el brillo /descansan juntos,
guarda el jarabe de los días entre perfumes y frascos de veneno, y en los cajones, la muerte,
La mujer se pinta la cara con los restos de esa noche y algunos /la señalan,
lo que diga no es eso.
(Podía ser un derrumbe de orillas muy lejanas,
un derrumbe de tiempos caídos boqueando la tristeza.
Podía ser una de las formas del odio, la más antigua).
Ahora ya es
miedo.

Dirección: Rosario 841 1° 6, (1424) Buenos Aires - ARGENTINA
E-mail: idimi@infovia.com.ar

Austria 
Kurt

Dos textos - Kurt F. Svatek

El Dr. Kurt F. Svatek nació en Viena el 26 de enero de 1949. Es profesor de Ciencias Políticas y alemán en la Escuela Vocacional de Neunkirchen. Desde 1973 ha publicado una novela, 14 colecciones de poemas y cuentos y más de 100 poemas suyos han aparecido en revistas internacionales. Es miembro del PEN Club, la IWA, La Sociedad Internacional de Poetas, la Biblioteca Nacional de Austria y otras importantes asociaciones. Los poemas que se presentan a continuación han sido traducidos por nuestro compañero de YAGE y XICóATL, Renato Vecellio.

Una pieza teatral

Es historia y ficción, racionalidad e irracionalidad, lógica e ilógica, realidad y locura. Hace estallar las fronteras de la individualidad y la tolerancia, de falsas creencias y falsas dudas así como la validez de la ley.

Transmite la vulnerabilidad del hombre y su cultura, la incapacidad de entenderse, pero también instantes de gran fortaleza y momentos de silencio sagrado.

Muestra fanatismos turbulentos y odio destructor, el abuso del poder; muestra traición y fidelidad, el impulso hacia la libertad y la a menudo enorme nostalgia de ella.

Da testimonio del amor apasionado y abnegado, de voluptuosidad y renuncia. Reune en un todo armonioso las diferentes artes, las escénicas y las plásticas, literatura, música y danza.

En el lenguaje coloquial los hombres califican también como teatro vocinglería, gritería, ruido y afectación. En algunas ocasiones incluso ministros han caracterizado al parlamento como teatro, pero a la sazón fue la política justamente una tragedia. Sólo que esta vez nadie pudo irse a casa después dos horas despues de la tragedia sin más ni más.

Ahora bien, ¿es todo ello aún un espectáculo o no será ya nuestro mundo cotidiano?

 

A pesar de todo

La melodía de la lengua austriaca
es también la tuya,
como la poesía y la música
y como el grotesco estilo de vida con todas las tragicomedias,

lo mismo que la melancolía y el humor negro.
La completa identidad fue conservada a lo largo de los siglos
desde tiempos remotos
escrupulosamente.

No obstante toda esa cercanía
y afinidad espiritual
querrías estar lejos de todo esto.
O quizás precisamente por eso.

Traducción: Walkala y Theki Schirz

Dirección: Villa Camena, Schwarzauerstr. 24a, 2624 Breitenau - ÖSTERREICH

Narrativa 
Jorge

Tres cuentos - Jorge Kattán Zablah

Jorge Kattán Zablah. Narrador y ensayista salvadoreño (1939). Abogado (Chile) y Doctorado en Letras por la Universidad de California (E.U.). Director del equipo editorial de Francachela que representa a Estados Unidos, Canadá y Centroamérica. Director del Departamento de Español en la institución académica Defense Language Institute, en Monterrey, California. Ha publicado un libro de ensayo y cuatro colecciones de cuentos, además sus textos han aparecido en antologías, revistas y otras publicaciones de Iberoamérica. Sobre su obra narrativa se han publicado numerosos ensayos y dictado conferencias en universidades de E. U. y Centroamérica

