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>> Lectura (XICóATL No 63):
AÍDA FUSILEMOS LA NOCHE (1)
Aída fusilemos la noche
y la terrible
miseria colectiva.
Aquí tenemos estas cuatro manos
y tenemos mi voz.
Nos respaldan tus ojos
y tu suave
manera de ir queriéndome.
Nos respalda esa sangre proyectada
hasta el cuerpo del hijo.
Nos respalda esta atmósfera
este pan cotidiano
y estas cuatro paredes que tutelan los besos.
Rompamos Aída esta tormenta amarga.
Hay que construir pañuelos con luceros
para secar las lágrimas del hombre.
Hay que llevar el niño
a su música antigua.
Hay que volver a fabricar muñecas
y hay que sembrar maíz en las ciudades.
Hay que dinamitar los rascacielos
y dar lugar para que ascienda el trigo.
Hay que hacer instrumentos de labranza
con los buses urbanos.
Aída, fusilemos la noche
y esa horrible bandera.
Aída, fusilemos la noche
y los negros cañones
y las bombas atómicas;
fusilemos el odio
y la terrible
miseria colectiva.
CRISTO (2)
Crucificadle crucificadle
Crucificadle
porque a su tiempo más debido
no ahorcó a los señores del hartazgo
porque no dio cuchillos al genuflexo apóstol
porque repartió el agua de la humildad y el amor
en vez del ácido final
de la sedición
CANTO A AMÉRICA CON LA VOZ MÚLTIPLE (3)
América, volvemos
con la palabra probada.
¿Cuál fue el día famélico
en que no vino tu recuerdo a coronarnos los pasos?
¿Cuál fue la noche amarga
que nos encerró en llanto la mirada
antes de vislumbrar tu despertar de aurora
definitiva y plena?
Ah, América,
¡cómo se nos ha crecido el corazón
para amarte!
Hemos sido simultáneamente,
el chocolatinero viejo
que soporta su uniforme chillante
para llevar rosas de harina
a botar la amargura de sus habitaciones lejanas,
el sacristán indócil
que toca apresuradamente las campanas
para llegar temprano al sindicato,
el minero tremendo
que ha urgado el vientre maternal
con las uñas quebradas
dejando el corazón en una superficie
junto a la sangre de una bandera;
hemos sido
el universitario pobre a quien le duele el alma
y la suela rota del zapato derecho,
el campesino joven
rudo hasta para regar con lágrimas
el pequeño planeta de maíz
con que comulga.
Ah, América,
¡cómo nos han abundado las raíces
al acostarnos en tus surcos violentos!
Hemos sido
todos los pañuelos diciendo adiós
en el puerto de Arica,
todos los negros del Canal Zone que se emborrachan
y odian a los marineros borrachos
desde el fondo más vivo
de sus camisas insoportables;
hemos sido
todos los pastores veriginosos
que coronan a diario
el Macchu-Picchu en sideral vigilia,
todos los cargadores de café de buenaventura,
todos los obreros portuarios del Río de la Plata,
todos los frenéticos bailarines de Baiao,
todos los amantes del trigo de totonicapán
que se nutren con hojas y esperanzas
y están ante el futuro
construyendo caminos.
Todo eso hemos sido, América,
simultáneamente,
para aprender a amarte
desde los más definitivos territorios.
ENVÍO:
Vengo desde tu frutal anatomía
y con mi voz convoco a las auroras actuales:
Abrid,
abridle paso al día meridiano,
en que venga la dicha
a quedársenos dormida entre los brazos
como una espada nueva.
POR QUÉ ESCRIBIMOS (4)
Uno hace versos
y ama la extraña risa de los niños,
el subsuelo del hombre
que en las ciudades ácidas disfraza su leyenda,
la instauración de la alegría
que profetiza el humo de las fábricas.
Uno tiene en las manos un pequeño país,
horribles fechas,
muertos como cuchillos exigentes,
obispos venenosos,
inmensos jóvenes de pie
sin más edad que la esperanza,
rebeldes panaderas con más poder que un lirio,
sastres como la vida,
páginas, novias,
esporádico pan, hijos enfermos,
abogados traidores
nietos de la sentencia y lo que fueron,
bodas desperdiciadas de impotente varón,
madre, pupilas, puentes,
rotas fotografías y programas.
Uno se va a morir,
mañana,
un año,
un mes sin pétalos dormidos;
disperso va a quedar bajo la tierra
y vendrán nuevos hombres
pidiendo panoramas.
Preguntarán qué fuimos,
quienes con llamas puras les antecedieron,
a quienes maldecir con el recuerdo.
Bien.
Eso hacemos:
custodiamos para ellos el tiempo que nos toca.
KAPUT (5)
El niño que mostraba el gusanito a los condenados
que inauguró el amor con un perro o una mata de plátano
el niño que prefería la pechuga a las piernas del pollo
el primer denunciador de la pornografía de Blanca Nieves
el niño que fue la perdición de cinco primas
una tía y dos enemigas de mamá
el niño que inventó los nuevos mapas
de la acupuntura gozosa
el cerebro gris tras el trono de Havellock Ellis
el-niño-no-apto-para-menores-de-18-años
el criado con la leche de las salacunas de Gomorra
el niño que le tocó la manzana a Eva
y fue expulsado antes que Adán del aburrido paraíso
el niño que creó la necesidad de las sillas las paredes
los muros las graderías de los stadiums
el niño-tirabuzón, el niño-abrelatas
el niño que no ha perdonado ni al canario
fue finalmente enviado a Dinamarca
porque imagínese usted
P.R. (6)
¿Para qué debe servir
la poesía revolucionaria?
¿Para hacer poetas
o para hacer la revolución?
Roque DALTON
El Salvador - LATINOAMÉRICA
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