|
>> Lectura (XICóATL No 68):
Poemas tomados del “Canto General”(1) :
NO HAY PERDÓN
Yo quiero tierra, fuego, pan, azúcar, harina,
mar, libros, patria para todos, por eso
ando errante; los jueces del traidor me persiguen
y sus turiferarios tratan, como los micos
amaestrados, de encharcar mi recuerdo.
Yo fui con él, con éste que preside, a la boca
de la mina, al desierto de la aurora olvidada,
yo fui con él y dije a mis pobres hermanos:
«No guardaréis los hilos de la ropa harapienta,
no tendréis este día sin pan, seréis tratados
como si fuerais hijos de la patria». «Ahora
vamos a repartir la belleza, y los ojos
de las mujeres no llorarán por sus hijos».
Y cuando en vez de amor repartido, en la noche
al hambre y al martirio sacaron a ese mismo,
a ese que lo escuchó, a ese que su fuerza
y su ternura de árbol poderoso entregara,
entonces yo no estuve con el pequeño sátrapa
aino con aquel hombre sin nombre, con mi pueblo.
Yo quiero mi país para los míos, quiero
la luz igual sobre la cabellera
de mi patria encendida,
quiero el amor del día y del arado,
quiero borrar la línea que con odio
hacen para apartar el pan del pueblo,
y al que desvió la línea de la patria
hasta entregarla como carcelero,
atada, a los que pagan por herirla,
yo no voy a cantarlo ni callarlo,
voy a dejar su número y su nombre
clavado en la pared de la deshonra.
LA MUERTE
He renacido muchas veces, desde el fondo
de estrellas derrotadas, reconstruyendo el hilo
de las eternidades que poblé con mis manos,
y ahora voy a morir, sin nada más, con tierra
sobre mi cuerpo, destinado a ser tierra.
No compré una parcela del cielo que vendían
los sacerdotes, ni acepté tinieblas
que el metafísico manofacturaba
para despreocupados poderosos.
Quiero estar en la muerte con los pobres
que no tuvieron tiempo de estudiarla,
mientras los apaleaban los que tienen
el cielo dividido y arreglado.
Tengo lista mi muerte, como un traje
que me espera, del color que amo,
de la extensión que busqué inútilmente,
de la profundidad que necesito.
Cuando el amor gastó su materia evidente
y la lucha desgrana sus martillos
en otras manos de agregada fuerza,
viene a borrar la muerte las señales
que fueron construyendo tus fronteras.
EL PUEBLO
Paseaba el pueblo sus banderas rojas
y entre ellos en la piedra que tocaron
estuve, en la jornada fragorosa
y en las altas canciones de la lucha.
Vi cómo paso a paso conquistaban.
Sólo su resistencia era camino,
y aislados eran como trozos rotos
de una estrella, sin boca y sin brillo.
Juntos en la unidad hecha silencio,
era el fuego, el canto indestructible,
el lento paso del hombre en la tierra
hecho profundidades y batallas.
Eran la dignidad que combatía
lo que fue pisoteado, y despertaba
como un sistema, el orden de las vidas
que tocaban la puerta y se sentaban
en la sala central con sus banderas.
SERÁN NOMBRADOS
Mientras escribo mi mano izquierda me reprocha.
Me dice: por qué los nombras, qué son, qué significan?
Por qué no los dejaste en su anónimo lodo
de invierno, en ese lodo que orinan los caballos?
Y mi mano derecha le responde: «Nací
Para golpear las puertas, para empuñar los golpes,
Para encender las últimas y arrinconadas sombras
En donde se alimenta la araña venenosa».
Serán nombrados. No me entregaste, Patria,
el dulce privilegio de nombrarte
sólo en tus alhelíes y tu espuma,
no me diste palabras, Patria, para llamarte
sólo con nombres de oro, de polen, de fragancia,
para esparcir sembrando las gotas de rocío
que caen de tu negra cabellera imperiosa:
me diste con la leche y la carne las sílabas
que nombrarán también los pálidos gusanos
que viajan en tu vientre,
los que acosan tu sangre, saqueándote la vida.
Pablo NERUDA
CHILE - AMÉRICA
(1)“Canto General”, NERUDA Pablo, Edición de Enrico Mario Santí, Editorial Cátedra, 7ª edición, Madrid, España.
|