La infalibilidad de la Sibila

Muy asombrada quedó la sibila de Cojontepeque, Ña Tomasa Barillas, al ver en el umbral de su humilde morada al encopetado visitante. Ahora bien, si tomamos en cuenta que ella, por su calidad de adivina, se supone que lo sepa todo y que, por lo tanto, debería ser invulnerable a cualquier sobresalto, una sorpresa como la de marras implica una desconcertante contradicción. Pero hay que dar fe de las cosas tal como sucedieron y así se han consignado en este documento. Ña Tomasa hizo un vano intento por ocultar su turbación y, tras ofrecerle asiento con un cortás gesto de su huesuda mano, le lanzó al Señor Presidente de la República una oblícua mirada la cual revelaba la profunda desconfianza que le inspiraba el inoportuno huésped. -Tu fama, vieja arpía, ha rebasado ya las estrechas fronteras del país y en todos los confines del planeta se alaba la exactitud de tus predicciones. Hay quienes comparan tu casa nada menos que con el Oráculo de Delfos. Luego de una breve pausa, prosiguió con su intimidante voz: -He venido a pedirte consejo porque invadir a una nación vecina. A ver, vieja pícara, ¿qué dice tu bola de cristal? Tras escudriñar su misterioso globo durante algunos minutos, que al impaciente visitante se le hicieron interminables, Ña Tomasa, dictaminó con acusado laconismo: - ¡Si lo hace, su Excelencia, destruirá un gran país! Y, tras decir esto, cerró los ojos y cayó presa de un incontenible sueño. A lo cual su huésped replicó: - ¡Eso mismo es lo que yo quería escuchar! Y el Señor Presidente atacó con todo su poderío militar a la nación limítrofe que tenía en mente y, tal como predijo la sibila, terminó destruyendo un gran país: el suyo propio.

Un suicidio más

Eusebio Padilla había tomado esa infeliz decisión la noche anterior. Ya no podía echar marcha atrás. Lo sabía muy bien. Los lubricados engranajes y rodillos de su febril imaginación que apuntalaban su autodestructiva determinación daban vueltas sin cesar. Hoy se encontraba allí, en protagonizando aquel ritual, despojado de su ropa, contemplándose de cuerpo entero ante el espejo de su dormitorio, mientras sostenía el cromado revólver en la mano derecha. El sudor que le surcaba las mejillas traicionaba su aparente serenidad. De pronto, levantó el arma. Apuntar hacia el centro de su frente y tirar del gatillo fue un solo acto. Las astillas de su resquebrajada cabeza volaron como dardos por todo el cuarto. Pero no se derramó ni siquiera una gota de sangre. Y la verdad sea dicha, no existía ninguna razón para que tal cosa ocurriera, pues Eusebio, cobarde de nacimiento, creía a pie juntillas y por conveniencia propia que la única realidad era la que reflejaban los espejos. Así consumó su quinto suicidio en sentido figurado.

Extraña súplica

Desde el día en que el célebre filosófo ateo Juan Alvarez Burgos desapareció misteriosamente, sin dejar rastro alguno, habían transcurrido sesenta días cabales. Su desconsolada esposa, a fin de aumentar las posibilidades de que se produjera el milagro de verlo retornar sano y salvo, les suplicó entonces a los habitantes del mundo entero, muy encarecidamente y por todos los medios de difusión a su alcance, que por favor y por lo más sagrado, se abstuvieran de rezar por él.

