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>> Lectura (XICóATL No 61):
MUJER Y MISTERIO
La mujer en la sombra
con el rostro encendido
y las manos de espuma
borda un acertijo
un sutil encaje de alba y ocaso.
Al atardecer
cuando parte el ave
las hebras se tiñen, sinuosas, rosadas
la brisa recorre el bordado, despaciosamente
en la lenta entrega de la luz en noche.
Ella no descansa
respira el tejido suave de la seda
profunda la luna aparece
descubre una estrella sobre los insomnes
la vieja lechuza de muda presencia
el grillo y el buho, su coro secreto.
En el vasto desierto de azules
ella teje, serena, impasible
la respuesta a un misterio perpetuo
donde habita un niño que espera ...
SIN LUZ
No hay luz en mis ojos esta noche
sólo la noche tiene vida.
Extiendo las manos
el universo me abraza
pero la piel me duele.
La oscuridad de la luna
descubre la silueta de un tiempo de rocío
la soledad golpea en el viento.
El pacto de silencio murmura en el lucero
no hay luz, ni recuerdo la palabra.
Sólo hay temblor.
ENTREGA
Es un atardecer, desnudo los azules
en medio de una lenta primavera.
La luz se debate orgullosa en el hueco de hierba,
no abandona la lucha,
permanece prendida al pulso de la savia.
El rumor de una sombra, se acerca tímido a la rosa.
Caen los pétalos en franca despedida
de un temblor, de un pájaro con vibrantes ojos amarillos,
de cola primorosa y plumaje nostálgico.
La rosa devuelve su perfume
desvanece la espiga de una entrega atemporal y única.
El rocío ha llegado.
LLUVIA
Llovía en la tarde de rosas
sobre la negra tiza
en un papel.
Apoyé mi cabeza en tu memoria
acomodé los sueños
entre tu libro y mi deseo.
Escuchaba tu nombre
en la música oculta de las hojas.
Hilvanaba las frases
en la cabeza de tu sombra
y me quedé dormida
en la trama de tus versos.
Sólo queda la lluvia,
en las líneas de mi mano.
CREACIÓN
En el principio fue la armonía
de un tronco y el verdor
cobijando el sensible contrapunto
de tu amor y el mío.
Después, la antigua destreza de tu mano
detuvo la confusión permanente del paisaje.
Entonces la forma, la palabra, la luz
la gota de rocío, tomaron su lugar.
Y nos quedamos quietos
canto de la misma cigarra
alas del mismo ruiseñor.
En el ondulante final de la tarde
Partimos para siempre al horizonte.
DOLOR
En la sencillez
de estos versos de Octubre
se funden mi sombra y mi esqueleto.
No hay paz en la fragilidad de los cristales
sino algunas viejas marcas
dejadas por el tiempo
y otras nuevas
profundas y brillantes.
Pasa el viento
las nubes enloquecen detrás del horizonte.
No hay sol
ni luz que muestre los perfiles
de la belleza rota.
Fija en el norte
la estrella de la tarde
es inútil testigos de mis deseos nuevos,
y de todas las cosas que guardo en el arcón.
No hay profundas heridas
que no adormezca el tiempo
y un montón de hojas blancas.
VIDA
Florecen mis arboles tempranos en la melancolía.
Mi callecita es un cofre
con las joyas expuestas.
Es un copo de nieve
que no llama al invierno
el latido de los dioses primeros
en un molde de asfalto.
Sin prisa, con el talento por la cosa pequeña.
La vida me parece mas vida
en la flor de mis árboles,
con la promesa de una alfombra de azules
o algún rojo profano
en la levedad de un pétalo
que irrumpe en el gris de mi calle
con el temblor de la voz primera.
ELENA FASSIO
Buenos Aires – ARGENTINA
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