Francisco AZUELA ESPINOZA

 

Kulturbrücke Österreich-Kuba Casa de la Literatura de Salzburgo

PUENTE CULTURAL AUSTRIA-LATINOAMÉRICA: LITERATURA

 

 

Francisco AZUELA ESPINOZA

 

Francisco Azuela Espinoza

Francisco Azuela Espinoza nació en León, Guanajuato, México, en 1948. Estudió en las Universidades de Guanajuato, Iberoamericana, UNAM y Panamericana de la Ciudad de México, y en las universidades Complutense de Madrid y Laval de Québec. Es miembro de la Sociedad General de Escritores de México, del Consejo Panamericano de la CISAC y de la International Writers Guild. Fue diplomático en las

Embajadas de México en Costa Rica y Honduras (1973-1983) y fue condecorado por el Gobierno hondureño con la Orden FRANCISCO MORAZAN. Es autor de El Maldicionero (1981), El Tren de Fuego (1993), La Parole Ardente, (1993), Son las Cien de la Tarde (1996), Ángel del Mar de mis Sueños (2000). Además ha publicado en diversas revistas de España y América. Es Director General

y fundador del Centro Cultural Internacional El Cóndor de los Andes - Aguila Azteca, A.C., con sede en Cochabamba, Bolivia. A partir de noviembre del 2001 vive en La Paz, Bolivia, en donde se desempeña como director del Centro Integrado de Documentación e Información (CIDI) del Instituto Internacional de Integración del Convenio Andrés Bello.

Dirección: Apartado Postal 2107, La Paz - BOLIVIA
E-mail
: f_azuela@yahoo.com.ar

>> Lectura (XICóATL No 69):

Poemas tomados del libro “LA PALABRA ARDIENTE” (1)

MAYAR I

Soy el otro espacio que no encuentro,
la caída de agua sin altura,
mito sin voz
de un camino sin tierra;
soy el que no sabe de silencios
en este recorrido de mi mismo,
el cansancio y la germinación
de lo que acaba para empezar de nuevo,
el que ahora viene para irse.
Hay un lugar que no alcanzo,
todo lo tengo afuera,
y sin dejar sombra,
la luz se va quitando antes de tiempo.

MAYAR II

Los pies se me acaban
y no llego a la puerta,
ya no sabré decir
si pasé cerca de la taberna
donde llené mi boca de cerveza;
hay muchos ojos encima de mí
y no puedo reconocer a nadie.
Vengo partiendo estrellas
para hacer un camino que se quema,
me dejaré morir entre grillos
entregándolo todo,
creyendo haber cumplido como un sol
que no puede darse sin espacios.

MAYAR III

Es horrible morir cuando se nace,
llorar todos los días,
perderse en la casa de uno mismo,
buscarse,
y al encuentro,
descubrir la sombra ahorcada
de alguien que pasó
cuando todos dormían.
Cansado de todo
vuelvo al otro extremo,
camino hacia atrás
sin desperdiciar un solo paso.

MAYAR IV

He pintado mi palabra de blanco
para bañar las casas de mi pueblo;
ha llegado mi turno
y no quiero preguntarme por qué
en este rojo que llevo en los bolsillos
sólo tengo respuestas.
Ya no soporto oir canciones de carnaval,
comenzaré a repartir
carcajadas de fuego
aunque me den la espalda las ventanas.
Ahora,
¿ Quién me puede decir
si este color no es blanco ?

MAYAR V

Hermano,
poeta de los primeros años
en los que una ilusión te atravesó
las ansias de morir
bajo los abetos y los juncos.
Un nogal recuperó tu aliento
y te fuiste a la otra dimensión del mundo
como un pequeño nardo
que perdió sus aromas,
como un fusil
sin descargar su fuego,
como una voz robándote la vida,
como un volcán silencioso
en el camino hacia tu patria.

MAYAR VI

El río cruza por tu ventana
con su ola de fuego
y tras el cristal,
te ruborizas,
enciendes las luces de la vida.
Yo cruzo la media tarde
como un eco de recuerdos,
como un triste dios dormido
que alimenta sus esperanzas.
Yo me abrazo a tus muslos de ópalo
para oír el eco de las estaciones,
pero este siglo pasa lentamente
como un sueño en tu boca.
Mañana, recostada en mis pies
te llevarás mi espiga dorada
y tu pelo de lluvia,
mañana, tus ojos fatimados de escarcha
ya no se hundirán en el agua.

AZTECAL VI

Sentirse perdido en una ciudad sin habitantes,
- pueblo abandonado por los dioses -,
sentirse un cuerpo
suspendido en una cuerda,
al otro lado de la ventana,
entre luces,
como vuelo de alondras detenidas en el aire.
Aquí no hay nadie,
soy la nota de un quejido,
siete silencios
en los oídos de un sordo.
Un día volveré a respirar
como un ser vivo,
me sentiré cierto,
y superaré esto que nunca avanza.

AZTECAL VII

Alguien me dijo ayer
que la rosa estaba triste,
que tenía una tristeza grande,
como de aquí a tu ausencia.
Yo sé que es cierto, que llora,
aunque esas cosas no se digan
y en este caso,
nadie tiene razón,
el corazón es una piedra roja.
¿ Por qué me duele tanto esa rosa ?
Un día mojaré mis manos de luz
y te amaré
en mi tránsito solidario hacia ti.

AZTECAL IX

Entramos en un cuarto sin luz
con los brazos alzados,
y el temor
de recibir un golpe en la cara,
- un golpe seco y sin sonido -,
fue terrible,
porque tú y yo,
teníamos miedo,
miedo de morirnos en las tinieblas,
no obstante las sombras,
sombras amigas, inconmensurables.

AZTECAL X

Ella me dio su sangre
y nos fuimos a visitar
al hombre de traje oscuro
que nos regaló sus sombras
para seguir el difícil camino.
Entramos por la gran puerta del cementerio
y buscamos entre las flores
el nombre de su madre.
Así,
pasaron cientos de años,
y ella, sentada en el pasto,
echó canciones a la fría lápida
pegada al fondo de la tierra.
Después, ella lloró,
y me dijo en una palabra
todo su silencio,
y me dijo
todo su amor en una palabra.

Francisco AZUELA ESPINOZA

(1) AZUELA ESPINOZA, Francisco: "La palabra ardiente", edición bilingüe (español-francés) de la Colección
Autores de América, Editorial Centro Cultural Internacional El Cóndor de los Andes – Aguila Azteca, A.C.
Cochabamba, Bolivia, 2002.