Dirección: 3150 Sycamore Place, Carmel, Ca. 93923 - USA
E-mail: lasiguanaba1@altavista.com

Narrativa
Carlos

Una cuestión de límites - Carlos Aránguiz Zúñiga

Carlos Aránguiz Zúñiga (Antofagasta 1953) es abogado y profesor universitario. Por su obra poética y literaria ha obtenido premios nacionales e internacionales. Más de un centenar de trabajos suyos han sido publicados en revistas especializadas de América y Europa. También ha publicado numerosos libros. Es fundador de la Revista FRANCACHELA y en la Patagonia septentrional, desde 1989, ha forjado un movimiento cultural que ha logrado inscribir a esa desolada región en el mapa cultural latinoamericano

Una cuestión de límites

Lindor Vargas había dormido casi toda la noche en Argentina, pero el canto renovado de su gallo capón lo transportó a territorio chileno, después de una pesada vuelta de su ancho cuerpo en el muladar sombrío que le servía de lecho. Las frazadas de lana cruda se enrollaron en sus piernas, mientras la única sábana de yute que cubría el colchón de vellones grises, permanecía en su mayor parte en territorio argentino. A las seis en punto se levantó por el lado chileno y fue hasta territorio argentino a poner la tetera en el fogón aún tibio por la buena leña de ñirre. No había sido por capricho suyo que su casa estaba levantada medio a medio de la frontera entre ambos países. En realidad él había llegado muchos años antes que esos futres de la comisión mixta de límites, y ninguna participación le cupo en el levantamiento que hicieron de la línea divisoria coronada justo a la entrada de su choza con un mojón de cemento y bronce. Y fue en un acto de premeditada rebeldía, colmada su paciencia cuando ni siquiera le pidieron permiso para meterse en su vivienda, revolver sus posesiones y sacar agua del pozo para la mezcla con que construyeron el artilugio simbólico, que Lindor Vargas decidió poner su cama justo al medio de la habitación, por donde se suponía que pasaba la línea fronteriza invisible hasta para su conciencia, lo que repitió con todos los muebles de alguna importancia, de manera que ahora podía decir con absoluta propiedad que comía, cagaba y dormía sobre la raya limítrofe que vinieron a imponerle esos caballeros de cuello y corbata que le hablaban con sílabas se-pa-ra-das, como si él no pudiera entender el idioma, tal vez pensando que a la pampa no podrían haber subido más que ignorantes. Gendarmes y Carabineros habían corrido apuestas infructuosas durante años respecto de quién lo convencería a reconocer a cuál lado había nacido para asimilarlo al rol nacional res-pectivo; y desde hacía tiempo se había optado por incorporarlo como natural de ambos países. Hombre solo y de hablar cantarino, bien podía haber nacido en alguna isla despoblada de Chiloé o en el frío lacerante de Río Gallegos. Su cuerpo ancho y bajo, flanqueado por unos brazos flacos, le daba aspecto de un cacharro de cerámica portoibañina y delataba un pasado indígena reciente que gustaba de ostentar a través de un lenguaje autóctono plagado de voces cortas y gemidos, que no podía ser de la pampa, pero tampoco fueguino como lo creyeron los de la comisión de límites que con el ánimo de prisa y el genio ligero, optaron por comunicarse con el a través de sílabas marcadas y gestos. La tetera estaba hirviendo sobre la cocina a leña, cuando se oyeron unas voces lejanas. -¡Eh! ¡El de la casa!- Lindor siguió en sus quehaceres como si no hubiera escuchado nada. Fue hasta el armario hechizo ubicado en territorio argentino y desde un tarro saco un puñado de yerba que apisonó en su mate con la bombilla. Tomó la tetera con una manga que alargó sobre su mano para no quemarse y fue hasta la mesita ubicada justo al medio de la frontera; y se sentó tras ella por el lado chileno. Las pisadas de los caballos de detuvieron justo frente a la reja de la entrada. Eran tres los jinetes que cuchichearon unas palabras antes de decidir a bajarse. Uno de ellos golpeó con el rebenque el portón de acceso, pero los otros dos se introdujeron en la vivienda sin aguardar respuesta. Lindor desmigajó un pan de grasa y empezó a devorarlo con hambre fingida. -¡Buen día! ¿Se puede?- exclamó uno de los hombres a modo de saludo, ingresando sin esperar invitación a través de la puerta entreabierta. Lindor divisó en la semi penumbra el vaho luminoso de sus visitantes, sin moverse de su sitio. "Somos del SAG", advirtió el segundo de los hombres que había entrado, enfundado en un poncho de castilla y el sombrero de fieltro puesto. -¡Del servicio ganadero del Estado!- le aclaró el último, mientras cerraba la puerta tras suyo. Lindor los miró sin interés a través del vapor de la tetera y emitió un gruñido que los visitantes tomaron como una invitación a sentarse a la mesa. Uno lo hizo junto al dueño de casa, en territorio chileno y los otros dos en frente suyo, en territorio argentino. -¿Puedo?- preguntó el primero que había entrado, mientras tomaba un tazón y arreglaba en él una carga de mate. Los otros dos se miraron entre sí, sin atinar cómo empezar lo que habían venido a realizar. -Tenemos orden de sacrificar sus vacas - comenzó a decir uno, que tenía la voz como gastada y que parecía brotarle del pecho sin alcanzar a la garganta. -Es por la fiebre aftosa, usted sabe- agregó el del sombrero de fieltro. -Hay epidemia en Argentina y es necesario eliminar todo riesgo- Lindor los miraba alternadamente, como hubiese examinado un ganado flaco que le vinieran a vender. -¿Sabe usted cuánto cuesta criar una vaca por estos lados?- inquirió de repente, acariciando su mate de calabaza ya vacío. -Claro que sabemos... pero es por el bien del -¿Y de qué país?- interrogó ya furibundo el visitado. Los funcionarios se miraron un instante y se callaron. Se daban cuenta que el campesino se había enojado y no querían empeorar la situación. Uno de los que estaba al frente, de bi-gote fino y arreglado, se paró, se acomodó la parka y se dirigió hasta la puerta. Lindor se irguió a su vez con la rapidez de un gamo y antes que el hombre pudiera salir de la choza, había sacado su escopeta de un cañón y lo apuntaba. Profirió unos gritos guturales que los visitantes no entendieron, aunque sí los gestos que los acompañaban. Se pararon lentamente, mostrando sus manos para mostrar que estaban desarmados y salieron de la vivienda anunciando cada paso. Cuando estaban cerca de sus cabalgaduras, escucharon tres estampidos secos y largos; y las vieron desplomarse una tras otra, cada una con un balazo certero entre los ojos. La precisión del campesino los dejó boquiabiertos y paralizados. -¡La próxima vez que venga un huevón a meterse con mis animales, voy a empezar por ellos!- rugió Lindor y se devolvió hacia la choza. Uno de los funcionarios se atrevió a imprecarle: -¡Esto le va a costar caro! ¡Los caballos eran propiedad fiscal!- Lindor se dio vuelta hacia ellos y entonces retrocedieron hasta poner sus espaldas contra la cerca. -El delito se cometió en Argentina. Van a tener que hacer muchos trámites -señaló y dicho lo cual se volvió sobre sus talones; y su figura ancha y oscura se perdió en la penumbra de la puerta. Los oyó alejarse a pie, caminando a duras penas por el camino escarchado, mientras unos aguiluchos empezaron a revolotear sobre los animales muertos. El día se abría como un abanico de luces y olores desplegado por las manos azules de Dios. En cambio, el día siguiente amaneció completamente sombrío y cargado de presagios, como si el mismo abanico hubiese sido cerrado de golpe por el viento que soplaba los suaves lomajes de la pampa. Había un ruido impreciso de animales agitados, de aire bullendo entre coirones, de gritos de pájaros peleándose. Lindor no escucho la comitiva formada por los mis-mos tres hombres más cuatro carabineros que al mediodía se arrimó hasta el rancho. Estaba ocupado en los corrales pelándole el ojo a las ovejas henchidas de lana. El Sargento Lira, de la Tenencia de Coyhaique Alto, lo encontró en el patio. Ambos se conocían a fondo por las tantas veces que compartieron un mate, jugaron truco o picaron un asado, así como también tantos recuerdos aleves a la hora de las nevadas o las distancias. Como el Subalférez Fuentealba, del puesto de Gendarmería distante tres kilómetros, el carabinero se sentía solidario del esforzado colono, aunque nunca había advertido en él algún gesto explícito de amistad. Los tres solían juntarse en el rancho limítrofe a mascullar su penas de hombres y a compartir sus risas de potros ariscos. -¡Ahora si que la embarró, pues Lindor!- aseveró el policía tocándose la gorra como saludo. El campesino comprobó el filo de su navaja un momento y siguió en la faena. Sin embargo, después de un rato y al ver que las botas de cuero negro se habían acercado a un metro, se sintió obligado a responder: -Usted sabe lo que cuesta criar una vaca por estos lados- El carabinero se levantó un poco la visera de la gorra. Su voz era suave y conciliadora. -Sí, pero no tenía derecho a matarles los caballos a los funcionarios del SAG...- Lindor se incorporó en todo su escaso talle. Se estiró para relajar la columna y se sintió un chasquido de sus vértebras. Se dio vuelta hacia el policía y entonces advirtió que el resto de la comitiva in-gresaba en ese momento al corral. -Fue en territorio argentino- explicó sin inmutarse. El sargento Lira contempló largamente al campesino cuyo rostro era la estatua de esa comarca y creyó ver lágrimas cuajándose en sus ojos apergaminados. Una honda preocupación vino a ponérsele como poncho de plomo encima, puesto que nunca en su vida había visto a un hombre tan triste. Pasaron por su mente aquellos días de la comisión de límites que le tocó escoltar cientos de kilómetros y cuyo único obstáculo había sido la casa del campesino, que en el antojo de unos y otros estaba ubicado justo al medio del límite fronterizo. Recordó entonces los ruegos de ese hombre pequeño y ancho para que se llevaran sus disputas unos metros más arriba o más debajo de sus esperanzas de tantos años. Y ni aún entonces vio jamás esas lagunas en sus ojos cárdenos. Los visitantes se miraban con los rostros desencajados. Ellos habían esperado un de-senlace más fulminante y efectivo que ese largo silencio que les empezaba a incomodar como montura suelta. El del bigote fino quiso hablar, pero el sargento Lira se lo impidió: -Los señores del SAG... ¿vieron sus caballos?- -¡Sí! -exclamaron a coro los tres. -¡Y están sus restos en el mismo lugar que ayer quedaron?- -¡Sí! -respondieron de nuevo. El policía se dirigió hacia la salida blandiendo su rebenque. -Entonces no hay nada que hacer. El hecho sucedió en territorio argentino...- y se dirigió a su tordillo malacara que se revolvía en la atadura al ver a la docena de aguiluchos devorando a los caballos despanzurrados desde el día anterior.˜

Del libro Cuentos Bioceánicos Ediciones Universidad de Los Lagos, Chile, 1997

Dirección: Casilla 34-D, Coyhaique - CHILE
E-mail: aranguizgonzalez@entelchile.net

Ensayo 
José E. Kameniecki

Nietzsche en la Viena de Freud - José E. Kameniecki

José Ezequiel KAMENIECKI nació en Buenos Aires. Es psicólogo especialista en Psicología Clínica. Sus ensayos y cuentos han aparecido en diversas publicaciones argentinas y del exterior. Ha obtenido diversos premios y menciones en concursos literarios. Es actualmente editor y director de la Revista Internacional de Arte y Literatura FRANCACHELA. Ha dictado numerosas conferencias sobre literatura, filosofía y psicoanálisis en el país y el exterior.

Nietzsche en la Viena de Freud

A casi un siglo de los acontecimientos que se narrarán a continuación, dos posiciones encontradas que caracterizaron la fundación del Psicoanálisis siguen en vigencia. Una, que bien cabría llamar cientificista o sustancialista, postula un mundo escindido en apariencia y esencia, con una incógnita -la "x" kantiana, o verdad última y universal de fondo- que sería descubierta en la medida que progresen la ciencia y la técnica; en fin, un Psicoanálisis impregnado de historicismo y, por qué no decirlo, de moralina. Otra, un saber circunscrito a lo epocal, nihilista y negadora de lo divino, que descree de un más allá, de una realidad en sí tras la máscara, deconstructora de la visión lineal de la temporalidad, negadora del "progreso", del "humanismo": el mundo como interpretación ético-estética; en síntesis, una concepción a la cual no puede dejar de reconocérsele la influencia de Nietzsche. En dos oportunidades el tema "Nietzsche" fue abordado en la Sociedad Psicoanalítica de Viena, grupo de discípulos que rodearon a Freud para formarse en el nuevo saber a partir del otoño de 1902. Las reuniones que se realizaban una vez a la semana (los días miércoles a las 20:30 horas) fueron registradas por Otto Rank, quien oficiaba como secretario de actas. Aquí nos referimos a lo acontecido la noche del 1º de abril de 1908, pocas semanas antes del Congreso Psicoanalítico de Salzburgo.

UNA NOCHE DE PRIMAVERA

Pocos minutos antes de que dieran las ocho en el reloj de péndulo, dio por finalizada la sesión, no sin antes constatar la hora con el del bolsillo de su chaleco. Acompañó al paciente hasta la puerta de calle y, mientras se despedía con un apretón de manos del Dr. Lorenz -aquel joven abogado que padecía de graves síntomas de neurosis obsesiva y pasaría a la historia como el caso del "hombre de las ratas"-, Freud aspiró profundamente el perfumado aire nocturno. Luego de casi diez horas de encierro necesitaba distenderse. Fijó los ojos en el cielo estrellado, mientras abría y cerraba la boca dejando que la brisa le diera de lleno en la cara; intentaba aliviar las precoces molestias de una enfermedad que se manifestaría una década después. Buscó una posición cómoda, las piernas separadas y las manos, que los costados del saco no alcanzaban a cubrir del todo, apoyadas sobre la cintura. Estaba repasando mentalmente algunas asociaciones del paciente respecto a una deuda impagable, cuando la necesidad de fumar lo devolvió a la realidad. Encendió uno de sus costosos puros cubanos "Romeo y Julieta" y caminó dando nerviosas pitadas sin alejarse demasiado de la puerta. Ya se disponía a entrar cuando advirtió la figura de un hombre que lo saludaba desde lejos agitando el brazo. Era Otto Rank, quien había llegado media hora antes para ayudarle a acomodar las sillas alrededor de la imponente mesa de reciente adquisición que Herr Professor había instalado expresamente para las reuniones de la Sociedad. Entonces le hizo señas para que se acercara y decidió postergar para otro momento el registro de su última sesión.

PRIMERA VELADA

Freud, que el mes próximo cumpliría cincuenta y dos años, estaba en la plenitud de su carrera. Prestigiosos médicos, tanto de Austria como del extranjero, se acercaban a él para formarse en el nuevo arte-saber. También se había granjeado grandes enemigos, conservadores y moralis-tas que veían en el creador del psicoanálisis la personificación de todos los males. Pero en Viena, en el edificio de Berggasse 19, antiguo escenario de acaloradas discusiones en torno a Nietzsche , esa noche iba a invocarse una vez más al "demonio" del filósofo. Eduard Hitschmann, que había preparado una lectura comentada de La genealogía de la moral, fue el segundo en llegar. Traía bajo el brazo un ejemplar engrosado por un conjunto de señaladores colocados en las páginas con las citas que iba a leer, y un manuscrito. A la hora fijada el maestro y sus doce discípulos estaban sentados alrededor de la mesa. Hitschmann leyó una serie de fragmentos de ¿Qué significan los ideales ascéticos?, tratado tercero del mencionado texto. Mediante el recurso conocido como "psicoanálisis aplicado" -método de por sí cuestionable desde todo punto de vista- acomodó los datos biográficos de Nietzsche con los párrafos seleccionados, de tal forma que los mismos abrocharan forzadamente con los conceptos de Freud. Luego de descalificar a Nietzsche como filósofo para reducirlo a la categoría de moralista, señaló la contradicción entre la crítica del ideal ascético que realizó el autor y el ascetismo sexual que mantuvo en vida (cabe señalar que con respecto a la sexualidad de Nietzsche se han urdido los más disparatados chismes, cuando en verdad es muy poco lo que se conoce sobre este aspecto de su intimidad). Las conclusiones con que Hitschmann cerró su ponencia respecto de la constitución psicosexual del filósofo no fueron bien recibidas por aquellos que reconocían en aquél ideas afines con las teorías del Maestro. Le siguió Isidor Sadger, quien en la misma línea que Hitschmann aunque de manera arrogante, opinó que los síntomas que padeció el pensador -dispepsia, migrañas, depresiones- se corresponden con la histeria. Habló de "estados epileptoides sin pérdida de conciencia", todo lo cual le hacía ver a Nietzsche "como el ejemplo tipo de un sujeto tarado". Esta última frase desencadenó la inmediata protesta de Adler, Graf y Federn, entre otros, quienes se levantaron ofendidos de sus asientos dispuestos a retirarse. Freud intervino entonces y logró serenar los ánimos para que se quedasen a expresar sus opiniones libremente.

APOLOGÍA DE NIETZSCHE

La exposición de la defensa comenzó con un re-conocimiento de Max Graf al filósofo por haber anticipado intuitivamente muchos de los conceptos freudianos. Comparó a Nietzsche con un paciente que, tras muchos años de psicoterapia, puede analizar con valentía los aspectos profundos de su alma. Le siguió Alfred Adler, quien señaló la afinidad entre la filosofía del autor de La Genealogía con el Psicoanálisis. Y Paul Federn fue más lejos aún: "Nietzsche está tan cerca de nuestras ideas que no nos queda más que preguntarnos qué es lo que se le escapó". Cuando le tocó el turno a Freud para cerrar la reunión lo hizo de la siguiente manera: felicitó a Hitschmann por haber destacado la influencia de las tempranas experiencias infantiles en las grandes realizaciones y de poner en relieve el peso de la constitución psicosexual, esta vez en los filósofos, cuyos sistemas, aparentemente tan objetivos, estarían determinados en última instancia, por factores subjetivos. Esto le dio pie para reafirmar su posición respecto de la filosofía (que él llamaba "pensamiento especulativo") cuya naturaleza abstracta -anota Rank- le es tan antipática que ha renunciado a estudiarla. Para concluir, declaró desconocer la obra de Nietzsche y que sus intentos por leerlo "fueron sofocados por un exceso de interés". Pocos días después, los psicoanalistas vieneses recibirían la visita de sus colegas extranjeros en el hotel Bristol de Salzburgo.

EPÍLOGO

Nietzsche y Freud se nos presentan como alternativas frente a un mundo dominado por la repetición, ilusoria reiteración de lo mismo que nada tiene que ver con la vida. Filosofía y Psicoanálisis: un pensamiento fundado en la diferencia, hambriento por volver a levantar la sos-pecha como bandera y hacer estallar la especularidad que nos restringe, para así recuperar el espíritu contestatario y la dosis de marginalidad necesaria para el arte y la creación.˜ *Este artículo forma parte de una serie dedicada a la relación entre la filosofía y el psicoanálisis, algunos de los cuales fueron publicados en el Suplemento Profesional del diario La Prensa, de Buenos Aires. Aparecerán como capítulos del libro aún inédito Nietzsche y Freud: Máscara y Fantasía.

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